martes, 22 de diciembre de 2009

Respirando

No era una mañana cualquiera. Los primeros destellos de sol contra las partículas de polvo así me lo reflejaban. Las lágrimas y torturas de la noche que se fue, con sus atuendos negros azabache, habían dejado paso a una extraña calma y sosiego en la que me sentía confortado. Miraba incrédulo al techo, casi inmóvil, agotado y más perdido que nunca. Parecía que algo había cambiado. La música se había llevado tu voz quebrada y mi recuerdo desahogado. Y no me apenaba. Lo esperaba, lo ansiaba, lo necesitaba. Esa mañana al fin no sentí pánico al despertar. Esa mañana al fin tuve los cojones necesarios para salir de la habitación y mirarme al espejo, pero mi imagen no tenía esa bruma que esperaba y, quizás, merecía.

Tú no has hecho que ahora esté así. Ni tú tampoco. Y mucho menos tú. Me gusta el contraste que habéis hecho en mi corazón, siempre pensativo, esperando a que alguna ley del destino dicte lo que él ya sabía. Él siempre lo sabe. Y eso que es el primero que tiembla cuando una carta le despierta al niño que lleva dentro, cuando un beso a deshoras lo intenta atravesar. La guerra que se enfila dentro de mí cobra tintes púrpuras a la vez que empiezo a entender que va para largo....

Puedo deambular por el centro de esta ciudad, puedo quitarme ropa y sentir el suave sol morder mis brazos y mi cara. Puedo pararme en cada escaparate y sonreír como un estúpido, elegir el atajo equivocado, saludar a los bebés que pasan en sus carritos. Puedo ver tu imagen atenuándose en la mañana con esta canción que suena, puedo creer que nada ha pasado. Puedo sortear a la jauría de gente que me rodea, decorar estas paredes, abrir de par en par las ventanas e incluso buscarte otra vez para olvidarte al fin.

Y es que tememos lo intemible. Y lo intemible siempre se escurre entre nuestras posibilidades más esperanzadoras cuando bajan los grados y la plaza se vacía. Pero no hay nada que pueda arrancar de cuajo lo que soy. Hasta el tiempo es capaz de aliarse conmigo si se lo pido. Seguro.


Enséñame por dónde va el camino del cielo y olvida lo que te digo...