domingo, 20 de septiembre de 2009

Me sobran ganas...

Aún me cuesta saber si este punto es el inicio o el final del viaje. La bruma matinal se enzarza con los olores del frío otoño, y no es fácil ver qué hay al otro lado de las cristaleras disfrazadas por el rocío. Pero sé que no hay marcha atrás: hay errores incurables caminando lentamente hacia la luz de su perdición, un fluido de sinsabores que gotean, escandalosos, en el polvoriento y ruinoso rellano de mi dormitar. Es la hora de pedir cuentas al mismísimo diablo, de enmarcarte en el olvido, de recoger las migas que dejé sembradas en aquel camino serpenteante.

Ruido. Mucho ruido. Jamás creí que llegaría este momento, y aquí lo tengo. Siento escarcha en el pecho al contemplar el tren que se empeña en llevarte lejos para siempre. Todo es un hervidero de gente arriba y abajo. Hay abrazos, hay lágrimas, hay cartas de despedida arrastradas por el sucio viento. Una historia reducida a cenizas en su totalidad, raseando tan cerca de mi estabilidad que por momentos creo desvanecerme. Me queman las manos y parece que la cabeza va a estallar, sentado, alejado del vaivén del gentío. No quiero ver que ya no estás mirándome a través de ese ventanal. No quiero firmar tu adiós. No de esta manera....

Desde aquí todo parece diferente. El bar de barrio permanece semi vacío, envuelto en un aura de calma tensa que me tiene descolocado. Entre mis manos, todas esas promesas arrugadas y manchadas junto al paquete de tabaco. Promesas congeladas en la eternidad, suaves prodigios troceados por la voracidad de la fatalidad. Parece que puedo continuar con mi viaje. ¿La verdad? Siempre lo imaginé menos accesible. Y a ti también.

Hay que ver cómo son las noches de verano. Lo que pueden llegar a esconder entre tanta tonalidad de colores en sus cielos. Casi tanta tristeza como las letras que se amontonan en esta carta helada que me esfuerzo en acabar mientras las calles entonan sus valses de medianoche. Te he visto pasar no hace mucho, con tus maneras aisladas, seguramente buscando las mismas respuestas que yo espero encontrar en este papel. Quizás debería ir detrás de ti y pedirte que te quedes, que me ayudes a construir este muro rudo que acabará asfixiándome. Quizás... pero ahora tengo que irme. Ha sido un placer besarte con la mirada, sé que pronto volveremos a vernos....

Otro tren. Ahora soy yo el que se dirige hacia una nueva aventura. Tengo tanto miedo que apenas soy capaz de pensar, de ordenar medianamente todas las ideas que afloran en mí. Trato de no ser consciente del paso del tiempo, en un intento absurdo de entender qué hago esperando tu llamada en este triste vagón. Todo lo que me rodea sabe a nuevo, y eso me llena de fuerzas. Necesitaba perderme por estas llanuras, descubrir miradas que no me digan nada, amanecer sin tu latido y maltratar tu ausencia hasta la saciedad.
Y perdóname si tengo que esforzarme para recordarte....

Es temprano. Y es extraño que esté despierto y vestido a estas horas. Abrigado por este jersey verde y viendo al mundo despertarse. Los ancianos se amontonan en torno a las obras de la plaza, y las señoras ya se ven paseando sus carros de compra mientras ondean sus bastas bufandas al helor de diciembre. Los hombres bien uniformados atienden sus nerviosas llamadas apoyados en la parada del autobús, y alguna joven aún dormida y mal maquillada se protege de la lluvia bajo las repisas.


¿Cuánto queda por contar, realmente? Esta ventana sabe demasiado. Estoy harto de remover esta taza de café, estoy harto de estas décimas de fiebre que vuelven aún más azules mis ojos cansados. Pero estoy bien. Me encuentro limpio, puro, seguro....abrazado a mi nueva vida y esperando que esta me adormezca.

Y suena el teléfono....