Pierde equilibrio mi serenidad en ventaja de su hechizo cada vez que naufrago sin querer en esta barriada. No me da tiempo a esclarecer qué es lo que siento, ni qué diablos se apodera de mi recuerdo cuando rebaso sin ningún límite este entramado de sentimientos turbios, casi de otra época, en los que se reencarna una y otra vez su belleza más letal.
El caso es que estoy de vuelta, o eso creo. Sé que no te preocupa demasiado, aunque debería. Mis madrugadas bohemias al fin me han dado un respiro, una pequeña tregua entre beso y beso para volver a merodear la ciudad sin escrúpulos, como en aquellos tiempos. ¿Los recuerdas? Pues claro que los recuerdas, cómo olvidarlos. Tienes mi mirada azul haciendo destrozos en tu conciencia violada, mi sonrisa inocente e infantil dibujándote el camino a seguir. Y a ella también.
Tu pasado y el mío van a luchar esta noche encarnizadamente en algún lugar del horizonte rojo, y toda tu voracidad se dará de bruces contra mis camisas arrugadas, contra la música de fondo que suena en este sucio apartamento, contra el siseante sonido de la punta del lápiz amando al papel. Esta noche tu historia y la mía crean un nuevo vértice, una parada inesperada. Esta noche sabremos quién de los dos sabe arropar mejor a sus secretos, a su vientre firme reposado, a sus despiadadas formas de torturar a la palabra amor.
Tú conoces este vals casi tan bien como yo. Sabes del dolor que producen las horas al caer una detrás de otra, y sientes a la indiferencia llamar a tu puerta cada tarde de este maldito y angustioso verano. Parece que ya no hay nada que pueda devolverte la ilusión y la frescura de antaño,¿verdad? Ni siquiera su dulce manera de retorcerse en la cama al despertar por la mañana te muestra un ápice de interés. Su primera sonrisa rociada por los más madrugadores rayos de sol te produce confusión. Chorro de agua fría, café negro, ropa tendida... La misma mierda de siempre. Nada es puro.¿Es tarde ,ya?
Te diré lo que voy a hacer: voy a sortear sus lápidas pasadas, sus oscuras catacumbas, sus sendas de ortigas y cardos. Voy a quedarme en su vida para siempre, porque no quiero estar en ningún otro sitio. No sé estar en otro sitio. Le ayudaré a enterrar a mi cordura y a mi sensatez, y la estaré observando desde la vieja farola de siempre cuando aparezca arrastrando mis palabras y las eche a la basura. Incluso sonreiré cuando pronuncie tu nombre en sueños, o el mío, o el de cualquier otro.
¿En serio te lo has creído?
Nadie va a conseguir abatirme mi bien más preciado, y menos aún a golpes fatales de destino. Verdaderamente me irrita el estar haciendo referencias a las mismas cuestiones una y otra vez, con un bolígrafo que apenas consigue mantenerse, una música que me es indiferente y un sueño aplastante. No, no está ella lanzándome un beso al aire desde la orilla del lago. Tampoco ella, sentada relajadamente en el bordillo de la calle, aguantándome la mirada casi sin querer. Y no entiendo por qué....
Los dos somos tristes presos políticos de la sociedad. Al fin el fuego se apagará entre nosotros esta noche y tus sueños más recónditos se empaparan de los míos cuando, como dos amantes, nos encontremos en secreto....
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