lunes, 31 de agosto de 2009

Verdugo de noches

Un velo de confusión irracional me atormenta casi tanto como el aire que anuncia la llegada de una de tus tempestades. No sé si lo que siento es lo que sentí, si lo que sentí es lo que siento, o si ni siento ahora ni sentí entonces....

Aprovecho para releer los viejos libros y sacarle brillo a la empuñadura de mi recuerdo más agridulce: aquellos días en los que me debatía por dentro cada vez que el sol se fundía, cuando podía ver a mi alrededor las miradas complacientes, el orgullo refinado, la ilusionada desdicha. Los domingos al anochecer, cruzando con determinación la oscuridad y abriéndome al fulgor de la multitud. Amontonando ropa arrugada, brindando con tu olvido, fumándome el helor de tu dejadez y rebasando esquinas que jamás imaginé.

El día no ha comenzado muy bien, que digamos. Una inesperada llamada tuya ha roto la mañana en varios trozos, como viene siendo habitual. No me ha hecho falta mucho tiempo para comprender que la salida que busco está, como mínimo, truncada y deshecha. Parece ser que todos mis planes e intenciones son descabellados, escandalizadores, sin sentido alguno. Los grises y secos labios de la depresión sellan mi última carta de esperanza dirigida quién sabe hacia dónde....

Ni los ahogados garabatos en este papel ni el café espumoso que me calienta el alma consiguen evadirme de toda esta nube de carbón. Quizás esté todo más escrito de lo que creí en un principio. Puede que el equilibrio resida en ser mejor persona, reunir los vértices que formaron el espíritu de aquél que fui un día y tratar de encajarlos. Pulir tu encanto, ensalzar el clímax, abrir las ventanas de par en par y perderme entre sueños de cristal ahumado para creer en algo que seguramente esté censurado.

La calma de estas horas me hace sentir más perdido aún. Pienso en los que parten hacia una nueva etapa de su vida, con un buen surtido de fuerza y desamor a partes iguales, y noto su nudo en la garganta como si fuese mío. No puedo evitar asustarme una vez más por los incontrolados e inhóspitos atajos que en ocasiones utiliza la vida para convencernos de algo, hundirnos en nuestra propia vergüenza o lanzarnos septiembre encima como si de una losa se tratara...


Si es lo que deseas, abrígate bien y vete. Seguro que no mereces ni que recuerde tu nombre mucho más allá de esta noche...