Se va posando la tarde lentamente sobre este terreno de secano en el que descanso sin importarme demasiado el tiempo que se va consumando. Tengo las manos frías, pero las entrañas me hierven como hace mucho que no ocurría. Las ideas van y vienen junto al vaivén de las ramas de estos señoriales almendros que me proporcionan sombra física y emocional, y el embalse de la ilusión amenaza con desbordarse de un momento a otro. Sé que no es una quimera. Pero también sé que puedo perderme de nuevo, y su efecto puede ser casi tan devastador como lo que siento hoy por ti.
Senda serpenteante costeando viñas y olivos. Seguramente sea ésta la que me lleve a tu arcano mundo, atrayente y cautivador pero a la vez alarmante. Las dudas me las traen los suspiros de viento junto al recuerdo de tu imagen grabada en una foto digital, de tu voz quebrada por la distancia, de la extraña manera que tengo de imaginarte cuando voy dejando atrás kilómetros y besos secos por igual...
¿Qué hacer? Sé que nada es ni será igual que antes. No con esa sonrisa alumbrando mi invierno de esta forma. Aunque por momentos me desoriente, pierda el norte y la humedad de la noche me indique el brumoso camino de la huída hacia el lugar en donde un día me apagué y me volví a encender. Pero es tu voz la que me amansa y me abruma,la que me da vida y la que elige el color de mis días a su antojo...
Entonces, ¿por qué este afán por autocastigarme una y otra vez? ¿ Por qué me esfuerzo en convencerme de que no es que no sea el momento, si no que yo ya no tengo momento alguno? Empiezo a estar harto de los escritos a deshoras, de los besos al horizonte gris, de las bandas sonoras que achican al guerrero en armas. Cansado del despiadado que acumula historias de ensueño en cajones repletos de tinieblas,confuso por la fuerza que me brinda tenerte.
No puedo evitar a veces verme pequeño y perdido ante los torbellinos mentales y el azote del pasado, pero seguiré creyendo en lo que quiero creer, es lo que me has enseñado, aunque aún no lo sepas....
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