sábado, 23 de mayo de 2009

Perro de guerra

No puedo dejar de mirar las botas del compañero que avanza solo a unos metros por delante de mi vista, hundiéndose impotentes en el barro traidor y ensuciadas por ese sentimiento tan extraño, mezcla de salvajismo, odio, sumisión y poder de superación que muestran varios de los hombres que suben la montaña. Esta vez, es solo un simulacro estúpido hasta la saciedad, pero estoy seguro que más de uno de éstos pobres diablos desearía estar ahora mismo riendo la tortura de un preso, de un enemigo. Un sentimiento conjunto se eleva de la manada hacia la cada vez más intensa lluvia, queriendo estar a punto de darse de bruces con la misma muerte.

Mientras continúo zarpando el pedregoso camino que lleva hacia quién sabe, me pregunto una y otra vez qué clase de motivación puede haber en toda ésta pesadilla.¿Cuál es la fuerza por la cual el ser humano disfruta con la muerte y la tortura de otro?¿Cómo es la asesina mente que se aleja de su família para estar en primera línea de fuego? No, nadie puede darse por satisfecho afirmando rotundamente que es su trabajo, mientras da otro eterno trago a su copa de whisky.

La misma imágen del niño sobre el césped brillante y soñando se repite una y otra vez....pero esta vez no hay balones, ni flores, ni tímidas niñas de vestido rosa ondeando al viento primaveral, sino fusiles, uniformes, toques de corneta y una represión incomprensible.... ojos claros que a día de hoy no tienen profundidad ni horizonte, hartos de sangre, de violaciones, de pueblos ardiendo....y una bandera orgullosa de toda esta vergüenza ondeando al son de miserables e indiscriminados intereses.

Una vez más la sinrazón ha tumbado a la cordura. Ni la niebla ni el frío me impiden verlo con total nitidez. Está ahí, pasando de mente en mente, de mirada en mirada... casi puede olerse la pólvora incluso sin estar....¿Valentía?¿Disciplina?¿Héroes?......
Una punzada en el brazo que sujeta el fusil me devuelve a la marcha. Y es entonces cuando me doy cuenta de que he perdido al resto de compañeros, y que vago solo, perdido, cansado, sin fuerzas y harto por unos parajes que ,aunque no conozco, me son indiferentes. La decepción no me permite tener miedo, pero sí odiarme con todas mis fuerzas, una vez y otra vez....


Me abro paso entre la niebla, que parece una inmensa sábana que me envuelve por más metros que avance, mientras las gotas chorrean por mi cara destiñendo éstas pinturas que no recuerdo para qué me han hecho ponérmelas...Quiero dejarme caer en cualquier húmeda roca de las que puedo distinguir desde aquí y perderme entre mis sueños, ser otra vez ese niño que jamás hubiese imaginado tanta hipocresía junta...quiero que me trague el temporal, aparecer de nuevo en casa junto a la hoguera escribiendo alguna carta, sonriendo a la hiedra, amontonando colillas y metáforas.....

Pero mi paso no se detiene. Y en mis oídos retruenan canciones que se mezclan con el sonido de la lluvia en el fango....soy como uno de esos imbéciles a los que siempre he criticado. Una máquina más. Estoy programado para llegar a esa maldita tienda de campaña y dejar que muera este martes. No importa lo que piense, ni lo que sienta. Ya se sabe, la perfecta máquina..... y no puede fallar. ¿Seguro?

Una extraña mueca quiere hacer de sonrisa cuando distingo a lo lejos el campamento, debajo de la montaña, como un extraño juego de estrategia. Con la mirada perdida, vuelvo a sentirme como ese lobo, herido pero al fin y al cabo libre, que en su día sembraba de besos al aire una estampa decorada por almendros en flor. Decidido pero sin rumbo, empiezo a descender la ladera, lento, cauteloso, casi como el riachuelo que se ha abierto entre la tierra y que cae, triste y gris, hacia su final.

Paso como un alma en pena por delante del resto de soldados. Unos se calientan junto a los escandalosos y desagradables tubos calefactores, otros se desnudan y escurren sus ropas empapadas, otros comen y beben..... pero yo no quiero nada de ellos. No quiero nada de nadie. Me encamino sin remedio hacia mi tienda, chorreando bajo la cada vez mas inspirada tormenta. Tropiezo, caigo, me levanto....me hundo....me vuelvo a hundir....el sonido de la cremallera medio atascada irrumpe entre los truenos. Estoy dentro, pero aún tengo la bruma haciendo sombra en mi mente.
El ininterrumpido taladro de las gotas sobre la lona de tela que me cubre me envuelve de forma casi mágica, y me hace darme cuenta de que me noto enfermo. El dolor sobre el pecho parece aumentar y un nuevo arranque de tos me irrita la garganta.

Todo esto es una mentira. Una mentira atroz y despiadada. Hundí mi cabeza en la gélida y empapada chaqueta que usaba como almohada y rompí a llorar. Alguien sepultó en ese instante todas mis ilusiones, formadas y atemorizadas en filas militares y entonando himnos que jamás creyeron......

La noche es opaca, densa, fría, húmeda. De golpe los generadores de energía se apagan y las luces de los focos que alumbran el campamento desaparecen. Solo el lejano silbido del viento, algún aullido en la lejanía.... Golpeo una piedra con la bota y me pierdo en la oscuridad, sintiendo la burla del destino, de las sombras de los arbustos meciéndose aquí y allá....
De nuevo la cremallera. No tengo luz, no tengo ganas de tener luz tampoco. Me despojo de los cargadores y los cinturones, y echo mano del poco material de abrigo que me queda disponible. El gorro de lana es una balsa, al igual que el saco de dormir ....pero tendré que conformarme. Hay alcohol, droga y comida fuera. Puedo escuchar las risas de unos, los ronquidos de otros, a los grillos.....el latir de mi corazón que bombea contra las piedras que me clavo me indica que soy uno más, sin distinción.

Estoy absorbido. Soy un asesino más.¿ Y quién me lo iba a decir? Precisamente yo, a quien muchos aún recuerdan trepando a los tejados de la aldea bajo el calor de agosto. Pero ahora soy un perro de guerra más en esta secta que cada vez me parece más vulgar. El frío del metal del fusil que duerme a escasos centímetros de mi tembloroso cuerpo poco tiene que ver con tus manos heladas en invierno......