Estoy temblando, pero al mismo tiempo recibiendo duras oleadas de calor enfermizo procedentes de mi espalda. No lo entiendo. Es casi tan irreal como no tenerte danzando en mi mente ahora mismo....
No puedo concentrarme en nada, la mirada se me pierde entre nebulosas y violentas colisiones de ideas, tan forzadas, ambiguas y desgastadas que carecen de principio y de fin. Por momentos, me da la sensación de que todos estos desvíos ya me los conozco de sobras, y que lo único que espera al otro lado de la alambrada es un maldito desierto de huesos y cardos. Puedo verlo....
La inspiración es devorada por el temor a abandonar este mezquino estado de sopor, y los escasos instantes de claridad son sofocados de inmediato por el bloqueo del hielo.Pánico a adentrarme en las sombras del mañana, obsesión e impotencia por derribar el muro de lo que fue el ayer. No sé dónde me meto, agonizo de estar parado y me sangra el sentimiento si avanzo. Mi trinchera es la peor trampa.
Absurdo, desesperado, desconcertado. Cada hora que pasa es tan sólo un montón más de mierda acumulada, más trabajo para una mente ya de por sí desbordada. El estanque está lleno a rebosar y empiezo a desear el final, tan alentador como inevitable. Y es que no he aprendido nada. No he sabido sacar alimento de todos esos sueños incinerados, de toda esa gente perdida en el tiempo. Todo es una enorme pira de dudas y ruegos estúpidos.
Y alrededor una sociedad banal y opaca, todos diciendo nada, todos aportando nada. Querencias que ahora son sólo creencias, un desmadrado y triste desfile de hijos de puta disfrazados de profetas modernos, de sabios de última generación, de zorras indecisas. Se me echa encima la paciencia, y este dolor intenso de sienes que me hace cerrar los ojos con fuerza me recuerda que esos pasos que pretendo retomar están tan borrados ya como aquel suspiro luminoso de buena mañana....
Voy a ganarle la mano a la desidia con alevosía, pero eso no hará que me sienta mejor. Tampoco sé a ciencia cierta si lo merezco, realmente.
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