sábado, 23 de mayo de 2009

Sólo tú sabrás leerlo

Conozco tus gestos. A menudo me asustan, pero esta tarde están a punto de desgarrarme sin remedio.

Y es que no puedo soportar ese aire de miedo y de vergüenza con el que bajas la cabeza, ni la fuerza orgullosa que emana de ti para impedirte llorar desconsoladamente. Me produce inquietud ver tus dedos dominados por un incontrolable temblor, tu media sonrisa postiza, tu flequillo cayendo resignado sobre tu frente helada. Lucho a vida o muerte por no imaginarme qué sientes. No podría sobrellevarlo.

Me llegan como fogonazos de guerra todas tus disculpas, todo tu arrepentimiento, tus ganas de perderte en mi pecho. En tu casi inexistente mirada puedo comprobar que te dolió más que a mi recuerdo el no haberme visto sortear tus zapatillas en la oscuridad , el haber puesto a secar un puñado de abrazos junto a tu mustia inseguridad, a tu indescifrable manera de deshojar mi esperanza....

Me duele verte ahí, apoyada sobre tus manos en este moderno vagón, pero reconozco que hay algo en todo esto que te hace irresistible. La duda de no saber si abrirte los brazos de par en par o ,por el contrario, borrar tu risa nerviosa de mi memoria mantiene viva mi atención sobre ti. Pero me mantengo indiferente, frío, egoísta. Es mi turno, y no debería sorprenderte. Siempre has sabido crear escuela con suma maestría.

Así que no tengo otra opción que seguir mirándote y analizando tus movimientos, creando con cuidado la banda sonora de tu adiós. Tú te pierdes y yo me he cansado de este camino. Tú me miras fijamente, yo lo escribo. Tú te escondes con intención, yo no te busco por no encontrarte. Tú no sientes nada, yo no te creo....

Lo cierto es que no te conozco. Bajas del metro en la parada con uno de los nombres más estúpidos de la ciudad y te pierdes entre bloques de ladrillo y hormigón, entre sueños de asfalto y aceros. Continúo mi trayecto hacia la playa, pero ya nada es igual. Podrías no ser nadie, pero también ser todas. El silencio que se ha quedado implantado en mi mente desde que con un suspiro al aire has desaparecido me indica que no voy a dejar de seguirte....

Ojalá supiera contarte nuestra historia como lo harían esas películas que tanto te gustaban, pero es que hoy te he comprendido al fin, hoy he llegado a la cúspide de tu aparente inocencia. Y hoy ya no quiero irrumpir en tu habitación vacía, ya no me apetece ser alguien en tu trágico guión....

No me mires así mientras trato de intimar con la soledad. Después de todo, este final es tan bonito como absurdo.