lunes, 21 de junio de 2010

Fin

Recuerdo el día: hacía frío y llovía, como venía acostumbrando, y entonces no me pareció tan mala idea. Podría dejar secar aquí mis miedos y varear a los recuerdos, podría repasar cada detalle acontecido desde las entrañas de mi mundo y golpear al tuyo, y podría regresar sin esfuerzo al día en el que me hice mayor una y otra vez.

Por aquellas fechas, un vacío insípido pero lleno de fuerza se apoderaba de cada mirada que echaba hacia las llanuras. No habían dudas, no habían lamentaciones, quizás alguna añoranza navegando por el río sobre alguna hoja seca. Era tan consciente de lo perdido como proclamador de lo venidero, aunque a veces ni siquiera yo me lo llegase a creer del todo. Al final de la aventura, siempre suena mejor la nostalgia de alguien que persigue sueños de niño travieso mientras tapia las vistas hacia el pasado.

Ha cambiado mucho todo desde aquellos tiempos. Todos hemos sido testigos del viaje, y cada uno ha ido acumulando en su desván sus más y sus menos. Nos hemos juntado, nos hemos distanciado, nos hemos despedido para siempre y nos hemos vuelto a besar amansando viejos fantasmas. Hemos dudado de nuevo, hemos violado a la ilusión y sacado a pasear al desamor, hemos dormido a la intemperie del destino y nos hemos cobijado en escritos de madrugada. En definitiva, en este tiempo hemos sido más nosotros mismos que nunca.

Llega la hora de dar el paso. Llega la hora de volver a cerrar círculos. La verdad es que no puedo decir que no sé lo que va a pasar ahora, por mucho que eche de menos todo aquello que veía ya hecho. Demasiados caminos recorridos con destino nada, demasiados días quemados con resultado nada. Eso sí, les saqué partido de la mejor forma que supe, y los convertí en ramos de flores para que no te sobresaltaran por las noches.

No pienso pedirme perdón por haber creído. Sería caer demasiado bajo y torturar a esos principios que un buen día de borrasca me forjé.

Gracias a todos, y por supuesto, gracias a ti.

Nos vemos en rpg28@hotmail.com

jueves, 22 de abril de 2010

Esto no es una canción de amor

El sol parece querer acariciarme las pestañas, pero, aún así, me estoy estremeciendo de una manera casi trágica...

Demasiada gente, pienso. Esto es demasiado nuevo para mí: un cumpleaños tan agonizante pero luminoso que ya deja sus migas de pan en el camino de la esperanza, ese silbido del cansancio en mi sien, esas ropas manchadas de tierra y barro y el pelo alborotado, papeles aquí y allá... Miedo también. Y añoranza. Y lo peor de todo, nada de ti. O casi nada, porque aún veo temblar de rabia a ese miserable teléfono que trata de ignorar tu osadía...

Frente a mí toda la parafernalia. Para nada me lo habría imaginado así, pero ahora esto es lo que me va a dar fuerza para todo ¿no? Tengo que familiarizarme. Y cuanto antes.
No dejar que el miedo me paralice otra vez, no dejar que las dudas se carguen algo que me ha costado mucho iniciar. Sí, me sé el protocolo muy bien. Pero lo cierto es que toda esta hilera de infelices en manga corta no me dice mucho, y tampoco me ayuda. Me estoy desangrando por dentro y tú ni te enteras.

Me incorporo y respiro hondo. Tampoco ha sido tan complicado, ni me ha supuesto ningún esfuerzo sobrehumano. Me hablan tanto a izquierdas como a derechas, pero tan solo son suspiros. No quiero perder el tiempo en escucharlos, la ilusión está prendida a su manera, y ya nadie de mi alrededor puede darme lo que pido. Posiblemente ni yo sepa dármelo como quisiera. Yo, que me crezco guardando aquellas fotos y me creo que ya todo está visto para sentencia. Yo, que me engaño porque soy al único al que sé engañar...

Quién me lo iba a decir a mí ¿verdad? Conduciendo feliz y maldiciéndome entre risas, dedicándote canciones al viento y preparando mi hogar para tu llegada, sentándome en cualquier roca a fumar y besar al horizonte, apoyándome en cada esquina con algún gesto de resignación sacado a última hora de la manga...

¡Si pudiese cambiar todo! Si pudiese volver a hacer....y deshacer....¿Qué falló entonces? ¿ Y qué falla ahora? La respuesta parece tan clara como que mi mano está desenvainando ya...

El sol sigue ahí, intacto, cobrando fuerza a soplidos. Pero, aún así, me sigo estremeciendo igual....

miércoles, 7 de abril de 2010

Milagro ordinario

No parecen haber fronteras para las dudas, para los recuerdos, para la necesidad de ver al mundo que conozco alejarse de mi orilla de una vez por todas. Creía que esto pasaría, y pasará, pero por lo que veo hoy no va a ser. Y mañana tampoco.

Paso cada día con la única motivación de acumular aquella fuerza, aquella maldita convicción que un día me trajo un cielo encendido y una brisa primaveral que aún me cuesta reenganchar al olvido. Esta manera de sentirme solo, esta indiferencia que empieza a preocuparme, los perfumes que ya van perdiéndose bajo la paliza de la lluvia de abril...No hay nada que hacer. Y por eso no voy a hacer nada.

No me reconozco, joder. Debería pensar tanto, hacer tanto, labrar tanto, aguantar tanto.... pero puede que aquello que quiere darme el aliento no sea compatible con todo esto, que esté deseando que deje de dejarme arrastrar de una vez y le mire a los ojos, que me harte de mirar al futuro con pánico y vuelva al pasado cargado de rosas y sonetos....

Te echo de menos, pero me echo de menos todavía más a mí mismo....

miércoles, 31 de marzo de 2010

La carta

Querida....:

Acabo de llegar a casa y de lanzar la maleta hacia quién sabe dónde. Sigo vestido exactamente igual que cuando me has dejado, con todas las luces del piso encendidas y con un sueño asesino que seguro conoces bien. Pero no puedo irme a terminar el día así, sin más, oyéndote como te oigo ahora mismo en cada voz que me rodea, en cada nota del contagioso piano que sale de mis altavoces. Te huelo en mi ropa, en mi aliento… Te veo con el rabillo del ojo en todas las esquinas de esta apagada y triste habitación.

Me has llamado durante el viaje y he hecho más lío aún de todo lo que siento. Me he quedado sin palabras, la verdad. Para nada esperaba esa tristeza casi opresora que he tratado ocultarte. Para serte totalmente sincero, me cuesta recordar la última vez que me vi en tal situación, si es que ha existido antes.

Pero, ¿por qué? ¿Se trata de la típica confusión de sentimientos? ¿Se pasará? ¿Por qué he deseado con rabia dar la vuelta y acompañarte de la mano en tu vida como te acompañaba por Gran Vía? ¿ Y por qué necesito llamarte sólo para oírte una vez más, y en cambio sé que no debo hacerlo?

Tú no te mereces tanta censura moral. Pero seguramente sea lo correcto. Te puedo asegurar que no temo por mí, sé que en noches como esta me convierto en alguien mejor. Pero desde la primera mirada que cruzamos en esa mágica noche por el centro de la ciudad supe que lo último que quiero es que sufras. No podría sobrellevarlo, se enciende mi pecho cuando naufraga cerca de alguna mala época de tu pasado. Deseo con todas mis fuerzas haber estado contigo entonces, besar la frente de aquella niña y pisotear cada piedra en su camino. En cierto modo, me odio por haber tardado tanto en aparecer.

No entiendo nada. Necesito escribirte porque estoy inundado en el miedo. Me da pánico acostarme hoy, solo por el hecho de tener que entrevistar a fondo tanto a mi locura como a mi cordura. Tu sonrisa a altas horas de la madrugada, tus susurros, tu manera de cerrar los ojos y de desviar la mirada cuando el miedo también te impide hablar.

¿Vale la pena no alimentar algo así? Todo me dice que tu tren es único y especial, como ningún otro en el que haya podido viajar antes. Estoy convencido de que no encontraré a nadie como tú, pero tampoco pretendo hacerlo. No quiero hacerlo.
Y es en estos casos cuando me pregunto qué es lo racional, si tratar de callar a este vacío que siento si no te tengo cerca, o en cambio empezar a imaginar, cual soñador, una vida contigo…

¡Nos hemos dicho tantas cosas estos días! Tengo tus palabras incrustadas en mi memoria para siempre. Entre la broma y la seriedad, la magia ha fluido, muchos disfraces han sido reducidos a cuerpos desnudos, y en tus ojos he podido verte íntegramente. Y dudo que todas esas palabras se las pueda llevar el viento.

Quizás ni siquiera debía haberte escrito así, tan reciente, con el agridulce de la imagen de tu silueta despegándome de la realidad, pero quiero que sepas qué es lo que pasa por mi cabeza esta noche. Porque si te tuviese delante te lo contaría sin dejar de mirarte, y porque no acabo de aceptar todo lo que nos separa.

¿Sabes? Voy a tratar de convencerme que ando perdido emocionalmente y confundo factores. Es posible que verdaderamente sea eso, no lo sé. Con la razón por bandera, es muy difícil sentir algo tan grande en tan poco tiempo. Una gran amiga con la que paso momentos inolvidables, que me emboba cuando habla y que se sonroja cuando le sonrío. Nuestros caminos están tan separados que me da vértigo seguir pensando… no tiene sentido.

Aún así, la razón se hace insignificante cuando noto subir los escalofríos por la espalda al recordar lo que he creído leer de tus labios cuando se iba tu autobús…

¡Cuídate mucho!
¡Espero verte pronto otra vez!

lunes, 29 de marzo de 2010

Quédate...

Perdido, confuso, indeciso, caminando hacia delante pero al mismo tiempo tan cerca de lo pasado...orgulloso y arrepentido, incansable pero flaqueando por momentos. Duro e infranqueable, vulnerable y frágil, aturdido por haber cedido de nuevo a idealizar sin miramiento alguno, a creer, a volver a las andadas muy cerca de donde no hace mucho descansaba bajo el polvo mi siniestro....

Relajo el gesto y sonrío. Soy yo, ¿recordáis? Siempre soy yo. Ese que se dará de bruces con lo imposible seré yo. Y ese que deambulará recogiendo sus trozos también seré yo.

Quédate con toda esa gente de la que te he hablado y que casi conoces tan bien como yo, con todos los lugares que he pisado y he consolado, con esos campos infinitos de trigo y cebada, con la tormenta que estalla y levanta el polvo del corazón más indeseable.

Quédate con mis palabras, con mis gestos, con esa sonrisa que sale a veces sin querer, con la mirada que trata de contarte cómo te ve, con las horas que este reloj de acero ha matado enredado en tu pelo, con ese triunfo que él mismo se derrota, con esa nostalgia a la que le sobran fuerzas para tumbar a la desesperanza de un golpe seco.

Quédate con mi mundo interior, con cada carretera que he quemado pensando en ti, con cada soplo de viento que me ha devuelto tus suspiros. Quédate con mis historias, con mi fusil, con mi cenicero repleto de confusión, con mis ganas de desaparecer y regresar pronto, con mi camisa blanca, con el primer sol de primavera que quiere quemar mis hombros...

Quédate con mis historias inacabadas, con las canciones que no me dejan caer, con las cartas que he mandado, con las luces de la verbena, con el atardecer sepultando montañas y barrancos, con mi sentimiento de culpa mientras parece que duerme la fría ciudad. Quédate con mi complicidad, con lo simple de un “ te quiero, guapa”, con Júpiter allá arriba guiñándome un ojo, con las veces que me he escapado de clase, con esa guitarra que abandoné, con mi onda expansiva y con mi primer regalo de reyes...

Y a ti , en cambio, te debo una disculpa, entre otras cosas, aunque de mí no quieras ni siquiera mi enturbiado recuerdo. Tú te lo pierdes. Sigo siendo yo, ¿recuerdas?


Without you i'm nothing....

jueves, 11 de marzo de 2010

Y te asomas al vacío...


Me llegan los ladridos de los perros en la lejanía como un suave vals que me entona, y el zumbar de las moscas en el corral me recuerda que he vuelto a llegar tarde. A todo.

Es reconfortante este sol que atiza y hace más seca aún la tierra despeinada. Podría estarme aquí y fumarme al tiempo, quieto, frunciendo el ceño y sonriendo a mitad mientras sostengo el rifle entre mi mano y mi muslo. Viendo los pájaros formar círculos casi perfectos en el azul, fundiéndome con la fina y blanca columna de humo que se pierde más allá. Oyendo algún sigiloso paso, algún carro de huerta, el crujir de alguna de las puertas de madera vieja y maciza que me esfuerzo en mantener abiertas...

Pero no sabría. Cargo el arma y dejo que dispare en nombre de mi interior. Puedo notar que es mi pasado el que aprieta el gatillo sin importar a dónde va dirigido el tiro, que es mi fuerza la que ruge y emana desde mis hombros desnudos y acariciados por el sol hacia el lugar donde la cordura os dejó durmiendo un día. El sonido suena a suspiro, a sollozo, pero también a risa y a gemido precioso. Una bandera al viento, una carretera sin principio ni fin, un momento atrapado en las horas, los grillos de medianoche. Tú y yo haciendo la cama, hablando de todo y de nada, creyendo en lo eterno.
Vuelvo a cargar, y vuelvo a disparar...

Pero todo me habla de ello. Seguro que sigo el camino correcto. Puedo enterrarme durante tardes de borrasca pero también sé resurgir cuando me brilla la noche con sus encantos más íntimos. Tan solo es cuestión de principios y un poco de tiempo el que vuelva a tener ganas de deciros lo guapas que estáis por las mañanas sin arreglar, de que vuelva a apretar labios y puños cuando os vea marchar.

Voy a creer en ti, y voy a gastar hasta mi última melodía en quererte de la misma forma que el reloj quiere a sus saetas. Seas quien seas y estés donde estés. Es la mejor manera que se me ocurre de vengarme de la vida.

viernes, 5 de marzo de 2010

Te busco

Me despierto helado en mitad de la noche y busco tu foto casi desesperadamente. Tienes que asegurarme desde ese papel y con esa mirada que nada de lo que he soñado es cierto. Tienes que volver a tocar para mí esa malagueña y hacer que me desintegre entre tus palabras, tienes que besar a la distancia como hacías anoche. Tienes que regalarme más días soleados, más golpes de nieve en la cara, abrazos fundidos por la puesta del sol y recuerdos en acústico que me acunen como solo tú sabes hacer.

Te busco en mi café, en el olor de mi chaqueta, en tristes y apagados ojos ajenos. Te busco en mí, me busco en tu voz, reflejo mis miedos en tu fe y me acojono al quererte así. Pierdo el tiempo, lo encuentro de tu mano, me pierdo a mí mismo en tu regazo y lucho por seguir soñando con el tacto de tus jazmines. Conduzco hacia ti, me recreo en ti, me sepulto en ti y también te temo a ti.

Sonrío mientras te veo merodeando las calles de alguna capital del sur, sola y perdida,escribiéndole al viento y jugando con tu destino. Pasas fugaz junto a las farolas, contemplas a los murciélagos,pestañeas y te sientas a arquear las sandalias hacia adentro. El verano se encarga de arreglarte con su vestido de seda y te despeina a su antojo para mi disfrute...

Una cortina blanca y fina de estrellas me traza la senda de vuelta hacia tu luz, intacta y cegadora como lo fue en aquél Octubre. Quiero dormir, pero ahora este vacío no me deja hacerlo. Me hablas desde tus cartas igual que desde aquél puente romano cuando raseaba la noche sobre el tímido río, me deshielas el alma con ese "te quiero” que sonó mudo la primera vez mientras se alejaba tu bus....

Y seguramente no hayan respuestas porque en el fondo tampoco hay preguntas que me convenzan...

jueves, 25 de febrero de 2010

La última noche

Sonará esto, o esto, o quizás esto otro. Estaré pensando en esos colchones de hojas de otoño, o a lo mejor en el frío que dormía en tu pelo cada noche. Seguramente no vea más allá de lo que quieran tus ojos, y es bastante probable que me hunda con ellos en alguno de esos sueños que te solía contar. Querré hacer eternas las horas, y acecharé a tus promesas y a tus miedos desde tan cerca que los creeré propios. Puede que me conforme, puede que no. Pero sé que no lo voy a olvidar nunca.

Entonces entenderé todo, tal vez. Cuando vea otra vez la pila de libros desordenados adornando la estantería una víspera cualquiera, mis botas hundiéndose en el barro, el agua chorreando de las tejas. Quitaré el polvo a mis dudas mientras ignoro que hay lágrimas cuando miras por la ventanilla, pondré el candado a mis principios y me perderé por los suelos para ver si encuentro esas señales que tanto te han dado.

Con los brazos abiertos recibiré al alba, fogosa y cruel, que me llevará a vagar por bosques nevados y celdas asfixiantes otra vez. Pero en algún lugar tu recuerdo y el mío se van a fundir de tal manera que el tiempo no tendrá más remedio que dejar de rodar eternamente. Y las palabras sólo serán almas errantes sin sentido, congeladas y desesperadas por lo que un día fueron. En algún lugar tus sueños y los míos echarán a volar de la mano sin importarles que la última noche se está muriendo...

No me dejéis solo en silencio....

Un alto en el camino

Querido compañero:

Hoy he aprovechado mi debilidad generalizada para escribirte, después de tanto tiempo. Cualquier día hubiese sido igual de bueno, pero hoy todo llama a ello, y no te preguntes mucho por qué. Hace un año que te marchaste, así, sin más, sin apenas darnos tiempo a asimilar que los tiempos habían cambiado y que ya nada podía encajar igual en nuestro puzzle. Es jodido, lo sé, y por eso lees esto ahora, entre otras cosas.

Seguramente ahora te reirías de mí, y más recordando cómo te gustaba burlarte de mi afán por destruir todo. Sigo igual, ya ves, incapaz de mantener nada vivo, cogiendo de aquí y soltando de allá para luego calentarme el alma con las brasas de mis recuerdos. Se acercan de nuevo épocas de cambio, tiempos de banderas blancas y rayos de sol inesperados. Puedo intuirlo, y sé que tú también. Y sé que te doy miedo, pero es que yo soy el primero que mira para otro lado cuando me doy cuenta de lo que soy capaz de hacer.

No es tan fácil aguantar como tú hacías el día a día, siempre con una sonrisa y terciando el ánimo para contagiar al resto, ni poner en remojo todas esas bromas con las que pasábamos las primeras horas de las monótonas mañanas. Tú sabías cómo me fusilaba su imagen y sus palabras, sabías que parte de mi vida estaba rota, y sin embargo desde el primer momento apostaste por mí. No me dejaste creer en ningún momento que lo mío ya se había marchado para siempre, y me aprovisionaste de medios para embarcar rumbo a la incertidumbre con descaro.

Suenan tus palabras entre ríos de cerveza y humo de medianoche, el silencio tenso cuando nos miraban sonrientes aquellas chicas de la terraza, aquellos números de teléfono apuntados en una hoja arrugada, la ilusión que destellaba de nuevo en forma de interferencia, ese tándem de ideas que se cargaba cualquier protocolo, que ataba en su propia vergüenza a cualquier hijo de puta de traje, esa fuerza interior infranqueable con la que veíamos la vida pasar y me hacía comerme el mundo aún sabiendo que él ya me había comido a mí...

Por momentos aún me creo que estás aquí, y revivo aquella forma de superarme de la que alardeaba tanto. Cuando lo consigo, la verdad es que me importan más bien poco todos estos miedos irracionales y preguntas al aire con las que amanezco hoy. Siempre estoy donde no debo estar, eso no es nada nuevo, y a mi maldita forma de sentir todo se le queda pequeño. Es una cruz, pero no sé hacerlo de otra manera, ya lo hice entonces y es por eso por lo que continúa tan vivo. Tanto que hoy en día me sigue inyectando imbatibilidad, esa que tarde o temprano hará detonar mi interior con una fuerza tan contundente que nada volverá a ser igual. Una vez más....

Llegará el día en el que nos tomemos de nuevo esa última cerveza de todas las tardes y por la que tanto te regañaba, y entonces sabrás que no he cambiado nada. Y me alegro, en el fondo. Ese día tendré tantas cosas nuevas que contarte que pensarlo me produce cansancio, pero créeme cuando te digo que lo espero con ganas, las mismas con las que esperabas tú mi llegada después de aquellos días locos.

Estoy seguro de que sabrás perdonarme por no haber sabido decirte nada la tarde que te ví por última vez....

jueves, 7 de enero de 2010

Y recuerda cuando te decía...

Recuerda cuando me despertaba por las mañanas y te buscaba casi sin quererlo. Te oía moverte confiada por toda la casa, haciéndome creer que creías que todavía seguía dormido. Pero ya buscaba tu calor, embriagado por ese suave sol asfaltado que empezaba a cegarme y se mezclaba con el olor del café y de tu camisón al viento.
Cuando te observaba a escondidas detrás de mi periódico mientras afinabas con gracia aquella guitarra, cuando abría todas las ventanas a la vez para ver cómo sonreías con ese aire de vergüenza que tanto me embobaba.

Recuerda las tardes de otoño escondidos de la lluvia, poniendo nombre a cada foto rescatada, analizando momentos y salvando conversaciones y sentimientos casi remotos. Perdiendo la cordura bajo el majestuoso juego de luces de la tormenta, dejándome dibujar tu silueta en las sombras con las manos, escribiéndote de nuevo en la tapa de una caja repleta de rosas para ti.

Recuerda cuando me quedaba quieto detrás de la puerta, atento a cada detalle que me regalabas, mientras permanecías sentada sola en el banco de ese patio florecido, concentrada maquillando el mismo diario que tanto tiempo antes te había acompañado. Podía captar el ritmo y la armonía de tu pelo ondeando despacio al unísono de las cortinas blancas y los jazmines, podía escucharte pensar en voz alta como escuchaba el ulular de los pinos tan cerca de nosotros....

Recuerda aquellos días con todos en el monte. Neveras, cubiertos de plástico, gafas de sol, juegos de mesa, paseos hacia la fuente y cielos claros. Cuando solo quería prestarte atención a ti entre tantas carcajadas, cuando me mirabas desde el otro lado de esa mesa de madera desgastada y me besabas con los ojos. Las horas eran largas y no parecían caerse ni doblarse, y nuestro camino bajaba tan limpio y fluido como el riachuelo en el que te lavabas la cara antes de dormirte.

Recuerda cuando recorríamos largas carreteras aún por iluminar, cuando reíamos ante los montones de ropa de verano por planchar y de golpe te echaba contra mí, cuando te hablaba al oído y tú asentías en silencio. Cuando nos tumbábamos bajo cualquier arboleda y brindábamos cada beso con cerveza y canciones, cuando me señalabas a lo alto y me recordabas cuál es la luna a la que debo preguntarle todo...

Y contarte un saco de mentiras acerca de la duda, del miedo, del amor y de la ausencia de éste, mientras sigo con la misma lucha de siempre...