jueves, 25 de febrero de 2010

La última noche

Sonará esto, o esto, o quizás esto otro. Estaré pensando en esos colchones de hojas de otoño, o a lo mejor en el frío que dormía en tu pelo cada noche. Seguramente no vea más allá de lo que quieran tus ojos, y es bastante probable que me hunda con ellos en alguno de esos sueños que te solía contar. Querré hacer eternas las horas, y acecharé a tus promesas y a tus miedos desde tan cerca que los creeré propios. Puede que me conforme, puede que no. Pero sé que no lo voy a olvidar nunca.

Entonces entenderé todo, tal vez. Cuando vea otra vez la pila de libros desordenados adornando la estantería una víspera cualquiera, mis botas hundiéndose en el barro, el agua chorreando de las tejas. Quitaré el polvo a mis dudas mientras ignoro que hay lágrimas cuando miras por la ventanilla, pondré el candado a mis principios y me perderé por los suelos para ver si encuentro esas señales que tanto te han dado.

Con los brazos abiertos recibiré al alba, fogosa y cruel, que me llevará a vagar por bosques nevados y celdas asfixiantes otra vez. Pero en algún lugar tu recuerdo y el mío se van a fundir de tal manera que el tiempo no tendrá más remedio que dejar de rodar eternamente. Y las palabras sólo serán almas errantes sin sentido, congeladas y desesperadas por lo que un día fueron. En algún lugar tus sueños y los míos echarán a volar de la mano sin importarles que la última noche se está muriendo...

No me dejéis solo en silencio....