Me ha despertado una imagen tuya en mitad de la mañana. Sonreías, pero no sé muy bien el por qué has aparecido, ni lo que pretendías. Ataviada con tu gesto casi hipnótico, me envuelves otra vez en palabras concéntricas, en miradas zurcidas en seda. Sabía que no había olvidado esa manera de congelarme desde las entrañas, pero nunca pensé que fueras tú la que evitara la aparatosa caída de mi castillo de naipes.
Me quedo perplejo, observándote, cerca de los farolillos de luz verdosa y celestial que anuncian la entrada a tu mundo. Ahora mismo no entiendo de protocolos ni de normas de censura moral. Has visitado mis ruinas armada únicamente con el puñal de tu mirada y con esas acuarelas que manan de tu risa, haciéndome comprender a la perfección todas mis metáforas inacabadas. Y ahora necesito asomarme a ti... pero sin que te des cuenta.
Y es que ahora mismo estoy entre tu espada y mi pared, con la salida tan cerca pero tan lejana a la vez que prefiero cerrar los ojos y perderme entre tus encantos. No me importa que la vida gire y gire descargando su ira sobre mí, ni que todos mis más preciosos momentos se ahoguen entre polvo y telarañas al fondo del desván si, en días como este, eres mi identidad oculta, mi ánimo y mi decadencia. Si acabas poniendo como tú solo sabes un rostro y un delicado cuerpo de mujer a la palabra belleza.
Vuelve de tu mano ese aroma de mayo tan característico, tan embriagador. Caen de tus ramas todos esos escalofríos con los que crecí, bañados en la genuina ilusión de volver a despeinarte el flequillo algún día. Tan solo por esto ya debería estarte agradecido eternamente, por poner flores blancas a esa atosigante máquina repetitiva en la que me estaba volviendo, por visitarme esta mañana, tímida y sonrojada, pero decidida.
De nada me sirve ahora trazar líneas a mi manera en tu conciencia, ni arropar tus sentimientos más parpadeantes. Sé que podría leerte la mente con solo imaginarte, seguir tu estela incandescente en la noche o estrechar tu pasado fuertemente entre mis brazos para hacerlo mío. Sé que podría quererte más que a las canciones que me recuerdan quién soy. Sé que juntos podríamos al fin abatir al tiempo.
Y también sé que debería empezar a querer olvidarte....
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