martes, 29 de septiembre de 2009

Con tu dulce armonía....

¿Quién dicta mi voluntad ahora?¿La fatídica ausencia parcial de sentimientos?¿O tú, que hace un rato que te has perdido entre la gente? No me preguntes por qué, pero no espero tu regreso. Te pongo en venta y sonrío. Parece mentira, ¿verdad?

El caso es que este lugar está sacándome de quicio. Con su ambigua oscuridad, capaz de zarandearme entre distintos mundos, a cuál más absurdo, y con su intratable desorden por todos los lados. Ni escucho música, ni escucho al imbécil que trata de convencerme para que no te abandone esta misma noche. Me limito a recorrer la estancia, a segar a fuego lento la soez sombra de tu endiosada, a intercambiar miradas con el ácido que navega en los ojos de la multitud. Me odio tanto que no soy capaz de abandonar....

Estoy apoyado en unos agrietados azulejos blancos. En el vacío que dejan mis ojos cerrados puedo escuchar aquellos sonidos, flautas y cuerdas que me devuelven la fuerza interior. Pero me encuentro tan apagado anímicamente que no entiendo su lenguaje. Tengo presente la cantidad de gente que me espera al otro lado de este océano tan pesado y gris, veo sus rostros, sus sonrisas forzadas y pintadas en máscaras de tragedia. Los aromas se mezclan de una manera sobrenatural, y empiezo a tener mucho frío... casi tanto como cuando regresaba a casa bajo la lluvia con tu desprecio y tu adiós por bandera...


Hoy el cielo está roto sin remedio, pero seguramente sea mejor así...

domingo, 20 de septiembre de 2009

Me sobran ganas...

Aún me cuesta saber si este punto es el inicio o el final del viaje. La bruma matinal se enzarza con los olores del frío otoño, y no es fácil ver qué hay al otro lado de las cristaleras disfrazadas por el rocío. Pero sé que no hay marcha atrás: hay errores incurables caminando lentamente hacia la luz de su perdición, un fluido de sinsabores que gotean, escandalosos, en el polvoriento y ruinoso rellano de mi dormitar. Es la hora de pedir cuentas al mismísimo diablo, de enmarcarte en el olvido, de recoger las migas que dejé sembradas en aquel camino serpenteante.

Ruido. Mucho ruido. Jamás creí que llegaría este momento, y aquí lo tengo. Siento escarcha en el pecho al contemplar el tren que se empeña en llevarte lejos para siempre. Todo es un hervidero de gente arriba y abajo. Hay abrazos, hay lágrimas, hay cartas de despedida arrastradas por el sucio viento. Una historia reducida a cenizas en su totalidad, raseando tan cerca de mi estabilidad que por momentos creo desvanecerme. Me queman las manos y parece que la cabeza va a estallar, sentado, alejado del vaivén del gentío. No quiero ver que ya no estás mirándome a través de ese ventanal. No quiero firmar tu adiós. No de esta manera....

Desde aquí todo parece diferente. El bar de barrio permanece semi vacío, envuelto en un aura de calma tensa que me tiene descolocado. Entre mis manos, todas esas promesas arrugadas y manchadas junto al paquete de tabaco. Promesas congeladas en la eternidad, suaves prodigios troceados por la voracidad de la fatalidad. Parece que puedo continuar con mi viaje. ¿La verdad? Siempre lo imaginé menos accesible. Y a ti también.

Hay que ver cómo son las noches de verano. Lo que pueden llegar a esconder entre tanta tonalidad de colores en sus cielos. Casi tanta tristeza como las letras que se amontonan en esta carta helada que me esfuerzo en acabar mientras las calles entonan sus valses de medianoche. Te he visto pasar no hace mucho, con tus maneras aisladas, seguramente buscando las mismas respuestas que yo espero encontrar en este papel. Quizás debería ir detrás de ti y pedirte que te quedes, que me ayudes a construir este muro rudo que acabará asfixiándome. Quizás... pero ahora tengo que irme. Ha sido un placer besarte con la mirada, sé que pronto volveremos a vernos....

Otro tren. Ahora soy yo el que se dirige hacia una nueva aventura. Tengo tanto miedo que apenas soy capaz de pensar, de ordenar medianamente todas las ideas que afloran en mí. Trato de no ser consciente del paso del tiempo, en un intento absurdo de entender qué hago esperando tu llamada en este triste vagón. Todo lo que me rodea sabe a nuevo, y eso me llena de fuerzas. Necesitaba perderme por estas llanuras, descubrir miradas que no me digan nada, amanecer sin tu latido y maltratar tu ausencia hasta la saciedad.
Y perdóname si tengo que esforzarme para recordarte....

Es temprano. Y es extraño que esté despierto y vestido a estas horas. Abrigado por este jersey verde y viendo al mundo despertarse. Los ancianos se amontonan en torno a las obras de la plaza, y las señoras ya se ven paseando sus carros de compra mientras ondean sus bastas bufandas al helor de diciembre. Los hombres bien uniformados atienden sus nerviosas llamadas apoyados en la parada del autobús, y alguna joven aún dormida y mal maquillada se protege de la lluvia bajo las repisas.


¿Cuánto queda por contar, realmente? Esta ventana sabe demasiado. Estoy harto de remover esta taza de café, estoy harto de estas décimas de fiebre que vuelven aún más azules mis ojos cansados. Pero estoy bien. Me encuentro limpio, puro, seguro....abrazado a mi nueva vida y esperando que esta me adormezca.

Y suena el teléfono....

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Confesiones

Joder, ya casi no recordaba todo esto. Es fabuloso, casi hipnótico, dejarse embriagar por la furia del agua al chocar contra el asfalto limpio. Cerrar los ojos y elevar la cabeza hacia la ventisca húmeda, permitiendo a las reminiscencias empaparse y florecer como nuevos amaneceres perdidos en alta mar. Estos escalofríos que me hacen sentir pequeño, inútil, triste, gris,...esta evasión bendita, estas ganas de cerrar los ojos y perder tu tren para siempre, este deseo inconmensurable de volverte a dormir entre mis brazos y de mezclar tu confusión con mi inapetencia...

No necesito gran cosa para percatarme de que todo ha vuelto a cambiar, una vez más. Las lluvias torrenciales que ya se descuelgan por la zona no son mas que un vivo reflejo de mi recuerdo, alterado y agresivo, recorriendo sin demora cada suburbio interior por donde todavía hoy sigue mendigando tu sombra...


Porque eras tú, ¿verdad? No te voy a negar que me ha sorprendido reconocerte bajo esa lluvia y tras esa capucha. No esperaba que irrumpieras en la magia que me estaba brindando la calle mojada, en el sensual desliz que estaba teniendo con la locura. Y ríes al cielo iluminado, pero por dentro te desalmas lentamente. No recuerdas mi gesto, pero escribo con pluma de perdedor en cada retal de tu melancolía. Te ríes de mí, pero yo también me río del tipo del que crees reírte.

Es posible que fuera cierto. Es posible que haya cometido el error más estúpido que nunca llegué a imaginar. Pero ahora sé que de las cenizas se puede renacer sin miedo a ser reducido de nuevo, sin miedo a tener que cavar tu propia fosa. Amando al pasado, ignorando el presente, temiendo al futuro como la tripulación teme a la tormenta que me aclara el camino en estos precisos momentos. Creyendo en unos principios que parecían haber sido engullidos por el caos, por la música que suena cuando me duermo tan lejos de aquellos días. Firmando cavilaciones que cobran forma de la misma manera en la que se desvanecen en el tiempo, dejando como única estela esta sensación de invencibilidad que amenaza con abatirme de nuevo...

Autovía hacia algún lugar. Qué desolado panorama, ¿no? Todo parece un baile de penumbra, un remoto pasadizo hacia dulces y esperanzadoras obsesiones. Relampaguea allá donde me alcanza la vista, y el cauce del río ya comienza a llenarse. A los lados, las urbes de luto, apagadas como cigarrillos consumados, tratando de hacerme sentir perdido y hundido sin ti. Pero ciertamente he ganado la partida, y así me lo confirma el sosiego helado de tu jodido llanto parpadeando en mi memoria. Hoy no voy a llenar de champagne tu brillante copa, ni tampoco voy a hacerla añicos contra tu soberbia. Me basto y me sobro para olvidarte.

En mi violento mundo de minas y desengaños aún cabe la ilusión. Aún cabe la idea del poder del destino, de la inmensa fuerza de la casualidad más abrumadora. Del rayo de luz angelical entre tantas tumbas de sal....pero con un agonizante reflejo, casi imaginario, tan débil e insignificante como mi vida sin ti...


Don't judge me so harsh little girl
you got a playboy mommy ...