lunes, 25 de mayo de 2009

Ahora o nunca

Medio dormitaba. Quise coger sus manos y calentarlas con las mías. Quise aceptar lo que desprecié. Y sé que lo perdí. Pero medio dormitando, lo quise. Lo deseé. Era mío.

No me preguntes por qué he decidido volver a casa por este camino. Podría haber dado la vuelta perfectamente, incluso haber bordeado la ciudad sin más. Tampoco me preguntes por qué suena este desolador y amargo piano en la radio, que se fusiona majestuosamente con imágenes que todavía no tengo claro si tuvieron lugar físico o son simples destellos de cristal que chocan contra la dimensión del fracaso. De todos modos, su vitalidad invita al trance, y este al despellejo de sentimientos lapidados, que se visten en su tono más rocoso, más emblemático, más tradicional.

No existió un adiós, para bien o para mal. Tampoco ningún abrazo ni guiño de ojo, ni tan siquiera una mirada húmeda que acompañara tu silueta hacia el olvido. Injusticias del destino, que se temió lo peor, o que sencillamente aquella tarde se emborrachó de prepotencia y crueldad. Pero la venganza está aún por llegar....

Las escenas han ido sucediéndose desde entonces en todos los sentidos, gente va y gente viene, sale el sol, salen las estrellas, y el calendario sigue envenenando los días lentamente. Pero sonrío al ver tu trono intacto, el lugar que realmente nunca abandonaste, por el que cada amanecer regresas descalza con las manos llenas de extrañas e inmaculadas flores para seguir decorando con maestría mi estampa.

Me lo dijo el viento y el temporal, la resina del aire que me escribe, los truenos con sus rabietas de niño consentido, la piedra de los muros, los crujidos de los vasos de plástico en el último baile, la hiedra ebria, las calles desiertas, las sendas y las ortigas, los viejos y derruidos corrales de paja con todas sus memorias plastificadas en lágrimas de escarcha. Sigues siendo el duro licor que bebo para calmar mis viejas heridas, la energía que me hace pensar y dudar, el sueño que vuelve a adormecerse un verano más....

El ánimo circula temerariamente bordeando acantilados que yo ni siquiera me atrevo a dibujar. Todo parece haber vuelto a su lugar habitual, igual de borroso, igual de esperanzador. Nadie a quién recurrir, sin ningún viento capaz de empujar, con todo el encanto de un tiempo congelado y carcomido por despiadados parásitos morales.

Las calles cobran vida, embriagas por la luz y el verdor de los árboles. Los comercios dejan sus persianas entreabiertas y las familias juegan en el interminable paseo. He querido frenar a la vida misma con la única ayuda de mis brazos, pero ahora me doy cuenta de que no ha hecho falta. Ahora que te busco entre los pasos de la gente, entre los rayos moribundos que esquivan la tormenta. Decae suavemente el tempo al imaginarte levitando sobre los retales de mis horas perdidas.

Yo no puedo nadar en contra de la marea. Yo no puedo nadar eternamente. Y me aterra que tu rostro revolotee aún junto a los murciélagos en cada viejo farol que se sienta sólo y desgraciado.............

A fin de cuentas, nunca me encontré, pero me perdí contigo y vi la luz.