Más de lo mismo danza aquí y allá, en todas direcciones, sin ofrecerme mucho a lo que aferrarme. Lo cotidiano acaba por mermar cualquier intento por inhalar aire fresco, por aclarar un poco las ideas. No sé si no veo las salidas o simplemente me aterran tanto como no decidirme a cogerlas. No tengo muy claro si aquí empieza algo o acaba de terminar. Pero pronto lo voy a saber, porque siento el aliento de la confusión tan cerca que incluso puede llegar a darme calor. Y todavía hay tantas cosas por hacer...
Malas fechas para sentarse detrás de unas cervezas y pararse a pensar. Lo que ayer parecían suaves melodías hoy son ruido atronador, y no encuentro el lenguaje adecuado para hacérmelo entender. Soy capaz de robarle un beso a la locura y aprovecharlo, de bañar de magia todo lo impuesto, de dejar secar mi recuerdo o de asfixiarme con él, pero todavía no sé hacer callar a mi mente. Y menos aún cuando me miro y no me reconozco...
Lo peor de todo no es que no estés aquí ahora. Lo peor de todo es que te veo en cada instante que esta navidad fabrica para mí, en cada retazo de antaño que vuelve a taparme cada noche. Te veo sola y perdida, mirándome vagamente detrás del olor de aquellas rosas húmedas, luchando contra el arrebato de tus lágrimas. Converso con el mismo viento que te despeinaba sobre el río, lloro hacia adentro cuando veo tu gesto relajado soñando en el césped . Lo peor de todo es que sigo leyendo en tus labios lo que no sé si debo creer...
+053.jpg)