sábado, 23 de mayo de 2009

Comunicando....

Podría escuchar una y otra vez ésta banda sonora, de arriba abajo y de abajo a arriba, y no conseguiría atraer a mi mente el más mínimo interés por todo lo que aparentemente nos rodea. Infiltrado en una sociedad opaca, polvorienta, borrascosa, delego en las amarillentas hojas de mi desesperación plumazos de rabia y cansancio, de abatimiento y resignación. La noche tiene la inquietante silueta de la sonrisa de un payaso. Repleta de enfermos muslos abiertos de par en par a la conveniencia, de montones de fardos de billetes masticados por la ignorancia, el interés y por todo lo que ya está escrito.


Por lo visto no hay nadie que pueda echarnos un cable, que nos abra puertas y nos enseñe qué hay más allá de las callejuelas sucias a las que nuestra vista tiene alcance. Nadie nos hace creer en el diálogo, en el amor, en el bienestar interior, en las mañanas de verano. Caminaremos solos el resto de nuestros días, tratando de comprender con la mayor precisión toda la bazofia que nos echan de comer hora tras hora en televisores y radios, creyendo en la ruborizada sonrisa de la ramera de turno que se interesa en limpiar sus mocos con nuestros corazones, haciendo propios problemas ajenos que, seguramente, no existieron jamás. El futuro es el despiadado ataque de una manada de lobos en plena nevada.

Gente opinando aquí y allá, posturas absurdas en un mundo no menos absurdo, que nadie adopta por convicción sino por aburrimiento. Hay quien se cree que perteneciendo a cierto movimiento radical es alguien. Hay quien piensa que sólo y desamparado encontrará el orgasmo interior. Hay quien lo deja en manos de la cocaína. Todos unidos por un mismo lazo, por un mismo fin: creer que son alguien especial.

Y es por eso por lo que en una noche cómo la que nos concierne no hay caminos políticamente correctos para recorrer. La sociedad cae aplastada bajo la maza de la vulgaridad y la monotonía machacante. Nosotros buscamos algo nuevo, algo que nos aleje un poco más de nuestras vidas por defecto, de nuestras penosas recaídas. Algo nuevo que reinvente ilusiones, que componga nuevas canciones y cree vida, al lado paralelo de todo lo que hasta ahora conocemos. Que nos haga prender nuestros deseos más recónditos, que llene cada silencio con explosiones de aire puro.

Pero todo eso aquí no está. Nadie está preparado para ello. No está en las calles, ni en los barrios nocturnos abarrotados. Tampoco está en las discotecas, ni entre los hielos del Ron, ni en el rimel alegre de las universitarias. No lo encuentras en los libros ni en Internet. Buscas y buscas, pero no hay manera. Al final es otra vez lo mismo de siempre. Desistimiento, tumbarte sobre la cama deshecha, apurar el cigarrillo y cargarte de una nueva oleada de violencia de la que el día a día nos está haciendo presos.La moneda ya está en el aire.