sábado, 23 de mayo de 2009

Bastardo!

El color de la tarde perdiendo fuerza, el ruido rutinario de la carretera y alguna triste canción acústica de fondo me sorprenden pensando en ti casi sin quererlo. No lo entiendo muy bien, pero tampoco me esfuerzo mucho en desmenuzar todo lo que voy sintiendo, melancólico y lleno a la vez. Lo único que se es que estás ahí, en todos y cada uno de los horizontes que voy allanando, sonriente e inquieta, hablándome detrás de tu café.

Quizás debería sentirme culpable y estúpido en una situación como esta, y , en cierta manera, así es. Pero no me armo de valor para dejarte dormida como te mereces en algún callejón rural de mi mente, para mantenerte alejada de éste enjambre de emociones en el que hoy nadas desnuda sin pararte a pensar por qué lo haces. Me gusta recordarte, me serena y además no lo puedo evitar. Voy agotando los kilómetros sumido en tu extraño hechizo, en ese poder especial que tienes al bajar la mirada, en el brillo de tu pelo cuando lo observo sin que te des la mínima cuenta de ello.

Hoy he soñado contigo, pero había censura. Tenía que conformarme también con observar tu interior y tu pasado desde el balcón de tu mirada, pero era feliz así. Al igual que lo soy en la vida consciente de tener la oportunidad de rozarte la mano o de dedicarte alguna de mis sonrisas nerviosas mientras el tiempo se va. Es así como debe ser, y todo lo demás sobra. No jugamos en la misma liga ,aunque tu magia me envuelva cuando menos lo espero, aunque crea volver a mi infancia cuando el viento me hace el favor de traerme un retal de tu aroma.

Y pienso en cuando te conocí. Estoy seguro de que si me hubiesen dicho entonces que ibas a ser la silueta sobre la que gira el invierno, habría reído hasta atragantarme. Porque se que no procede sentir así, por mucho que éstas melodías se empeñen en demostrarme lo contrario. Pero en mi confusión irreal no hay árboles pelados ni días de asfalto. Solo tú, perdida entre las hojas de una historia absurda y sin sentido, que en días como este me esfuerzo en escribir.

Ya hace un cuarto de hora que he llegado y el coche ya está casi tan frío como mis manos. Al fin pestañeo, y siento un gran alivio. El humo invade gran parte de mi vistas y la noche se torna cada vez más noche. Qué insensato imaginarme abrazado a tu espalda y anclado en tus piernas de por vida, que cruel haber deseado dormir hundido en tu cuello. Y tú ajena a todo esto, pensando el cielo sabe qué......
Por favor, no me lo tengas en cuenta.