Sentado física y psicológicamente no muy lejos de la puerta de entrada, absorbido por la suave pero pesada brisa de verano y por los sueños que nadan en este oscuro café que humea sobre el periódico, caigo en la cuenta de la reverencia que el destino me ha brindado. Me encuentro especialmente embriagado por esta cálida y cercana música soul que escupen los altavoces, por el sonido ya amado de la calle floreciendo a la tarde. Hay algo oculto que me da vida en todo esto, y no se muy bien de qué se trata. Pero los detalles... ¿Cómo puede haber tanta luminosidad en unos simples cristales, en esa máquina de tabaco, en la escarcha de esa ruidosa nevera?
Serena y tímida transición la que hoy me ocupa. Puedo veros a todos reunidos, bromeando y discutiendo, vaciando vasos y haciendo añicos el papel que cubre la mesa. He visto extasiado como caía la acogedora noche bajo estos conmovedores acordes, vislumbrando los tonos rojizos y pardos que el cielo va tomando por encima de la urbe, acompañando con un sumiso siseo imperceptible el vaivén de las ramas de unos árboles que ahora parecen distintos. Todo parece cobrar vida propia, todo parece querer unirse a este baile de emociones de lágrima fácil. Pero no encuentro palabras. Pese a todas las crueldades y excesos, los besos de la vida me llegan en oleadas, rompiendo con avidez contra mi calma.
Hace unas horas que nos hemos cruzado aquí mismo, escudados en el odioso protocolo y en la entrañable timidez. He podido leer mucho más en ti de lo que imaginas. Y he decidido no olvidarte. Sin quererlo, he dibujado tus facciones en una triste comanda cuadriculada y te he ofrecido mi historia, abierta de par en par, para que ocupes el lugar que quieras. Por un momento, deseo que vuelvas a cruzar la calle, informal, dócil, con ese aire de duda con el que me has clavado tu sonrisa, con la única intención de volver a sentirlo. Sonrío con resignación mientras noto el aire morder mi rostro. Posiblemente no te vuelva a ver más, pero aún así, me has hecho tanto bien…
Vuelo entre sentimientos abstractos hacia la mañana, rasa y traslúcida como mi ánimo, abriéndose paso de nuevo en mitad de la pena teñida. Podría estar delirando dentro de este túnel reflexivo y casi autodestructivo. Pero no, tan sólo busco esbozar con la mayor exactitud posible un equilibrio que se que no volverá. Al menos de esta manera. Hay algo que tira de mi pidiéndome que no siga, que rompa en mil pedazos toda ilusión creada y que vuelva a las mazmorras....pero mi copa está medio llena, mis ojos ya no callan verdades como puños y, además, el bullicio me recuerda que ahora toca trabajar. Es imposible dejar de cautivarse con todo cuando es tu nueva vida la que te ampara.....
Ataviado con mi sonrisa más clara y brillante, me dispongo a encender una a una todas las velas que adornan las mesas de los enamorados, fiel, abnegado, sintiendo como propio el fuego y el calor que creo. Y muy dentro de mí también afloran al fin las llamas que he ido apagando con soplidos gélidos durante todo este tiempo atrás....
Última vela. ¿La prenderé por aquellos besos desahuciados? ¿Por los cientos de escritos que se secan en el armario? ¿O quizás por una mirada extendiéndose, obscena, por el fino hielo de mi pecho?No. Ésta va por ti., que ríes en mi mente haciendo imposible esta tarde de verano y que con un breve gesto de asentimiento me das esa fuerza inconmensurable. Con el orgullo indescriptible de estar envuelto en tu constante recuerdo, con la certeza de que nuestra conversación aún no ha terminado, y con la rabia sosegada que emerge por no poder brindarte estas letras, acciono el mechero para verte centellear para siempre en el reflejo de la luz que ya alumbra la estancia.............
Y la lluvia no curará esto......
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