sábado, 23 de mayo de 2009

Uno más en el club III

Debajo de la enferma piel del amor yace la vergüenza que nos tiñe a todos...
Incomprensiblemente, caigo dormido...


Hay pasillos largos y escombrosos, de paredes secas y desgastadas, abriéndose frente a mí en rectos pero costosos trayectos. A través de las pocas puertas que veo abiertas, puedo captar el frío incómodo del lugar, el nervioso ajetreo, la niebla que impide divisar algo más allá del vaho.
No te empeñes en cambiarme, es inútil. ¿Qué pretendes enseñarme? Todo está inventado y sin embargo nadie es capaz de querer. Me pudriré en mi exilio al igual que tú, al igual que todos.


Interferencias en la Tv. La boca me sabe a chorros de sangre fresca y una voz repetitiva pretende aguar la madrugada. La densa humareda bordea mis dedos en busca de respuestas para preguntas a medio formular, y se ha perdido el orden de los tiempos que corren, abrumadores, casi corruptos, sentimentalmente hablando.
No conseguiréis humillar a mis credenciales, trozos de mierda. Me duele veros cruzaros en mi puto camino con vuestras estúpidas maneras de vestir y de mirar. Siempre seréis clones de la misma escoria, una basura tan indeseable que hasta me da asco aplastar.Debería mataros a todos hoy mismo, haceros pedacitos sin ningún tipo de miramiento.


Y ahora tú, desnuda y bañada en fino y delicioso sudor, contorneándote y entrecerrando los ojos, gimiendo como sólo tú y los ángeles podéis hacer. Quiero oírte hablar, quiero besar esas parrafadas sin sentido alguno que brotan de tu inconsciencia. Déjame hacer destrozos sobre ese velo virginal que te cubre el rostro, oblígame a tragar cada una de las lágrimas que gotean en tu pasado. No, no puedes dejarme sólo ahora...

Podría estar horas así, quieto, sumergido entre las líneas de tu última epístola. Con el desamor por bandolera y un buen puñado de aromas pisoteados por el arranque del año. No es para tanto, y seguramente ahora estés tan lejos que ni siquiera los gritos al unísono de mi indiferencia llegarán a tu remordimiento.
Y así, lento y pausado, acompaño a la noche a apaciguarse, orgulloso de saber que no volveré a verte jamás.


Apenas sé con certeza de qué se me acusa, pero debo de haber causado mucho dolor. Las miradas abatidas por todas partes me lo corroboran. Hay dedos desafiantes señalándome, muecas de disconformidad por mis ruegos, lloros desconsolados allá donde miro.
Debéis estar locos. Y lo peor de todo es que nadie es capaz de resolver mis dudas. No temo al veredicto. Hace tiempo que perdí...


Despierto en mitad de la negra noche. Parece que hoy no amanece nunca.
No debería haberme llevado un souvenir de tu corazón para que me duerma por las noches. Pero ya es tarde.
Es triste darse cuenta de que, realmente, mis únicos errores han sido las ganas que puse para evitarlos.