Más de lo mismo danza aquí y allá, en todas direcciones, sin ofrecerme mucho a lo que aferrarme. Lo cotidiano acaba por mermar cualquier intento por inhalar aire fresco, por aclarar un poco las ideas. No sé si no veo las salidas o simplemente me aterran tanto como no decidirme a cogerlas. No tengo muy claro si aquí empieza algo o acaba de terminar. Pero pronto lo voy a saber, porque siento el aliento de la confusión tan cerca que incluso puede llegar a darme calor. Y todavía hay tantas cosas por hacer...
Malas fechas para sentarse detrás de unas cervezas y pararse a pensar. Lo que ayer parecían suaves melodías hoy son ruido atronador, y no encuentro el lenguaje adecuado para hacérmelo entender. Soy capaz de robarle un beso a la locura y aprovecharlo, de bañar de magia todo lo impuesto, de dejar secar mi recuerdo o de asfixiarme con él, pero todavía no sé hacer callar a mi mente. Y menos aún cuando me miro y no me reconozco...
Lo peor de todo no es que no estés aquí ahora. Lo peor de todo es que te veo en cada instante que esta navidad fabrica para mí, en cada retazo de antaño que vuelve a taparme cada noche. Te veo sola y perdida, mirándome vagamente detrás del olor de aquellas rosas húmedas, luchando contra el arrebato de tus lágrimas. Converso con el mismo viento que te despeinaba sobre el río, lloro hacia adentro cuando veo tu gesto relajado soñando en el césped . Lo peor de todo es que sigo leyendo en tus labios lo que no sé si debo creer...
sábado, 26 de diciembre de 2009
martes, 22 de diciembre de 2009
Respirando
No era una mañana cualquiera. Los primeros destellos de sol contra las partículas de polvo así me lo reflejaban. Las lágrimas y torturas de la noche que se fue, con sus atuendos negros azabache, habían dejado paso a una extraña calma y sosiego en la que me sentía confortado. Miraba incrédulo al techo, casi inmóvil, agotado y más perdido que nunca. Parecía que algo había cambiado. La música se había llevado tu voz quebrada y mi recuerdo desahogado. Y no me apenaba. Lo esperaba, lo ansiaba, lo necesitaba. Esa mañana al fin no sentí pánico al despertar. Esa mañana al fin tuve los cojones necesarios para salir de la habitación y mirarme al espejo, pero mi imagen no tenía esa bruma que esperaba y, quizás, merecía.
Tú no has hecho que ahora esté así. Ni tú tampoco. Y mucho menos tú. Me gusta el contraste que habéis hecho en mi corazón, siempre pensativo, esperando a que alguna ley del destino dicte lo que él ya sabía. Él siempre lo sabe. Y eso que es el primero que tiembla cuando una carta le despierta al niño que lleva dentro, cuando un beso a deshoras lo intenta atravesar. La guerra que se enfila dentro de mí cobra tintes púrpuras a la vez que empiezo a entender que va para largo....
Puedo deambular por el centro de esta ciudad, puedo quitarme ropa y sentir el suave sol morder mis brazos y mi cara. Puedo pararme en cada escaparate y sonreír como un estúpido, elegir el atajo equivocado, saludar a los bebés que pasan en sus carritos. Puedo ver tu imagen atenuándose en la mañana con esta canción que suena, puedo creer que nada ha pasado. Puedo sortear a la jauría de gente que me rodea, decorar estas paredes, abrir de par en par las ventanas e incluso buscarte otra vez para olvidarte al fin.
Y es que tememos lo intemible. Y lo intemible siempre se escurre entre nuestras posibilidades más esperanzadoras cuando bajan los grados y la plaza se vacía. Pero no hay nada que pueda arrancar de cuajo lo que soy. Hasta el tiempo es capaz de aliarse conmigo si se lo pido. Seguro.
Enséñame por dónde va el camino del cielo y olvida lo que te digo...
Tú no has hecho que ahora esté así. Ni tú tampoco. Y mucho menos tú. Me gusta el contraste que habéis hecho en mi corazón, siempre pensativo, esperando a que alguna ley del destino dicte lo que él ya sabía. Él siempre lo sabe. Y eso que es el primero que tiembla cuando una carta le despierta al niño que lleva dentro, cuando un beso a deshoras lo intenta atravesar. La guerra que se enfila dentro de mí cobra tintes púrpuras a la vez que empiezo a entender que va para largo....
Puedo deambular por el centro de esta ciudad, puedo quitarme ropa y sentir el suave sol morder mis brazos y mi cara. Puedo pararme en cada escaparate y sonreír como un estúpido, elegir el atajo equivocado, saludar a los bebés que pasan en sus carritos. Puedo ver tu imagen atenuándose en la mañana con esta canción que suena, puedo creer que nada ha pasado. Puedo sortear a la jauría de gente que me rodea, decorar estas paredes, abrir de par en par las ventanas e incluso buscarte otra vez para olvidarte al fin.
Y es que tememos lo intemible. Y lo intemible siempre se escurre entre nuestras posibilidades más esperanzadoras cuando bajan los grados y la plaza se vacía. Pero no hay nada que pueda arrancar de cuajo lo que soy. Hasta el tiempo es capaz de aliarse conmigo si se lo pido. Seguro.
Enséñame por dónde va el camino del cielo y olvida lo que te digo...
lunes, 30 de noviembre de 2009
Palabras para extraños....
Se va posando la tarde lentamente sobre este terreno de secano en el que descanso sin importarme demasiado el tiempo que se va consumando. Tengo las manos frías, pero las entrañas me hierven como hace mucho que no ocurría. Las ideas van y vienen junto al vaivén de las ramas de estos señoriales almendros que me proporcionan sombra física y emocional, y el embalse de la ilusión amenaza con desbordarse de un momento a otro. Sé que no es una quimera. Pero también sé que puedo perderme de nuevo, y su efecto puede ser casi tan devastador como lo que siento hoy por ti.
Senda serpenteante costeando viñas y olivos. Seguramente sea ésta la que me lleve a tu arcano mundo, atrayente y cautivador pero a la vez alarmante. Las dudas me las traen los suspiros de viento junto al recuerdo de tu imagen grabada en una foto digital, de tu voz quebrada por la distancia, de la extraña manera que tengo de imaginarte cuando voy dejando atrás kilómetros y besos secos por igual...
¿Qué hacer? Sé que nada es ni será igual que antes. No con esa sonrisa alumbrando mi invierno de esta forma. Aunque por momentos me desoriente, pierda el norte y la humedad de la noche me indique el brumoso camino de la huída hacia el lugar en donde un día me apagué y me volví a encender. Pero es tu voz la que me amansa y me abruma,la que me da vida y la que elige el color de mis días a su antojo...
Entonces, ¿por qué este afán por autocastigarme una y otra vez? ¿ Por qué me esfuerzo en convencerme de que no es que no sea el momento, si no que yo ya no tengo momento alguno? Empiezo a estar harto de los escritos a deshoras, de los besos al horizonte gris, de las bandas sonoras que achican al guerrero en armas. Cansado del despiadado que acumula historias de ensueño en cajones repletos de tinieblas,confuso por la fuerza que me brinda tenerte.
No puedo evitar a veces verme pequeño y perdido ante los torbellinos mentales y el azote del pasado, pero seguiré creyendo en lo que quiero creer, es lo que me has enseñado, aunque aún no lo sepas....
Senda serpenteante costeando viñas y olivos. Seguramente sea ésta la que me lleve a tu arcano mundo, atrayente y cautivador pero a la vez alarmante. Las dudas me las traen los suspiros de viento junto al recuerdo de tu imagen grabada en una foto digital, de tu voz quebrada por la distancia, de la extraña manera que tengo de imaginarte cuando voy dejando atrás kilómetros y besos secos por igual...
¿Qué hacer? Sé que nada es ni será igual que antes. No con esa sonrisa alumbrando mi invierno de esta forma. Aunque por momentos me desoriente, pierda el norte y la humedad de la noche me indique el brumoso camino de la huída hacia el lugar en donde un día me apagué y me volví a encender. Pero es tu voz la que me amansa y me abruma,la que me da vida y la que elige el color de mis días a su antojo...
Entonces, ¿por qué este afán por autocastigarme una y otra vez? ¿ Por qué me esfuerzo en convencerme de que no es que no sea el momento, si no que yo ya no tengo momento alguno? Empiezo a estar harto de los escritos a deshoras, de los besos al horizonte gris, de las bandas sonoras que achican al guerrero en armas. Cansado del despiadado que acumula historias de ensueño en cajones repletos de tinieblas,confuso por la fuerza que me brinda tenerte.
No puedo evitar a veces verme pequeño y perdido ante los torbellinos mentales y el azote del pasado, pero seguiré creyendo en lo que quiero creer, es lo que me has enseñado, aunque aún no lo sepas....
martes, 24 de noviembre de 2009
Las flores de Azucena
Sé que lo más parecido a lo que estoy sintiendo estos días es mi silencio más sincero, el puro y embriagador recuerdo de cada instante que me has ido tejiendo en forma de acorde por algún lugar de mi alma. Lo único que podría dejarte claro qué es lo que rompe hoy contra mis venas sería verte una vez más, y no estos rastrojos de palabras que, si bien no se acercan en nada a lo que quiero contarte en mis cartas, sí logran hacerme temblar por dentro, cerrar los ojos y sentirte a mi lado tarareando alguna canción mientras recorres el centro de esta ciudad.
Hay una extraña sensación de abatimiento cuando me acuerdo de ti, cuando te escribo. Son mis cadenas las que pretenden teñir de tragedia esa sonrisa que me despierta por las mañanas junto a tu atronador abrazo, son mis brumas las que se disfrazan de amenazantes dudas a altas horas de la madrugada. Tu imagen es tan grande y nítida, tan verdadera y especial que me provoca inquietud. Y mi interior está tan arrasado por tu embrujo que me aterroriza la idea de que prenda, de que estalle en mil pedazos como lo ha hecho mi sentimiento ante tu beso de despedida...
Oscuridad, calma. Una calma desnuda que me cuesta mucho recordar. Me estás mirando tan de cerca que casi me escuecen tus miedos, tus florecidos patios cuidados por la primavera y tus tristes fotos en blanco y negro. Por un momento creo que me dices algo, pero tus labios siguen tan quietos y firmes como mis ganas de tenerte. Solo la apagada luz del televisor emitiendo vídeos musicales te enciende el rostro y muestra a mi visión la suavidad de tu mirada adormecida, que se fusiona con todas mis épocas pasadas, aplastándolas y a la vez pintándolas de un morado radiante. Todo cobra sentido ahora, las frases a medias, las ilusiones fugaces, el frío de mis noches en vela. Mil cartas al viento, un puñado de canciones y una historia que hace silbar a los árboles son ahora la respiración de tu pecho a fuego lento sobre mí. Respiro tu paz al dormir, me alimento de tu gesto relajado y del temblor de mis ojos mientras te observo. Sé que en este momento no hay nada que pueda destapar tu ánimo. Sé que no hay nada que pueda conseguir que olvide este momento nunca...
No me creo nada. Estoy tan seguro de lo que hago y de lo que siento que construyo sin quererlo nuevos dilemas. No hay temporal alguno, no hay tempestad que pueda llevarse tu silueta esculpida en pétalos de rosa lejos de mí. Sé lo que quiero y lo que necesito en cada momento, tengo muy claro el por qué de los tiempos que corren y de todo lo que ha acontecido. No puedo saber lo que nos deparará el traidor destino, el aparato eléctrico del día de mañana, los claros del cielo tras la lluvia, los paseos por el monte cuando caiga la tarde gris sin mi consentimiento, el fuego de la hoguera que calentará tus manos heladas en diciembre...pero sí sé que te voy a esperar como el que espera el reencuentro con uno mismo de una puta vez por todas.
Toda la tranquilidad y la serenidad aparente se van al traste con estas lágrimas para cerrar la noche. Es que puedo oler tu pelo, lo noto aquí. Estoy convencido de que esta noche de nuevo sigues cerca. No te has ido aún. Pero no quiero girarme para no verte. No quiero secarme la cara ni tranquilizar este nudo en el esternón. No hasta que no lo hagas tú. Vuelve a pedirme que te traiga esa flor que tanto añoras, no me importa que las colinas sigan envenenadas. Dame el pistoletazo de salida y espérame dormida...
Arrójate. Arrójate al vacío. No pienses en nada más, ya no queda nada más. Arrójate, hazlo por mí. Que no te lo impida el viento gélido ni la nieve cuajando. Arrójate sin remedio con los ojos cerrados. Hazlo ya.
Hay una extraña sensación de abatimiento cuando me acuerdo de ti, cuando te escribo. Son mis cadenas las que pretenden teñir de tragedia esa sonrisa que me despierta por las mañanas junto a tu atronador abrazo, son mis brumas las que se disfrazan de amenazantes dudas a altas horas de la madrugada. Tu imagen es tan grande y nítida, tan verdadera y especial que me provoca inquietud. Y mi interior está tan arrasado por tu embrujo que me aterroriza la idea de que prenda, de que estalle en mil pedazos como lo ha hecho mi sentimiento ante tu beso de despedida...
Oscuridad, calma. Una calma desnuda que me cuesta mucho recordar. Me estás mirando tan de cerca que casi me escuecen tus miedos, tus florecidos patios cuidados por la primavera y tus tristes fotos en blanco y negro. Por un momento creo que me dices algo, pero tus labios siguen tan quietos y firmes como mis ganas de tenerte. Solo la apagada luz del televisor emitiendo vídeos musicales te enciende el rostro y muestra a mi visión la suavidad de tu mirada adormecida, que se fusiona con todas mis épocas pasadas, aplastándolas y a la vez pintándolas de un morado radiante. Todo cobra sentido ahora, las frases a medias, las ilusiones fugaces, el frío de mis noches en vela. Mil cartas al viento, un puñado de canciones y una historia que hace silbar a los árboles son ahora la respiración de tu pecho a fuego lento sobre mí. Respiro tu paz al dormir, me alimento de tu gesto relajado y del temblor de mis ojos mientras te observo. Sé que en este momento no hay nada que pueda destapar tu ánimo. Sé que no hay nada que pueda conseguir que olvide este momento nunca...
No me creo nada. Estoy tan seguro de lo que hago y de lo que siento que construyo sin quererlo nuevos dilemas. No hay temporal alguno, no hay tempestad que pueda llevarse tu silueta esculpida en pétalos de rosa lejos de mí. Sé lo que quiero y lo que necesito en cada momento, tengo muy claro el por qué de los tiempos que corren y de todo lo que ha acontecido. No puedo saber lo que nos deparará el traidor destino, el aparato eléctrico del día de mañana, los claros del cielo tras la lluvia, los paseos por el monte cuando caiga la tarde gris sin mi consentimiento, el fuego de la hoguera que calentará tus manos heladas en diciembre...pero sí sé que te voy a esperar como el que espera el reencuentro con uno mismo de una puta vez por todas.
Toda la tranquilidad y la serenidad aparente se van al traste con estas lágrimas para cerrar la noche. Es que puedo oler tu pelo, lo noto aquí. Estoy convencido de que esta noche de nuevo sigues cerca. No te has ido aún. Pero no quiero girarme para no verte. No quiero secarme la cara ni tranquilizar este nudo en el esternón. No hasta que no lo hagas tú. Vuelve a pedirme que te traiga esa flor que tanto añoras, no me importa que las colinas sigan envenenadas. Dame el pistoletazo de salida y espérame dormida...
Arrójate. Arrójate al vacío. No pienses en nada más, ya no queda nada más. Arrójate, hazlo por mí. Que no te lo impida el viento gélido ni la nieve cuajando. Arrójate sin remedio con los ojos cerrados. Hazlo ya.
miércoles, 14 de octubre de 2009
Te espero en tus sueños
Tenía que ser esta gran urbe con sus interminables luces, con su embrujo cuando cae la noche. Tenía que ser en esta época, justo cuando los montones de hojas secas quieren dibujarme tu rostro perfecto, cuando las lluvias contrastan con el azul radiante casi al unísono que tu ánimo. Tenía que ser ahora, que caigo en el letargo de tu vacío y me entretengo besando tus huellas en la soledad. Y tenías que ser tú, tan viva, dulce y pura como te imaginaba, tan suave y angelical como te encontré en mis sueños no hace mucho....
No descubrí ningún sentido a tu aparición en mi vida, ni tampoco a cómo te habías acomodado en tu pequeño barrio de fachadas blancas dentro de mi pecho. Aunque de poco me importaba mientras clavaba la mirada contra la familiar entrada del bar que iba a encender la mecha. Tenía tanto miedo a verte como a dejarte marchar después. Pero ni todos mis escritos pasados juntos pueden descifrar lo que se hizo añicos en mí al ver como tu sonrisa se fundía con la tenue luz de la estancia. Ni todas las canciones que han osado hacerme llorar alguna vez pueden hilar la melodía que compusiste sin querer con tu abrazo. De un plumazo, tenía lo que tantas y tantas noches rogué al maldito cielo entre susurros y sollozos de rabia. Y ella sin saberlo, ahí delante, gesticulando y hablándome del río y del horizonte iluminado a últimas horas de la tarde....
Las horas se caen como trozos de repisa en ruinas. Brota de tus labios cautelosos todo el queroseno de tu pasado, que se abre a mis brazos como una amapola en mayo. No puedo dejar de mirarte fijamente al alma, envuelta en un halo de ensueño, tan frágil y preciada que se abre paso a codazos en mi historia mezclándose con el anhelo que me va a tragar cuando te vayas. Temo perderte y no sé por qué. Temo no saber qué siento por ti. Y temo seguir durmiendo con tu foto amordazada a mi pecho. Mi amor no tiene claro si vestirse de gala o ,por el contrario, enfundarse la sotana. Si inundar tu balcón de flores o tratar de ignorar el hechizo de polvo de cometa con el que me has encadenado a ti....
Descubrí tu fragancia al abrir tus cartas y ahora la hago mía recorriendo tu cuello de muñeca de porcelana. No me lo puedo creer. Tengo que estar todavía en aquel sueño. Todo ha sido tan fugaz y galopante que no asimilo que esta mano que me aprieta con fuerza es real. Pero si despierto ahora y no tengo tus ojos entrecerrados a escasos centímetros no me lo perdonaría nunca. Quiero perderme en el jazmín de tu recuerdo y olvidarme de quién soy. Desmenuzar este amor a quemarropa sin más ayuda que el saber que puedo verte soñar durante horas. Pero te vas a ir, y no sé qué decirte. Cualquier frase o metáfora se convierten en hierbajos secos cuando pienso en tu partida. Me voy a odiar tanto que ahora tan sólo me concentro en quererte como únicamente en otra época se supo querer...
Me flaquean las fuerzas para seguir como hasta ahora, sin el arrebato de tu risa por la mañana. Pero he descubierto tantas cosas que no puedo dejarme crucificar por esta asfixiante tristeza. Rescataré tus besos de anís de lo más profundo de mi memoria cada día para que adornen mi vida, y recordaré tu silueta dormida bajo la triste armonía de una antigua caja de música. Me quedo esa parte tuya que te he robado, la hago mía, y trato de creerme alguien dentro de tu mundo de montañas y riachuelos...
No te empeñes en secar mis lágrimas con las tuyas. Prometo que te voy a llevar tan dentro de mí que ni siquiera te vas a enterar. Y que el invierno me sepulte entre tus piernas....
No descubrí ningún sentido a tu aparición en mi vida, ni tampoco a cómo te habías acomodado en tu pequeño barrio de fachadas blancas dentro de mi pecho. Aunque de poco me importaba mientras clavaba la mirada contra la familiar entrada del bar que iba a encender la mecha. Tenía tanto miedo a verte como a dejarte marchar después. Pero ni todos mis escritos pasados juntos pueden descifrar lo que se hizo añicos en mí al ver como tu sonrisa se fundía con la tenue luz de la estancia. Ni todas las canciones que han osado hacerme llorar alguna vez pueden hilar la melodía que compusiste sin querer con tu abrazo. De un plumazo, tenía lo que tantas y tantas noches rogué al maldito cielo entre susurros y sollozos de rabia. Y ella sin saberlo, ahí delante, gesticulando y hablándome del río y del horizonte iluminado a últimas horas de la tarde....
Las horas se caen como trozos de repisa en ruinas. Brota de tus labios cautelosos todo el queroseno de tu pasado, que se abre a mis brazos como una amapola en mayo. No puedo dejar de mirarte fijamente al alma, envuelta en un halo de ensueño, tan frágil y preciada que se abre paso a codazos en mi historia mezclándose con el anhelo que me va a tragar cuando te vayas. Temo perderte y no sé por qué. Temo no saber qué siento por ti. Y temo seguir durmiendo con tu foto amordazada a mi pecho. Mi amor no tiene claro si vestirse de gala o ,por el contrario, enfundarse la sotana. Si inundar tu balcón de flores o tratar de ignorar el hechizo de polvo de cometa con el que me has encadenado a ti....
Descubrí tu fragancia al abrir tus cartas y ahora la hago mía recorriendo tu cuello de muñeca de porcelana. No me lo puedo creer. Tengo que estar todavía en aquel sueño. Todo ha sido tan fugaz y galopante que no asimilo que esta mano que me aprieta con fuerza es real. Pero si despierto ahora y no tengo tus ojos entrecerrados a escasos centímetros no me lo perdonaría nunca. Quiero perderme en el jazmín de tu recuerdo y olvidarme de quién soy. Desmenuzar este amor a quemarropa sin más ayuda que el saber que puedo verte soñar durante horas. Pero te vas a ir, y no sé qué decirte. Cualquier frase o metáfora se convierten en hierbajos secos cuando pienso en tu partida. Me voy a odiar tanto que ahora tan sólo me concentro en quererte como únicamente en otra época se supo querer...
Me flaquean las fuerzas para seguir como hasta ahora, sin el arrebato de tu risa por la mañana. Pero he descubierto tantas cosas que no puedo dejarme crucificar por esta asfixiante tristeza. Rescataré tus besos de anís de lo más profundo de mi memoria cada día para que adornen mi vida, y recordaré tu silueta dormida bajo la triste armonía de una antigua caja de música. Me quedo esa parte tuya que te he robado, la hago mía, y trato de creerme alguien dentro de tu mundo de montañas y riachuelos...
No te empeñes en secar mis lágrimas con las tuyas. Prometo que te voy a llevar tan dentro de mí que ni siquiera te vas a enterar. Y que el invierno me sepulte entre tus piernas....
martes, 29 de septiembre de 2009
Con tu dulce armonía....
¿Quién dicta mi voluntad ahora?¿La fatídica ausencia parcial de sentimientos?¿O tú, que hace un rato que te has perdido entre la gente? No me preguntes por qué, pero no espero tu regreso. Te pongo en venta y sonrío. Parece mentira, ¿verdad?
El caso es que este lugar está sacándome de quicio. Con su ambigua oscuridad, capaz de zarandearme entre distintos mundos, a cuál más absurdo, y con su intratable desorden por todos los lados. Ni escucho música, ni escucho al imbécil que trata de convencerme para que no te abandone esta misma noche. Me limito a recorrer la estancia, a segar a fuego lento la soez sombra de tu endiosada, a intercambiar miradas con el ácido que navega en los ojos de la multitud. Me odio tanto que no soy capaz de abandonar....
Estoy apoyado en unos agrietados azulejos blancos. En el vacío que dejan mis ojos cerrados puedo escuchar aquellos sonidos, flautas y cuerdas que me devuelven la fuerza interior. Pero me encuentro tan apagado anímicamente que no entiendo su lenguaje. Tengo presente la cantidad de gente que me espera al otro lado de este océano tan pesado y gris, veo sus rostros, sus sonrisas forzadas y pintadas en máscaras de tragedia. Los aromas se mezclan de una manera sobrenatural, y empiezo a tener mucho frío... casi tanto como cuando regresaba a casa bajo la lluvia con tu desprecio y tu adiós por bandera...
Hoy el cielo está roto sin remedio, pero seguramente sea mejor así...
El caso es que este lugar está sacándome de quicio. Con su ambigua oscuridad, capaz de zarandearme entre distintos mundos, a cuál más absurdo, y con su intratable desorden por todos los lados. Ni escucho música, ni escucho al imbécil que trata de convencerme para que no te abandone esta misma noche. Me limito a recorrer la estancia, a segar a fuego lento la soez sombra de tu endiosada, a intercambiar miradas con el ácido que navega en los ojos de la multitud. Me odio tanto que no soy capaz de abandonar....
Estoy apoyado en unos agrietados azulejos blancos. En el vacío que dejan mis ojos cerrados puedo escuchar aquellos sonidos, flautas y cuerdas que me devuelven la fuerza interior. Pero me encuentro tan apagado anímicamente que no entiendo su lenguaje. Tengo presente la cantidad de gente que me espera al otro lado de este océano tan pesado y gris, veo sus rostros, sus sonrisas forzadas y pintadas en máscaras de tragedia. Los aromas se mezclan de una manera sobrenatural, y empiezo a tener mucho frío... casi tanto como cuando regresaba a casa bajo la lluvia con tu desprecio y tu adiós por bandera...
Hoy el cielo está roto sin remedio, pero seguramente sea mejor así...
domingo, 20 de septiembre de 2009
Me sobran ganas...
Aún me cuesta saber si este punto es el inicio o el final del viaje. La bruma matinal se enzarza con los olores del frío otoño, y no es fácil ver qué hay al otro lado de las cristaleras disfrazadas por el rocío. Pero sé que no hay marcha atrás: hay errores incurables caminando lentamente hacia la luz de su perdición, un fluido de sinsabores que gotean, escandalosos, en el polvoriento y ruinoso rellano de mi dormitar. Es la hora de pedir cuentas al mismísimo diablo, de enmarcarte en el olvido, de recoger las migas que dejé sembradas en aquel camino serpenteante.
Ruido. Mucho ruido. Jamás creí que llegaría este momento, y aquí lo tengo. Siento escarcha en el pecho al contemplar el tren que se empeña en llevarte lejos para siempre. Todo es un hervidero de gente arriba y abajo. Hay abrazos, hay lágrimas, hay cartas de despedida arrastradas por el sucio viento. Una historia reducida a cenizas en su totalidad, raseando tan cerca de mi estabilidad que por momentos creo desvanecerme. Me queman las manos y parece que la cabeza va a estallar, sentado, alejado del vaivén del gentío. No quiero ver que ya no estás mirándome a través de ese ventanal. No quiero firmar tu adiós. No de esta manera....
Desde aquí todo parece diferente. El bar de barrio permanece semi vacío, envuelto en un aura de calma tensa que me tiene descolocado. Entre mis manos, todas esas promesas arrugadas y manchadas junto al paquete de tabaco. Promesas congeladas en la eternidad, suaves prodigios troceados por la voracidad de la fatalidad. Parece que puedo continuar con mi viaje. ¿La verdad? Siempre lo imaginé menos accesible. Y a ti también.
Hay que ver cómo son las noches de verano. Lo que pueden llegar a esconder entre tanta tonalidad de colores en sus cielos. Casi tanta tristeza como las letras que se amontonan en esta carta helada que me esfuerzo en acabar mientras las calles entonan sus valses de medianoche. Te he visto pasar no hace mucho, con tus maneras aisladas, seguramente buscando las mismas respuestas que yo espero encontrar en este papel. Quizás debería ir detrás de ti y pedirte que te quedes, que me ayudes a construir este muro rudo que acabará asfixiándome. Quizás... pero ahora tengo que irme. Ha sido un placer besarte con la mirada, sé que pronto volveremos a vernos....
Otro tren. Ahora soy yo el que se dirige hacia una nueva aventura. Tengo tanto miedo que apenas soy capaz de pensar, de ordenar medianamente todas las ideas que afloran en mí. Trato de no ser consciente del paso del tiempo, en un intento absurdo de entender qué hago esperando tu llamada en este triste vagón. Todo lo que me rodea sabe a nuevo, y eso me llena de fuerzas. Necesitaba perderme por estas llanuras, descubrir miradas que no me digan nada, amanecer sin tu latido y maltratar tu ausencia hasta la saciedad.
Y perdóname si tengo que esforzarme para recordarte....
Es temprano. Y es extraño que esté despierto y vestido a estas horas. Abrigado por este jersey verde y viendo al mundo despertarse. Los ancianos se amontonan en torno a las obras de la plaza, y las señoras ya se ven paseando sus carros de compra mientras ondean sus bastas bufandas al helor de diciembre. Los hombres bien uniformados atienden sus nerviosas llamadas apoyados en la parada del autobús, y alguna joven aún dormida y mal maquillada se protege de la lluvia bajo las repisas.
¿Cuánto queda por contar, realmente? Esta ventana sabe demasiado. Estoy harto de remover esta taza de café, estoy harto de estas décimas de fiebre que vuelven aún más azules mis ojos cansados. Pero estoy bien. Me encuentro limpio, puro, seguro....abrazado a mi nueva vida y esperando que esta me adormezca.
Y suena el teléfono....
Ruido. Mucho ruido. Jamás creí que llegaría este momento, y aquí lo tengo. Siento escarcha en el pecho al contemplar el tren que se empeña en llevarte lejos para siempre. Todo es un hervidero de gente arriba y abajo. Hay abrazos, hay lágrimas, hay cartas de despedida arrastradas por el sucio viento. Una historia reducida a cenizas en su totalidad, raseando tan cerca de mi estabilidad que por momentos creo desvanecerme. Me queman las manos y parece que la cabeza va a estallar, sentado, alejado del vaivén del gentío. No quiero ver que ya no estás mirándome a través de ese ventanal. No quiero firmar tu adiós. No de esta manera....
Desde aquí todo parece diferente. El bar de barrio permanece semi vacío, envuelto en un aura de calma tensa que me tiene descolocado. Entre mis manos, todas esas promesas arrugadas y manchadas junto al paquete de tabaco. Promesas congeladas en la eternidad, suaves prodigios troceados por la voracidad de la fatalidad. Parece que puedo continuar con mi viaje. ¿La verdad? Siempre lo imaginé menos accesible. Y a ti también.
Hay que ver cómo son las noches de verano. Lo que pueden llegar a esconder entre tanta tonalidad de colores en sus cielos. Casi tanta tristeza como las letras que se amontonan en esta carta helada que me esfuerzo en acabar mientras las calles entonan sus valses de medianoche. Te he visto pasar no hace mucho, con tus maneras aisladas, seguramente buscando las mismas respuestas que yo espero encontrar en este papel. Quizás debería ir detrás de ti y pedirte que te quedes, que me ayudes a construir este muro rudo que acabará asfixiándome. Quizás... pero ahora tengo que irme. Ha sido un placer besarte con la mirada, sé que pronto volveremos a vernos....
Otro tren. Ahora soy yo el que se dirige hacia una nueva aventura. Tengo tanto miedo que apenas soy capaz de pensar, de ordenar medianamente todas las ideas que afloran en mí. Trato de no ser consciente del paso del tiempo, en un intento absurdo de entender qué hago esperando tu llamada en este triste vagón. Todo lo que me rodea sabe a nuevo, y eso me llena de fuerzas. Necesitaba perderme por estas llanuras, descubrir miradas que no me digan nada, amanecer sin tu latido y maltratar tu ausencia hasta la saciedad.
Y perdóname si tengo que esforzarme para recordarte....
Es temprano. Y es extraño que esté despierto y vestido a estas horas. Abrigado por este jersey verde y viendo al mundo despertarse. Los ancianos se amontonan en torno a las obras de la plaza, y las señoras ya se ven paseando sus carros de compra mientras ondean sus bastas bufandas al helor de diciembre. Los hombres bien uniformados atienden sus nerviosas llamadas apoyados en la parada del autobús, y alguna joven aún dormida y mal maquillada se protege de la lluvia bajo las repisas.
¿Cuánto queda por contar, realmente? Esta ventana sabe demasiado. Estoy harto de remover esta taza de café, estoy harto de estas décimas de fiebre que vuelven aún más azules mis ojos cansados. Pero estoy bien. Me encuentro limpio, puro, seguro....abrazado a mi nueva vida y esperando que esta me adormezca.
Y suena el teléfono....
miércoles, 16 de septiembre de 2009
Confesiones
Joder, ya casi no recordaba todo esto. Es fabuloso, casi hipnótico, dejarse embriagar por la furia del agua al chocar contra el asfalto limpio. Cerrar los ojos y elevar la cabeza hacia la ventisca húmeda, permitiendo a las reminiscencias empaparse y florecer como nuevos amaneceres perdidos en alta mar. Estos escalofríos que me hacen sentir pequeño, inútil, triste, gris,...esta evasión bendita, estas ganas de cerrar los ojos y perder tu tren para siempre, este deseo inconmensurable de volverte a dormir entre mis brazos y de mezclar tu confusión con mi inapetencia...
No necesito gran cosa para percatarme de que todo ha vuelto a cambiar, una vez más. Las lluvias torrenciales que ya se descuelgan por la zona no son mas que un vivo reflejo de mi recuerdo, alterado y agresivo, recorriendo sin demora cada suburbio interior por donde todavía hoy sigue mendigando tu sombra...
Porque eras tú, ¿verdad? No te voy a negar que me ha sorprendido reconocerte bajo esa lluvia y tras esa capucha. No esperaba que irrumpieras en la magia que me estaba brindando la calle mojada, en el sensual desliz que estaba teniendo con la locura. Y ríes al cielo iluminado, pero por dentro te desalmas lentamente. No recuerdas mi gesto, pero escribo con pluma de perdedor en cada retal de tu melancolía. Te ríes de mí, pero yo también me río del tipo del que crees reírte.
Es posible que fuera cierto. Es posible que haya cometido el error más estúpido que nunca llegué a imaginar. Pero ahora sé que de las cenizas se puede renacer sin miedo a ser reducido de nuevo, sin miedo a tener que cavar tu propia fosa. Amando al pasado, ignorando el presente, temiendo al futuro como la tripulación teme a la tormenta que me aclara el camino en estos precisos momentos. Creyendo en unos principios que parecían haber sido engullidos por el caos, por la música que suena cuando me duermo tan lejos de aquellos días. Firmando cavilaciones que cobran forma de la misma manera en la que se desvanecen en el tiempo, dejando como única estela esta sensación de invencibilidad que amenaza con abatirme de nuevo...
Autovía hacia algún lugar. Qué desolado panorama, ¿no? Todo parece un baile de penumbra, un remoto pasadizo hacia dulces y esperanzadoras obsesiones. Relampaguea allá donde me alcanza la vista, y el cauce del río ya comienza a llenarse. A los lados, las urbes de luto, apagadas como cigarrillos consumados, tratando de hacerme sentir perdido y hundido sin ti. Pero ciertamente he ganado la partida, y así me lo confirma el sosiego helado de tu jodido llanto parpadeando en mi memoria. Hoy no voy a llenar de champagne tu brillante copa, ni tampoco voy a hacerla añicos contra tu soberbia. Me basto y me sobro para olvidarte.
En mi violento mundo de minas y desengaños aún cabe la ilusión. Aún cabe la idea del poder del destino, de la inmensa fuerza de la casualidad más abrumadora. Del rayo de luz angelical entre tantas tumbas de sal....pero con un agonizante reflejo, casi imaginario, tan débil e insignificante como mi vida sin ti...
No necesito gran cosa para percatarme de que todo ha vuelto a cambiar, una vez más. Las lluvias torrenciales que ya se descuelgan por la zona no son mas que un vivo reflejo de mi recuerdo, alterado y agresivo, recorriendo sin demora cada suburbio interior por donde todavía hoy sigue mendigando tu sombra...
Porque eras tú, ¿verdad? No te voy a negar que me ha sorprendido reconocerte bajo esa lluvia y tras esa capucha. No esperaba que irrumpieras en la magia que me estaba brindando la calle mojada, en el sensual desliz que estaba teniendo con la locura. Y ríes al cielo iluminado, pero por dentro te desalmas lentamente. No recuerdas mi gesto, pero escribo con pluma de perdedor en cada retal de tu melancolía. Te ríes de mí, pero yo también me río del tipo del que crees reírte.
Es posible que fuera cierto. Es posible que haya cometido el error más estúpido que nunca llegué a imaginar. Pero ahora sé que de las cenizas se puede renacer sin miedo a ser reducido de nuevo, sin miedo a tener que cavar tu propia fosa. Amando al pasado, ignorando el presente, temiendo al futuro como la tripulación teme a la tormenta que me aclara el camino en estos precisos momentos. Creyendo en unos principios que parecían haber sido engullidos por el caos, por la música que suena cuando me duermo tan lejos de aquellos días. Firmando cavilaciones que cobran forma de la misma manera en la que se desvanecen en el tiempo, dejando como única estela esta sensación de invencibilidad que amenaza con abatirme de nuevo...
Autovía hacia algún lugar. Qué desolado panorama, ¿no? Todo parece un baile de penumbra, un remoto pasadizo hacia dulces y esperanzadoras obsesiones. Relampaguea allá donde me alcanza la vista, y el cauce del río ya comienza a llenarse. A los lados, las urbes de luto, apagadas como cigarrillos consumados, tratando de hacerme sentir perdido y hundido sin ti. Pero ciertamente he ganado la partida, y así me lo confirma el sosiego helado de tu jodido llanto parpadeando en mi memoria. Hoy no voy a llenar de champagne tu brillante copa, ni tampoco voy a hacerla añicos contra tu soberbia. Me basto y me sobro para olvidarte.
En mi violento mundo de minas y desengaños aún cabe la ilusión. Aún cabe la idea del poder del destino, de la inmensa fuerza de la casualidad más abrumadora. Del rayo de luz angelical entre tantas tumbas de sal....pero con un agonizante reflejo, casi imaginario, tan débil e insignificante como mi vida sin ti...
Don't judge me so harsh little girl
you got a playboy mommy ...
lunes, 31 de agosto de 2009
Verdugo de noches
Un velo de confusión irracional me atormenta casi tanto como el aire que anuncia la llegada de una de tus tempestades. No sé si lo que siento es lo que sentí, si lo que sentí es lo que siento, o si ni siento ahora ni sentí entonces....
Aprovecho para releer los viejos libros y sacarle brillo a la empuñadura de mi recuerdo más agridulce: aquellos días en los que me debatía por dentro cada vez que el sol se fundía, cuando podía ver a mi alrededor las miradas complacientes, el orgullo refinado, la ilusionada desdicha. Los domingos al anochecer, cruzando con determinación la oscuridad y abriéndome al fulgor de la multitud. Amontonando ropa arrugada, brindando con tu olvido, fumándome el helor de tu dejadez y rebasando esquinas que jamás imaginé.
El día no ha comenzado muy bien, que digamos. Una inesperada llamada tuya ha roto la mañana en varios trozos, como viene siendo habitual. No me ha hecho falta mucho tiempo para comprender que la salida que busco está, como mínimo, truncada y deshecha. Parece ser que todos mis planes e intenciones son descabellados, escandalizadores, sin sentido alguno. Los grises y secos labios de la depresión sellan mi última carta de esperanza dirigida quién sabe hacia dónde....
Ni los ahogados garabatos en este papel ni el café espumoso que me calienta el alma consiguen evadirme de toda esta nube de carbón. Quizás esté todo más escrito de lo que creí en un principio. Puede que el equilibrio resida en ser mejor persona, reunir los vértices que formaron el espíritu de aquél que fui un día y tratar de encajarlos. Pulir tu encanto, ensalzar el clímax, abrir las ventanas de par en par y perderme entre sueños de cristal ahumado para creer en algo que seguramente esté censurado.
La calma de estas horas me hace sentir más perdido aún. Pienso en los que parten hacia una nueva etapa de su vida, con un buen surtido de fuerza y desamor a partes iguales, y noto su nudo en la garganta como si fuese mío. No puedo evitar asustarme una vez más por los incontrolados e inhóspitos atajos que en ocasiones utiliza la vida para convencernos de algo, hundirnos en nuestra propia vergüenza o lanzarnos septiembre encima como si de una losa se tratara...
Si es lo que deseas, abrígate bien y vete. Seguro que no mereces ni que recuerde tu nombre mucho más allá de esta noche...
Aprovecho para releer los viejos libros y sacarle brillo a la empuñadura de mi recuerdo más agridulce: aquellos días en los que me debatía por dentro cada vez que el sol se fundía, cuando podía ver a mi alrededor las miradas complacientes, el orgullo refinado, la ilusionada desdicha. Los domingos al anochecer, cruzando con determinación la oscuridad y abriéndome al fulgor de la multitud. Amontonando ropa arrugada, brindando con tu olvido, fumándome el helor de tu dejadez y rebasando esquinas que jamás imaginé.
El día no ha comenzado muy bien, que digamos. Una inesperada llamada tuya ha roto la mañana en varios trozos, como viene siendo habitual. No me ha hecho falta mucho tiempo para comprender que la salida que busco está, como mínimo, truncada y deshecha. Parece ser que todos mis planes e intenciones son descabellados, escandalizadores, sin sentido alguno. Los grises y secos labios de la depresión sellan mi última carta de esperanza dirigida quién sabe hacia dónde....
Ni los ahogados garabatos en este papel ni el café espumoso que me calienta el alma consiguen evadirme de toda esta nube de carbón. Quizás esté todo más escrito de lo que creí en un principio. Puede que el equilibrio resida en ser mejor persona, reunir los vértices que formaron el espíritu de aquél que fui un día y tratar de encajarlos. Pulir tu encanto, ensalzar el clímax, abrir las ventanas de par en par y perderme entre sueños de cristal ahumado para creer en algo que seguramente esté censurado.
La calma de estas horas me hace sentir más perdido aún. Pienso en los que parten hacia una nueva etapa de su vida, con un buen surtido de fuerza y desamor a partes iguales, y noto su nudo en la garganta como si fuese mío. No puedo evitar asustarme una vez más por los incontrolados e inhóspitos atajos que en ocasiones utiliza la vida para convencernos de algo, hundirnos en nuestra propia vergüenza o lanzarnos septiembre encima como si de una losa se tratara...
Si es lo que deseas, abrígate bien y vete. Seguro que no mereces ni que recuerde tu nombre mucho más allá de esta noche...
jueves, 23 de julio de 2009
Un día más sin ti (Perro de guerra II)
Calla, no puedo oír tu voz. Me quema. Me da miedo. No quiero oírla si va acompañada de esos sollozos desesperados. No sigas, por favor. No me digas que lo sientes, no me digas que me esperas. Me duele tanto verte... ¿ Por qué ahora?
Siete de la mañana. La estridente y escandalosa alarma se abre entre la oscuridad con su insoportable chirrido, seguida no muchos segundos después por el grito seco del pobre diablo que juega a ser el último imaginaria de la madrugada. “¡ Compañía, diana!” Estoy tan hasta las pelotas de escuchar esas palabras que sin dudarlo saldría a patearle la boca hasta la saciedad. Pero el caso es que estoy despierto, boca arriba, murmurando algo ininteligible y tapado a más no poder. Las prisas del resto de compañeros en levantarse y salir apresuradamente al lavabo me obliga, muy a regañadientes, a botar de esta dura y rígida cama.
Ruido de taquillas, buenos días de rigor, caras sonámbulas, enjambre de ropa húmeda,...abro las persianas y tanto el cielo negro como la humedad que revolotea los focos me hunden un poco más el ánimo. Pero no puedo perder más tiempo con estas sandeces, mi pesar importa ahora casi tan poco como que afuera diluvia.
Minutos después me sorprendo frente a los enormes espejos del servicio, helado de frío pero sin camiseta, pringado de espuma de afeitar y de sangre por igual, y con una desquicia encima que por momentos me creo capaz de mandarlo todo a la mierda. El ajetreo me incomoda. Todos me incomodan.
Formación matutina y uniforme de gimnasia. Los mandos no parecen muy contentos hoy, y repasan con aire amenazante a la manada de hombres que ahora tratan de permanecer erguidos. Novedades, saludos....comienza un nuevo día. Otro más. Y es ahora cuando despierto realmente, cuando me doy cuenta de que a esto aún le queda mucho camino, mientras permanezco colgado de la barra de metal y chorreando toda la lluvia que me atiza descaradamente...
Abro los ojos. Solo unos centímetros me separan de la grava del suelo, y el olor a pólvora y a tierra mojada son casi mareantes. Con ademán de resignación, me ajusto el casco lo mejor que puedo y me incorporo. A mi lado encuentro al hombre con el que tengo que compartir fusil, sonriendo y ofreciéndome un cigarrillo que acepto y enciendo automáticamente. Hay gritos en la lejanía, reproches, y una nueva ráfaga de disparos levantando la humareda que me impide verte...
En la cantina por la tarde todo parece distinto: los soldados ríen, juegan a los videojuegos, comen, beben, dialogan, leen la prensa e incluso pelean. Las cervezas se amontonan en las mesas y las colillas humean en los rincones. En mi grupo, pierdo el hilo de la conversación antes incluso de darla por iniciada. De vez en cuando, un sorbo al vaso o una risa histérica me devuelve a su dimensión, pero no ocurre con mucha frecuencia, y siento que me apago lentamente como la tarde lo hace ante nosotros.
El frío me quema el cuerpo mientras me cubro el rostro con el pasamontañas y me coloco la mochila sobre el chaquetón impermeable. Solo mi propio aliento me proporciona calor. Suficiente. No te tengo, ¿recuerdas?
Noche estrellada, rasa, gélida. Estamos sentados debajo del enorme árbol donde nos han marcado el punto de partida. Es emocionante, hay algo en este momento que me hace sentir bien. Quizás sea la unión, o el silencio, o muy probablemente tu recuerdo parpadeando cerca de la lejana vista de la gran ciudad. Y esa es la única guía de la que sé hacerme cargo, la única brújula existente, la combinación de constelaciones indicada para llegar a ti. Pero ahora mismo no creo en ella. No creo en nada, y eso me hace mucho más fuerte de lo que piensas.
Mochila, botella de agua, jersey y cuello de camisa. Ocupo el último asiento de este autobús y me pierdo con el mp3. Necesito llegar a casa ya, y no sé para qué. Todo seguirá exactamente igual: fotos marchitas, cajones repletos de basura emocional, las navidades asomando por la esquina, canciones que me harán encharcar la mirada y tabaco para quemar mi pecho un poco más. Este es el sucio engaño de la sociedad. Y estoy dispuesto a ser enterrado por los fantasmas del pasado en cualquier momento....
¿Otra vez dormido? Seguro, ya que es en el único estado que consigo verte. ¿Por qué no llamas? ¿Qué ha cambiado? Mírame, me doy asco, no soporto este olor a colonia y mucho menos esta balada que me adormece. ¿ Por qué has desistido? No lo entiendo...aún puedo ver el teléfono llorando tu última llamada sin respuesta....¿Por qué soy tan egoísta y duro contigo?
Esto ha muerto sin remedio, lo sé, pero me acojona tanto asimilarlo que temo perder el control igual que te perdí a ti...
Siete de la mañana. La estridente y escandalosa alarma se abre entre la oscuridad con su insoportable chirrido, seguida no muchos segundos después por el grito seco del pobre diablo que juega a ser el último imaginaria de la madrugada. “¡ Compañía, diana!” Estoy tan hasta las pelotas de escuchar esas palabras que sin dudarlo saldría a patearle la boca hasta la saciedad. Pero el caso es que estoy despierto, boca arriba, murmurando algo ininteligible y tapado a más no poder. Las prisas del resto de compañeros en levantarse y salir apresuradamente al lavabo me obliga, muy a regañadientes, a botar de esta dura y rígida cama.
Ruido de taquillas, buenos días de rigor, caras sonámbulas, enjambre de ropa húmeda,...abro las persianas y tanto el cielo negro como la humedad que revolotea los focos me hunden un poco más el ánimo. Pero no puedo perder más tiempo con estas sandeces, mi pesar importa ahora casi tan poco como que afuera diluvia.
Minutos después me sorprendo frente a los enormes espejos del servicio, helado de frío pero sin camiseta, pringado de espuma de afeitar y de sangre por igual, y con una desquicia encima que por momentos me creo capaz de mandarlo todo a la mierda. El ajetreo me incomoda. Todos me incomodan.
Formación matutina y uniforme de gimnasia. Los mandos no parecen muy contentos hoy, y repasan con aire amenazante a la manada de hombres que ahora tratan de permanecer erguidos. Novedades, saludos....comienza un nuevo día. Otro más. Y es ahora cuando despierto realmente, cuando me doy cuenta de que a esto aún le queda mucho camino, mientras permanezco colgado de la barra de metal y chorreando toda la lluvia que me atiza descaradamente...
Abro los ojos. Solo unos centímetros me separan de la grava del suelo, y el olor a pólvora y a tierra mojada son casi mareantes. Con ademán de resignación, me ajusto el casco lo mejor que puedo y me incorporo. A mi lado encuentro al hombre con el que tengo que compartir fusil, sonriendo y ofreciéndome un cigarrillo que acepto y enciendo automáticamente. Hay gritos en la lejanía, reproches, y una nueva ráfaga de disparos levantando la humareda que me impide verte...
En la cantina por la tarde todo parece distinto: los soldados ríen, juegan a los videojuegos, comen, beben, dialogan, leen la prensa e incluso pelean. Las cervezas se amontonan en las mesas y las colillas humean en los rincones. En mi grupo, pierdo el hilo de la conversación antes incluso de darla por iniciada. De vez en cuando, un sorbo al vaso o una risa histérica me devuelve a su dimensión, pero no ocurre con mucha frecuencia, y siento que me apago lentamente como la tarde lo hace ante nosotros.
El frío me quema el cuerpo mientras me cubro el rostro con el pasamontañas y me coloco la mochila sobre el chaquetón impermeable. Solo mi propio aliento me proporciona calor. Suficiente. No te tengo, ¿recuerdas?
Noche estrellada, rasa, gélida. Estamos sentados debajo del enorme árbol donde nos han marcado el punto de partida. Es emocionante, hay algo en este momento que me hace sentir bien. Quizás sea la unión, o el silencio, o muy probablemente tu recuerdo parpadeando cerca de la lejana vista de la gran ciudad. Y esa es la única guía de la que sé hacerme cargo, la única brújula existente, la combinación de constelaciones indicada para llegar a ti. Pero ahora mismo no creo en ella. No creo en nada, y eso me hace mucho más fuerte de lo que piensas.
Mochila, botella de agua, jersey y cuello de camisa. Ocupo el último asiento de este autobús y me pierdo con el mp3. Necesito llegar a casa ya, y no sé para qué. Todo seguirá exactamente igual: fotos marchitas, cajones repletos de basura emocional, las navidades asomando por la esquina, canciones que me harán encharcar la mirada y tabaco para quemar mi pecho un poco más. Este es el sucio engaño de la sociedad. Y estoy dispuesto a ser enterrado por los fantasmas del pasado en cualquier momento....
¿Otra vez dormido? Seguro, ya que es en el único estado que consigo verte. ¿Por qué no llamas? ¿Qué ha cambiado? Mírame, me doy asco, no soporto este olor a colonia y mucho menos esta balada que me adormece. ¿ Por qué has desistido? No lo entiendo...aún puedo ver el teléfono llorando tu última llamada sin respuesta....¿Por qué soy tan egoísta y duro contigo?
Esto ha muerto sin remedio, lo sé, pero me acojona tanto asimilarlo que temo perder el control igual que te perdí a ti...
viernes, 10 de julio de 2009
Lo que esta luna se pregunta...
Querida amiga:
Me entran vértigos al echar la vista atrás y surcar los años como si de enfurecidas mareas se tratasen. Parece que fue ayer cuando os abandoné a todos en busca de mi aventura, en busca de la luz que me aclare por dentro, del viaje que me descifre el enigma del alma. Hoy, tanto tiempo después, puedo decirte que tengo aún más dudas, si cabe, aunque el día en el que partí sospechaba que sin ti jamás llegaría al puerto adecuado. Y así ha sido...
Son incontables las anécdotas que han ido sucediéndose a lo largo de estos años y por tantas tierras distintas. He probado el elixir de la lujuria joven en finos y delicados brazos perfumados, y acompañado al amanecer ebrio en su rutinario trayecto. Hice renacer a mi más añorada melancolía venciendo batallas que nunca me sirvieron de nada y dejé marchar a mis ideales para siempre sobre enormes hojas perennes. En los glaciares de mi anhelo descansé sin abrigo cada oscura noche, y alimenté a los nómadas de mi tristeza forzando tu imagen sobre cada clímax que respiré.
Recuerdo las noches a la luz de las velas en tu telar, divagando sobre el por qué del destino, y el vacío que se abría cuando tu ventana dejaba de iluminarme mientras se apagaba el crepúsculo. Parece que te vea aún correteando por las sendas y destrozando los huertos, con los zapatos embarrados y un surco de amor en la mirada. El tinte del sol en tu pelo me guiaba y me invitaba a observarte cuando te reflejabas en el manantial de la aldea, siempre solitaria y pensativa, quizás buscando lo que yo ahora he perdido sin remedio.
Sé lo que estarás pensando: “Te tenías que ir,¿verdad? Precisamente tú. Siempre tú. El que no puede estarse quieto, al que no le basta nada de lo que le rodea ni aún cuando sabe a la perfección que la vida no es igual sin él. No te importó una mierda que fuese yo la única que te suplicara que te quedaras, porque tú lo haces todo a tu manera, necesitas llenar tu espíritu de misterios sin resolver, de ángeles que te acabarán torturando, de besos y de balas, de sangre de cometa....”
También es bien cierto que un día creí que volvería, que podría regresar a tu telar para contarte mi caminar mientras me tejes uno de esos escudos contra el desamor. Pero, a decir verdad, no sé si sigo vivo o si en cambio me he perdido para siempre entre agujeros negros. No sé si ahora mismo me creo, no sé si te conozco, ni siquiera sé qué clase de demonio sin escrúpulos te está escribiendo. Pero sé que hoy te echo de menos.
Tócame de una puta vez y arranca de cuajo toda mi vida...
Me entran vértigos al echar la vista atrás y surcar los años como si de enfurecidas mareas se tratasen. Parece que fue ayer cuando os abandoné a todos en busca de mi aventura, en busca de la luz que me aclare por dentro, del viaje que me descifre el enigma del alma. Hoy, tanto tiempo después, puedo decirte que tengo aún más dudas, si cabe, aunque el día en el que partí sospechaba que sin ti jamás llegaría al puerto adecuado. Y así ha sido...
Son incontables las anécdotas que han ido sucediéndose a lo largo de estos años y por tantas tierras distintas. He probado el elixir de la lujuria joven en finos y delicados brazos perfumados, y acompañado al amanecer ebrio en su rutinario trayecto. Hice renacer a mi más añorada melancolía venciendo batallas que nunca me sirvieron de nada y dejé marchar a mis ideales para siempre sobre enormes hojas perennes. En los glaciares de mi anhelo descansé sin abrigo cada oscura noche, y alimenté a los nómadas de mi tristeza forzando tu imagen sobre cada clímax que respiré.
Recuerdo las noches a la luz de las velas en tu telar, divagando sobre el por qué del destino, y el vacío que se abría cuando tu ventana dejaba de iluminarme mientras se apagaba el crepúsculo. Parece que te vea aún correteando por las sendas y destrozando los huertos, con los zapatos embarrados y un surco de amor en la mirada. El tinte del sol en tu pelo me guiaba y me invitaba a observarte cuando te reflejabas en el manantial de la aldea, siempre solitaria y pensativa, quizás buscando lo que yo ahora he perdido sin remedio.
Sé lo que estarás pensando: “Te tenías que ir,¿verdad? Precisamente tú. Siempre tú. El que no puede estarse quieto, al que no le basta nada de lo que le rodea ni aún cuando sabe a la perfección que la vida no es igual sin él. No te importó una mierda que fuese yo la única que te suplicara que te quedaras, porque tú lo haces todo a tu manera, necesitas llenar tu espíritu de misterios sin resolver, de ángeles que te acabarán torturando, de besos y de balas, de sangre de cometa....”
También es bien cierto que un día creí que volvería, que podría regresar a tu telar para contarte mi caminar mientras me tejes uno de esos escudos contra el desamor. Pero, a decir verdad, no sé si sigo vivo o si en cambio me he perdido para siempre entre agujeros negros. No sé si ahora mismo me creo, no sé si te conozco, ni siquiera sé qué clase de demonio sin escrúpulos te está escribiendo. Pero sé que hoy te echo de menos.
Tócame de una puta vez y arranca de cuajo toda mi vida...
miércoles, 8 de julio de 2009
La vieja garita
Trato de concentrarme en mi cometido. Cierro una y otra vez los ojos con fuerza para arremeter así contra el cansancio que me tiene abatido. No ha sido una buena idea vagar sin rumbo a altas horas de la mañana por la gran ciudad, y ahora que los edificios se han tornado oscuras montañas debo hacer frente a otra noche en vela.
La vieja, usada y poco acogedora estancia del puesto de guardia no ayuda mucho al estado de ánimo. Por momentos, creo estar en la sala de espera de algún hospital de siglos anteriores. El calor concentrado artificial contrasta con el gélido exterior, con las nubes de humo que solo mi respiración crea, con el dolor intenso y opresor que atenaza mis manos.
Otra cabezada más....es un suplicio terrible mantener estos párpados abiertos. Intento entretenerme con la TV, con el fusil, con las mordisqueadas revistas que se amontonan en la mesita. No queda mucho para la ronda final. Desde la ventana de hierros rojizos por el óxido puedo ver que un manto de niebla se abre a la noche.
Faltan tres minutos para en punto. Es la hora.
Me armo con decisión, me coloco la gorra y entro a las habitaciones. El frío es casi deprimente, y me alegro de no haber estado dormido también sólo para no tener que levantarme ahora. Y mis ideas se hacen más convincentes al ver las caras de mis compañeros en formación. Estoy seguro que más de uno no sabe ni dónde está ahora mismo. Apuro la colilla del cigarrillo y doy las órdenes rutinarias.
Tengo un pelotón a mi mando. No está mal como experiencia, y hoy este papel parece hecho a mi medida. Los taconazos secos en la noche de azabache se quedan cosidos a mi cerebro como un trozo de tela. Pero no hay concesión ni al recuerdo ni a la melancolía. No cabe. Al menos por el momento, al menos hasta que por fin me hunda en una de esas rígidas camas desnudas.
Iniciamos la marcha. Hay que reponer las garitas. Mi misión es recoger a los angustiados centinelas que ahora seguramente estén hartos de recordar a sus zorrones que han dejado en casa, y colocar a los que llevo en formación, silenciosos, tristes, expulsando humo y sumergidos en una inquietante orquesta de pasos en la tierra.
Hay algún comentario sobre la garita de San Antonio. Se trata del último puesto que hay que ocupar, también el más alejado del núcleo del acuartelamiento y por consiguiente el más solitario.
Se dice que no muy lejos de la base vivía una mujer con su hijo. Un desafortunado día el chico salió cuando anochecía a pasear al perro por los aledaños del lugar, con la mala suerte de que fue arrollado por un vehículo en la tercermundista y peligrosa carretera que une estos dos pueblos. La madre se volvió loca, y todas las noches salía a buscar a su hijo por los montes, convencida en su locura de que el joven seguía vivo. Al fallecer la mujer, tanto vecinos de poblaciones cercanas como militares aseguraban con pavor escuchar cada noche los gritos de ésta llamando a Cristian, su hijo, bajo la cortina de niebla típica de la madrugada en esta sierra.
Bromeo con mis compañeros para quitarle hierro al asunto. Cuentos chinos, seguramente, aunque lleve toda la guardia recogiendo soldados que vienen nerviosos y asustados de la garita de San Antonio, afirmándome todo el camino cómo el nombre de Cristian surcaba la oscuridad que oculta el otro lado de la carretera.
No obstante, puedo entenderlo. Un escalofrío indescriptible me recorre la espalda al visualizar el lejano y tétrico foco que alumbra el lugar, apartado, tenue, helado, justo en el instante en el que me vienen a la mente los majestuosos aullidos de los lobos que pocas horas antes anunciaban la llegada de la noche.
La vieja, usada y poco acogedora estancia del puesto de guardia no ayuda mucho al estado de ánimo. Por momentos, creo estar en la sala de espera de algún hospital de siglos anteriores. El calor concentrado artificial contrasta con el gélido exterior, con las nubes de humo que solo mi respiración crea, con el dolor intenso y opresor que atenaza mis manos.
Otra cabezada más....es un suplicio terrible mantener estos párpados abiertos. Intento entretenerme con la TV, con el fusil, con las mordisqueadas revistas que se amontonan en la mesita. No queda mucho para la ronda final. Desde la ventana de hierros rojizos por el óxido puedo ver que un manto de niebla se abre a la noche.
Faltan tres minutos para en punto. Es la hora.
Me armo con decisión, me coloco la gorra y entro a las habitaciones. El frío es casi deprimente, y me alegro de no haber estado dormido también sólo para no tener que levantarme ahora. Y mis ideas se hacen más convincentes al ver las caras de mis compañeros en formación. Estoy seguro que más de uno no sabe ni dónde está ahora mismo. Apuro la colilla del cigarrillo y doy las órdenes rutinarias.
Tengo un pelotón a mi mando. No está mal como experiencia, y hoy este papel parece hecho a mi medida. Los taconazos secos en la noche de azabache se quedan cosidos a mi cerebro como un trozo de tela. Pero no hay concesión ni al recuerdo ni a la melancolía. No cabe. Al menos por el momento, al menos hasta que por fin me hunda en una de esas rígidas camas desnudas.
Iniciamos la marcha. Hay que reponer las garitas. Mi misión es recoger a los angustiados centinelas que ahora seguramente estén hartos de recordar a sus zorrones que han dejado en casa, y colocar a los que llevo en formación, silenciosos, tristes, expulsando humo y sumergidos en una inquietante orquesta de pasos en la tierra.
Hay algún comentario sobre la garita de San Antonio. Se trata del último puesto que hay que ocupar, también el más alejado del núcleo del acuartelamiento y por consiguiente el más solitario.
Se dice que no muy lejos de la base vivía una mujer con su hijo. Un desafortunado día el chico salió cuando anochecía a pasear al perro por los aledaños del lugar, con la mala suerte de que fue arrollado por un vehículo en la tercermundista y peligrosa carretera que une estos dos pueblos. La madre se volvió loca, y todas las noches salía a buscar a su hijo por los montes, convencida en su locura de que el joven seguía vivo. Al fallecer la mujer, tanto vecinos de poblaciones cercanas como militares aseguraban con pavor escuchar cada noche los gritos de ésta llamando a Cristian, su hijo, bajo la cortina de niebla típica de la madrugada en esta sierra.
Bromeo con mis compañeros para quitarle hierro al asunto. Cuentos chinos, seguramente, aunque lleve toda la guardia recogiendo soldados que vienen nerviosos y asustados de la garita de San Antonio, afirmándome todo el camino cómo el nombre de Cristian surcaba la oscuridad que oculta el otro lado de la carretera.
No obstante, puedo entenderlo. Un escalofrío indescriptible me recorre la espalda al visualizar el lejano y tétrico foco que alumbra el lugar, apartado, tenue, helado, justo en el instante en el que me vienen a la mente los majestuosos aullidos de los lobos que pocas horas antes anunciaban la llegada de la noche.
Échame la culpa
Apuesto fuerte por creer que conozco a qué aferrarme con todas mis fuerzas, pero la verdad es otra bien distinta: la suerte del perdedor lo mismo deambula por aquí mezclando sustancias arcanas, como medio desaparece para atender sus necesidades más egoístas. Los viejos cuentos se deshacen entre la grava y no hay ningún sentimiento a la vista que se salve de la despiadada quema de brujas.
Hay algo en mí que se niega a ver a través de la injusta claridad que el mundo me brinda. No quiere ser testigo de como el pensamiento ondea la bandera blanca manchada con sangre, ni contemplar al amor entre rejas. El recuerdo no es el sillón del psicólogo, ni la esperanza un eterno letargo. Y vagar sin remedio por el universo de la indiferencia y la apatía no me abrirá muchos claros. Debo de estar perdido.
Advierto cierto temblor hueco en el ambiente, y vuelven a mostrarse sin tapujos los miedos y las dudas, las cadenas y alambradas, las palabras sofocadas y los silencios trágicos. Me veo totalmente incapaz de volver a emprender mi viaje entre constelaciones, de volver a buscar tu embrujo entre el gentío, de llorar tu último tren. Me asfixio en esta historia en la que no me encuentro por ningún lado, temo impotente esa frialdad con la que desvías la mirada y desmitificas mi ser, y me aterra volver al lugar donde un mísero día arrojé tu felicidad al océano.....
Y es que ya no hay más punto de partida que el amanecer aturdido un día más, en un mes más, con las mismas ganas de perder que siempre, dispuesto a ser pisoteado de nuevo por el enorme y viejo reloj de pared que marca el final de esta aventura. Poco o nada queda ya del niño rubio risueño que trepaba a los tejados de la aldea y sudaba detrás de un balón sin camiseta, de aquél que te espiaba detrás de los ventanales de madera maciza mientras hablabas con tus gatos. Sin noticias tampoco de mis ganas de verte....
Cae la tormenta con la misma intensidad que recordaba. Ya me apetecía de verdad respirar el aire de la ira del cielo, sentir a mi ánimo y a la noche entonar saetas al unísono. Es un alivio el dormitar con la suave melodía de las gotas rebotando en las cañerías, apagando al fin las críticas, las burlas, las conveniencias y los reproches engrasados. No estoy con fuerzas de pararme a escuchar al viento, ni de colorear el mañana. Y tampoco estoy por la labor de arreglar nada.
Quizás ya es demasiado tarde, pero te quiero, y no quiero perderte......
Hay algo en mí que se niega a ver a través de la injusta claridad que el mundo me brinda. No quiere ser testigo de como el pensamiento ondea la bandera blanca manchada con sangre, ni contemplar al amor entre rejas. El recuerdo no es el sillón del psicólogo, ni la esperanza un eterno letargo. Y vagar sin remedio por el universo de la indiferencia y la apatía no me abrirá muchos claros. Debo de estar perdido.
Advierto cierto temblor hueco en el ambiente, y vuelven a mostrarse sin tapujos los miedos y las dudas, las cadenas y alambradas, las palabras sofocadas y los silencios trágicos. Me veo totalmente incapaz de volver a emprender mi viaje entre constelaciones, de volver a buscar tu embrujo entre el gentío, de llorar tu último tren. Me asfixio en esta historia en la que no me encuentro por ningún lado, temo impotente esa frialdad con la que desvías la mirada y desmitificas mi ser, y me aterra volver al lugar donde un mísero día arrojé tu felicidad al océano.....
Y es que ya no hay más punto de partida que el amanecer aturdido un día más, en un mes más, con las mismas ganas de perder que siempre, dispuesto a ser pisoteado de nuevo por el enorme y viejo reloj de pared que marca el final de esta aventura. Poco o nada queda ya del niño rubio risueño que trepaba a los tejados de la aldea y sudaba detrás de un balón sin camiseta, de aquél que te espiaba detrás de los ventanales de madera maciza mientras hablabas con tus gatos. Sin noticias tampoco de mis ganas de verte....
Cae la tormenta con la misma intensidad que recordaba. Ya me apetecía de verdad respirar el aire de la ira del cielo, sentir a mi ánimo y a la noche entonar saetas al unísono. Es un alivio el dormitar con la suave melodía de las gotas rebotando en las cañerías, apagando al fin las críticas, las burlas, las conveniencias y los reproches engrasados. No estoy con fuerzas de pararme a escuchar al viento, ni de colorear el mañana. Y tampoco estoy por la labor de arreglar nada.
Quizás ya es demasiado tarde, pero te quiero, y no quiero perderte......
¡ Oh ! El viento, el viento sopla
a través de las tumbas el viento sopla
La libertad llegará pronto
Entonces volveremos de las sombras
(L.Cohen-The Partisan)
lunes, 6 de julio de 2009
Plenilunio (Hoy te vi pasar...)
Alguien me llama. Su alarido es tan claro como que ahora mismo estoy dormido, y se cuela fugaz entre la polvareda que se levanta tras mi sueño más intrascendente. También se mezcla con otras voces, con otros sonidos, que llegan a mí entrelazados y amontonados, formando una nebulosa de caos que por momentos me atrapa en su fatídica tela de araña.
Una vez más te espero con los brazos abiertos en este enjambre de ecos traicioneros, encerrado en estas cuatro paredes que ni saben ni quieren sacarme de dudas. Pero es que no comprendo por qué yaces ahora mismo tumbada boca abajo a mi lado, tan silenciosa que podría confundirte con una ráfaga de mi acelerada respiración. Estás tan cerca que te siento remota, ausente, perdida divagando en el núcleo de algún dilema marchito. ¿Quién demonios eres tú? ¿Has peinado mi alma desierta, o quizás solamente has prolongado aún más mi desesperante viaje a ninguna parte?
No contestas. Aunque, realmente, no merezco otra cosa.....
Trato de adivinar por cuál de esos destartalados caminos embarrados vas a regresar. No es tarea fácil. La vida se apaga lentamente en las entrañas de la gran ciudad al son de unas suaves notas de piano, y es ahora cuando vuelve a mí tu mirada más diáfana, tu provocativa forma de dialogar con los gestos de tu boca. Me replanteo una y otra vez si es lo correcto atracar en tu puerto, solo que ya es demasiado tarde. Me veo frente a ti, dejando desvanecerte sobre mis brazos, mutilado por dentro y con el único aliciente de inhalar tu aroma cual brisa de medianoche.
Pero una procesión de culpabilidades enciende sus antorchas de camino a mi refugio, alumbrando a medias lo que ya no tiene remedio ni sentido. Me interné en tus miedos más ancestrales mientras las gotas de sudor humedecían la oscuridad y le daban un toque salado al alba, y de nada me sirvió volver por el mismo camino de siempre. Algo se había dado de bruces contra mis principios y había causado un daño irreparable en la tinta que cubre cada uno de estos cuadernos mustios.
Ahora quiero que me dejes un rato a solas. Es tu trampa, ya lo sé. No necesito más pistas. Y también es solo un sueño.
Una vez más te espero con los brazos abiertos en este enjambre de ecos traicioneros, encerrado en estas cuatro paredes que ni saben ni quieren sacarme de dudas. Pero es que no comprendo por qué yaces ahora mismo tumbada boca abajo a mi lado, tan silenciosa que podría confundirte con una ráfaga de mi acelerada respiración. Estás tan cerca que te siento remota, ausente, perdida divagando en el núcleo de algún dilema marchito. ¿Quién demonios eres tú? ¿Has peinado mi alma desierta, o quizás solamente has prolongado aún más mi desesperante viaje a ninguna parte?
No contestas. Aunque, realmente, no merezco otra cosa.....
Trato de adivinar por cuál de esos destartalados caminos embarrados vas a regresar. No es tarea fácil. La vida se apaga lentamente en las entrañas de la gran ciudad al son de unas suaves notas de piano, y es ahora cuando vuelve a mí tu mirada más diáfana, tu provocativa forma de dialogar con los gestos de tu boca. Me replanteo una y otra vez si es lo correcto atracar en tu puerto, solo que ya es demasiado tarde. Me veo frente a ti, dejando desvanecerte sobre mis brazos, mutilado por dentro y con el único aliciente de inhalar tu aroma cual brisa de medianoche.
Pero una procesión de culpabilidades enciende sus antorchas de camino a mi refugio, alumbrando a medias lo que ya no tiene remedio ni sentido. Me interné en tus miedos más ancestrales mientras las gotas de sudor humedecían la oscuridad y le daban un toque salado al alba, y de nada me sirvió volver por el mismo camino de siempre. Algo se había dado de bruces contra mis principios y había causado un daño irreparable en la tinta que cubre cada uno de estos cuadernos mustios.
Ahora quiero que me dejes un rato a solas. Es tu trampa, ya lo sé. No necesito más pistas. Y también es solo un sueño.
domingo, 28 de junio de 2009
Sencillamente yo,difícilmente tú
Me sumergí en cerveza y te volví a ver en la penumbra; sola, desolada, envuelta en papel de regalo para mí, pero tras las mismas trampas de siempre, poco te queda ya que ofrecer a este mendigo del amor que cada poco sueña que sueñas que te quiere. Te sigo viendo tan primitiva y vulgar como siempre en esta radiografía en la que te veo tiritar, estás expectante de ver mi actuación, porque ni tú ni yo sabemos cómo llegué a la orilla de tus labios, pero aquí estoy.
¿Te llamo Dolores o prefieres que te llame Lola? En ocasiones me colocas primero y otras al final de la cola. Desesperante fémina inquieta, no dejas de observarme en las distancias cortas y cuando estamos lejos te olvidas de mi existencia. Eclipsas mi atención con tus dominios a la vez que me sorprendes con tus carencias, jugando siempre con las leyes más recónditas habidas y por haber, rompiendo todas las reglas dejándome sin nada que hacer.
Crees que puedes encender mi hoguera y después desatar la tormenta en mi ánimo, hacerte un escudo con mi esperanza y luego tratar de que tus besos de piedra no me desvelen. Crees que mi camino es tu camino, que nuestras manos rozan y que nuestras penas componen algún minueto hueco. No te odio, pero tampoco te espero.
Crees que puedes acechar desde las sombras mientras le brindo al cielo mi última copa, convencida de que tarde o temprano volveré por ti. No importa las veces que me marche o te escupa a la cara, ni las lágrimas que puedas secar en mi honor. Al final del día todo queda marcado por la estela que ella dejó atravesando mi buhardilla.
En la cuneta me encuentro, respirando hondo, el motor se calienta y la máquina se rompe cuando se fuerza. Déjame arrancar de una vez, que conduzca a mi manera, no necesito que nadie me pinche las ruedas. Al igual que los caminos, te endureces y te agrietas, unas veces con baches, otras llena de mierda.
No te gusta verme dormir, pues no tiene diversión para ti, quieres verme en el día a día peleando y sangrando desidia.
Estúpidas costumbres a las que me tienes atado, asumidas están, pero no las comparto.
No todo es grima, no todo es rabia, como a todos me diste oportunidades, me diste regalos, pero... ¿de qué me sirve todo eso si me entierras a palos?
Tenlo muy presente: No me importas tú. Ya no. He aprendido a no sucumbir ante tus puercas y hediondas insinuaciones, a no creerme ni una sola metáfora de tus cartas a medianoche. Te nutres de mí, te consideras mi guía, pero jamás te has molestado en descubrir qué se esconde realmente tras esta cortina de humo. Y no sé perdonarte.
A veces, cuando pienso en ti me siento tan ridículo como aquella declaración de amor con faltas de ortografía en aquella vieja pared que se dibuja en esta agotadora película. Otras, sin embargo, esbozo la mejor de mis sonrisas porque sé que sabes que ya no quedan lágrimas para ti en este mirador desde el que vislumbro el pasado mientras tus latidos revientan mi silencio.
El futuro es una verdadera incógnita y tú una intrépida aventurera, pocas veces deseas que te siga, pero menos son las que lo consigues. Sigo aquí, algo perdido pero bolígrafo en mano, y rodeado de lo que quiero, no puedo quejarme. Tienes razón.
( By Dani, Vyk and Rubén )
¿Te llamo Dolores o prefieres que te llame Lola? En ocasiones me colocas primero y otras al final de la cola. Desesperante fémina inquieta, no dejas de observarme en las distancias cortas y cuando estamos lejos te olvidas de mi existencia. Eclipsas mi atención con tus dominios a la vez que me sorprendes con tus carencias, jugando siempre con las leyes más recónditas habidas y por haber, rompiendo todas las reglas dejándome sin nada que hacer.
Crees que puedes encender mi hoguera y después desatar la tormenta en mi ánimo, hacerte un escudo con mi esperanza y luego tratar de que tus besos de piedra no me desvelen. Crees que mi camino es tu camino, que nuestras manos rozan y que nuestras penas componen algún minueto hueco. No te odio, pero tampoco te espero.
Crees que puedes acechar desde las sombras mientras le brindo al cielo mi última copa, convencida de que tarde o temprano volveré por ti. No importa las veces que me marche o te escupa a la cara, ni las lágrimas que puedas secar en mi honor. Al final del día todo queda marcado por la estela que ella dejó atravesando mi buhardilla.
En la cuneta me encuentro, respirando hondo, el motor se calienta y la máquina se rompe cuando se fuerza. Déjame arrancar de una vez, que conduzca a mi manera, no necesito que nadie me pinche las ruedas. Al igual que los caminos, te endureces y te agrietas, unas veces con baches, otras llena de mierda.
No te gusta verme dormir, pues no tiene diversión para ti, quieres verme en el día a día peleando y sangrando desidia.
Estúpidas costumbres a las que me tienes atado, asumidas están, pero no las comparto.
No todo es grima, no todo es rabia, como a todos me diste oportunidades, me diste regalos, pero... ¿de qué me sirve todo eso si me entierras a palos?
Tenlo muy presente: No me importas tú. Ya no. He aprendido a no sucumbir ante tus puercas y hediondas insinuaciones, a no creerme ni una sola metáfora de tus cartas a medianoche. Te nutres de mí, te consideras mi guía, pero jamás te has molestado en descubrir qué se esconde realmente tras esta cortina de humo. Y no sé perdonarte.
A veces, cuando pienso en ti me siento tan ridículo como aquella declaración de amor con faltas de ortografía en aquella vieja pared que se dibuja en esta agotadora película. Otras, sin embargo, esbozo la mejor de mis sonrisas porque sé que sabes que ya no quedan lágrimas para ti en este mirador desde el que vislumbro el pasado mientras tus latidos revientan mi silencio.
El futuro es una verdadera incógnita y tú una intrépida aventurera, pocas veces deseas que te siga, pero menos son las que lo consigues. Sigo aquí, algo perdido pero bolígrafo en mano, y rodeado de lo que quiero, no puedo quejarme. Tienes razón.
( By Dani, Vyk and Rubén )
sábado, 27 de junio de 2009
Sangrando desidia
Pierde equilibrio mi serenidad en ventaja de su hechizo cada vez que naufrago sin querer en esta barriada. No me da tiempo a esclarecer qué es lo que siento, ni qué diablos se apodera de mi recuerdo cuando rebaso sin ningún límite este entramado de sentimientos turbios, casi de otra época, en los que se reencarna una y otra vez su belleza más letal.
El caso es que estoy de vuelta, o eso creo. Sé que no te preocupa demasiado, aunque debería. Mis madrugadas bohemias al fin me han dado un respiro, una pequeña tregua entre beso y beso para volver a merodear la ciudad sin escrúpulos, como en aquellos tiempos. ¿Los recuerdas? Pues claro que los recuerdas, cómo olvidarlos. Tienes mi mirada azul haciendo destrozos en tu conciencia violada, mi sonrisa inocente e infantil dibujándote el camino a seguir. Y a ella también.
Tu pasado y el mío van a luchar esta noche encarnizadamente en algún lugar del horizonte rojo, y toda tu voracidad se dará de bruces contra mis camisas arrugadas, contra la música de fondo que suena en este sucio apartamento, contra el siseante sonido de la punta del lápiz amando al papel. Esta noche tu historia y la mía crean un nuevo vértice, una parada inesperada. Esta noche sabremos quién de los dos sabe arropar mejor a sus secretos, a su vientre firme reposado, a sus despiadadas formas de torturar a la palabra amor.
Tú conoces este vals casi tan bien como yo. Sabes del dolor que producen las horas al caer una detrás de otra, y sientes a la indiferencia llamar a tu puerta cada tarde de este maldito y angustioso verano. Parece que ya no hay nada que pueda devolverte la ilusión y la frescura de antaño,¿verdad? Ni siquiera su dulce manera de retorcerse en la cama al despertar por la mañana te muestra un ápice de interés. Su primera sonrisa rociada por los más madrugadores rayos de sol te produce confusión. Chorro de agua fría, café negro, ropa tendida... La misma mierda de siempre. Nada es puro.¿Es tarde ,ya?
Te diré lo que voy a hacer: voy a sortear sus lápidas pasadas, sus oscuras catacumbas, sus sendas de ortigas y cardos. Voy a quedarme en su vida para siempre, porque no quiero estar en ningún otro sitio. No sé estar en otro sitio. Le ayudaré a enterrar a mi cordura y a mi sensatez, y la estaré observando desde la vieja farola de siempre cuando aparezca arrastrando mis palabras y las eche a la basura. Incluso sonreiré cuando pronuncie tu nombre en sueños, o el mío, o el de cualquier otro.
¿En serio te lo has creído?
Nadie va a conseguir abatirme mi bien más preciado, y menos aún a golpes fatales de destino. Verdaderamente me irrita el estar haciendo referencias a las mismas cuestiones una y otra vez, con un bolígrafo que apenas consigue mantenerse, una música que me es indiferente y un sueño aplastante. No, no está ella lanzándome un beso al aire desde la orilla del lago. Tampoco ella, sentada relajadamente en el bordillo de la calle, aguantándome la mirada casi sin querer. Y no entiendo por qué....
Los dos somos tristes presos políticos de la sociedad. Al fin el fuego se apagará entre nosotros esta noche y tus sueños más recónditos se empaparan de los míos cuando, como dos amantes, nos encontremos en secreto....
El caso es que estoy de vuelta, o eso creo. Sé que no te preocupa demasiado, aunque debería. Mis madrugadas bohemias al fin me han dado un respiro, una pequeña tregua entre beso y beso para volver a merodear la ciudad sin escrúpulos, como en aquellos tiempos. ¿Los recuerdas? Pues claro que los recuerdas, cómo olvidarlos. Tienes mi mirada azul haciendo destrozos en tu conciencia violada, mi sonrisa inocente e infantil dibujándote el camino a seguir. Y a ella también.
Tu pasado y el mío van a luchar esta noche encarnizadamente en algún lugar del horizonte rojo, y toda tu voracidad se dará de bruces contra mis camisas arrugadas, contra la música de fondo que suena en este sucio apartamento, contra el siseante sonido de la punta del lápiz amando al papel. Esta noche tu historia y la mía crean un nuevo vértice, una parada inesperada. Esta noche sabremos quién de los dos sabe arropar mejor a sus secretos, a su vientre firme reposado, a sus despiadadas formas de torturar a la palabra amor.
Tú conoces este vals casi tan bien como yo. Sabes del dolor que producen las horas al caer una detrás de otra, y sientes a la indiferencia llamar a tu puerta cada tarde de este maldito y angustioso verano. Parece que ya no hay nada que pueda devolverte la ilusión y la frescura de antaño,¿verdad? Ni siquiera su dulce manera de retorcerse en la cama al despertar por la mañana te muestra un ápice de interés. Su primera sonrisa rociada por los más madrugadores rayos de sol te produce confusión. Chorro de agua fría, café negro, ropa tendida... La misma mierda de siempre. Nada es puro.¿Es tarde ,ya?
Te diré lo que voy a hacer: voy a sortear sus lápidas pasadas, sus oscuras catacumbas, sus sendas de ortigas y cardos. Voy a quedarme en su vida para siempre, porque no quiero estar en ningún otro sitio. No sé estar en otro sitio. Le ayudaré a enterrar a mi cordura y a mi sensatez, y la estaré observando desde la vieja farola de siempre cuando aparezca arrastrando mis palabras y las eche a la basura. Incluso sonreiré cuando pronuncie tu nombre en sueños, o el mío, o el de cualquier otro.
¿En serio te lo has creído?
Nadie va a conseguir abatirme mi bien más preciado, y menos aún a golpes fatales de destino. Verdaderamente me irrita el estar haciendo referencias a las mismas cuestiones una y otra vez, con un bolígrafo que apenas consigue mantenerse, una música que me es indiferente y un sueño aplastante. No, no está ella lanzándome un beso al aire desde la orilla del lago. Tampoco ella, sentada relajadamente en el bordillo de la calle, aguantándome la mirada casi sin querer. Y no entiendo por qué....
Los dos somos tristes presos políticos de la sociedad. Al fin el fuego se apagará entre nosotros esta noche y tus sueños más recónditos se empaparan de los míos cuando, como dos amantes, nos encontremos en secreto....
lunes, 25 de mayo de 2009
Ahora o nunca
Medio dormitaba. Quise coger sus manos y calentarlas con las mías. Quise aceptar lo que desprecié. Y sé que lo perdí. Pero medio dormitando, lo quise. Lo deseé. Era mío.
No me preguntes por qué he decidido volver a casa por este camino. Podría haber dado la vuelta perfectamente, incluso haber bordeado la ciudad sin más. Tampoco me preguntes por qué suena este desolador y amargo piano en la radio, que se fusiona majestuosamente con imágenes que todavía no tengo claro si tuvieron lugar físico o son simples destellos de cristal que chocan contra la dimensión del fracaso. De todos modos, su vitalidad invita al trance, y este al despellejo de sentimientos lapidados, que se visten en su tono más rocoso, más emblemático, más tradicional.
No existió un adiós, para bien o para mal. Tampoco ningún abrazo ni guiño de ojo, ni tan siquiera una mirada húmeda que acompañara tu silueta hacia el olvido. Injusticias del destino, que se temió lo peor, o que sencillamente aquella tarde se emborrachó de prepotencia y crueldad. Pero la venganza está aún por llegar....
Las escenas han ido sucediéndose desde entonces en todos los sentidos, gente va y gente viene, sale el sol, salen las estrellas, y el calendario sigue envenenando los días lentamente. Pero sonrío al ver tu trono intacto, el lugar que realmente nunca abandonaste, por el que cada amanecer regresas descalza con las manos llenas de extrañas e inmaculadas flores para seguir decorando con maestría mi estampa.
Me lo dijo el viento y el temporal, la resina del aire que me escribe, los truenos con sus rabietas de niño consentido, la piedra de los muros, los crujidos de los vasos de plástico en el último baile, la hiedra ebria, las calles desiertas, las sendas y las ortigas, los viejos y derruidos corrales de paja con todas sus memorias plastificadas en lágrimas de escarcha. Sigues siendo el duro licor que bebo para calmar mis viejas heridas, la energía que me hace pensar y dudar, el sueño que vuelve a adormecerse un verano más....
El ánimo circula temerariamente bordeando acantilados que yo ni siquiera me atrevo a dibujar. Todo parece haber vuelto a su lugar habitual, igual de borroso, igual de esperanzador. Nadie a quién recurrir, sin ningún viento capaz de empujar, con todo el encanto de un tiempo congelado y carcomido por despiadados parásitos morales.
Las calles cobran vida, embriagas por la luz y el verdor de los árboles. Los comercios dejan sus persianas entreabiertas y las familias juegan en el interminable paseo. He querido frenar a la vida misma con la única ayuda de mis brazos, pero ahora me doy cuenta de que no ha hecho falta. Ahora que te busco entre los pasos de la gente, entre los rayos moribundos que esquivan la tormenta. Decae suavemente el tempo al imaginarte levitando sobre los retales de mis horas perdidas.
Yo no puedo nadar en contra de la marea. Yo no puedo nadar eternamente. Y me aterra que tu rostro revolotee aún junto a los murciélagos en cada viejo farol que se sienta sólo y desgraciado.............
A fin de cuentas, nunca me encontré, pero me perdí contigo y vi la luz.
No me preguntes por qué he decidido volver a casa por este camino. Podría haber dado la vuelta perfectamente, incluso haber bordeado la ciudad sin más. Tampoco me preguntes por qué suena este desolador y amargo piano en la radio, que se fusiona majestuosamente con imágenes que todavía no tengo claro si tuvieron lugar físico o son simples destellos de cristal que chocan contra la dimensión del fracaso. De todos modos, su vitalidad invita al trance, y este al despellejo de sentimientos lapidados, que se visten en su tono más rocoso, más emblemático, más tradicional.
No existió un adiós, para bien o para mal. Tampoco ningún abrazo ni guiño de ojo, ni tan siquiera una mirada húmeda que acompañara tu silueta hacia el olvido. Injusticias del destino, que se temió lo peor, o que sencillamente aquella tarde se emborrachó de prepotencia y crueldad. Pero la venganza está aún por llegar....
Las escenas han ido sucediéndose desde entonces en todos los sentidos, gente va y gente viene, sale el sol, salen las estrellas, y el calendario sigue envenenando los días lentamente. Pero sonrío al ver tu trono intacto, el lugar que realmente nunca abandonaste, por el que cada amanecer regresas descalza con las manos llenas de extrañas e inmaculadas flores para seguir decorando con maestría mi estampa.
Me lo dijo el viento y el temporal, la resina del aire que me escribe, los truenos con sus rabietas de niño consentido, la piedra de los muros, los crujidos de los vasos de plástico en el último baile, la hiedra ebria, las calles desiertas, las sendas y las ortigas, los viejos y derruidos corrales de paja con todas sus memorias plastificadas en lágrimas de escarcha. Sigues siendo el duro licor que bebo para calmar mis viejas heridas, la energía que me hace pensar y dudar, el sueño que vuelve a adormecerse un verano más....
El ánimo circula temerariamente bordeando acantilados que yo ni siquiera me atrevo a dibujar. Todo parece haber vuelto a su lugar habitual, igual de borroso, igual de esperanzador. Nadie a quién recurrir, sin ningún viento capaz de empujar, con todo el encanto de un tiempo congelado y carcomido por despiadados parásitos morales.
Las calles cobran vida, embriagas por la luz y el verdor de los árboles. Los comercios dejan sus persianas entreabiertas y las familias juegan en el interminable paseo. He querido frenar a la vida misma con la única ayuda de mis brazos, pero ahora me doy cuenta de que no ha hecho falta. Ahora que te busco entre los pasos de la gente, entre los rayos moribundos que esquivan la tormenta. Decae suavemente el tempo al imaginarte levitando sobre los retales de mis horas perdidas.
Yo no puedo nadar en contra de la marea. Yo no puedo nadar eternamente. Y me aterra que tu rostro revolotee aún junto a los murciélagos en cada viejo farol que se sienta sólo y desgraciado.............
A fin de cuentas, nunca me encontré, pero me perdí contigo y vi la luz.
sábado, 23 de mayo de 2009
Te debo una canción
Me ha despertado una imagen tuya en mitad de la mañana. Sonreías, pero no sé muy bien el por qué has aparecido, ni lo que pretendías. Ataviada con tu gesto casi hipnótico, me envuelves otra vez en palabras concéntricas, en miradas zurcidas en seda. Sabía que no había olvidado esa manera de congelarme desde las entrañas, pero nunca pensé que fueras tú la que evitara la aparatosa caída de mi castillo de naipes.
Me quedo perplejo, observándote, cerca de los farolillos de luz verdosa y celestial que anuncian la entrada a tu mundo. Ahora mismo no entiendo de protocolos ni de normas de censura moral. Has visitado mis ruinas armada únicamente con el puñal de tu mirada y con esas acuarelas que manan de tu risa, haciéndome comprender a la perfección todas mis metáforas inacabadas. Y ahora necesito asomarme a ti... pero sin que te des cuenta.
Y es que ahora mismo estoy entre tu espada y mi pared, con la salida tan cerca pero tan lejana a la vez que prefiero cerrar los ojos y perderme entre tus encantos. No me importa que la vida gire y gire descargando su ira sobre mí, ni que todos mis más preciosos momentos se ahoguen entre polvo y telarañas al fondo del desván si, en días como este, eres mi identidad oculta, mi ánimo y mi decadencia. Si acabas poniendo como tú solo sabes un rostro y un delicado cuerpo de mujer a la palabra belleza.
Vuelve de tu mano ese aroma de mayo tan característico, tan embriagador. Caen de tus ramas todos esos escalofríos con los que crecí, bañados en la genuina ilusión de volver a despeinarte el flequillo algún día. Tan solo por esto ya debería estarte agradecido eternamente, por poner flores blancas a esa atosigante máquina repetitiva en la que me estaba volviendo, por visitarme esta mañana, tímida y sonrojada, pero decidida.
De nada me sirve ahora trazar líneas a mi manera en tu conciencia, ni arropar tus sentimientos más parpadeantes. Sé que podría leerte la mente con solo imaginarte, seguir tu estela incandescente en la noche o estrechar tu pasado fuertemente entre mis brazos para hacerlo mío. Sé que podría quererte más que a las canciones que me recuerdan quién soy. Sé que juntos podríamos al fin abatir al tiempo.
Y también sé que debería empezar a querer olvidarte....
Me quedo perplejo, observándote, cerca de los farolillos de luz verdosa y celestial que anuncian la entrada a tu mundo. Ahora mismo no entiendo de protocolos ni de normas de censura moral. Has visitado mis ruinas armada únicamente con el puñal de tu mirada y con esas acuarelas que manan de tu risa, haciéndome comprender a la perfección todas mis metáforas inacabadas. Y ahora necesito asomarme a ti... pero sin que te des cuenta.
Y es que ahora mismo estoy entre tu espada y mi pared, con la salida tan cerca pero tan lejana a la vez que prefiero cerrar los ojos y perderme entre tus encantos. No me importa que la vida gire y gire descargando su ira sobre mí, ni que todos mis más preciosos momentos se ahoguen entre polvo y telarañas al fondo del desván si, en días como este, eres mi identidad oculta, mi ánimo y mi decadencia. Si acabas poniendo como tú solo sabes un rostro y un delicado cuerpo de mujer a la palabra belleza.
Vuelve de tu mano ese aroma de mayo tan característico, tan embriagador. Caen de tus ramas todos esos escalofríos con los que crecí, bañados en la genuina ilusión de volver a despeinarte el flequillo algún día. Tan solo por esto ya debería estarte agradecido eternamente, por poner flores blancas a esa atosigante máquina repetitiva en la que me estaba volviendo, por visitarme esta mañana, tímida y sonrojada, pero decidida.
De nada me sirve ahora trazar líneas a mi manera en tu conciencia, ni arropar tus sentimientos más parpadeantes. Sé que podría leerte la mente con solo imaginarte, seguir tu estela incandescente en la noche o estrechar tu pasado fuertemente entre mis brazos para hacerlo mío. Sé que podría quererte más que a las canciones que me recuerdan quién soy. Sé que juntos podríamos al fin abatir al tiempo.
Y también sé que debería empezar a querer olvidarte....
Uno más en el club III
Debajo de la enferma piel del amor yace la vergüenza que nos tiñe a todos...
Incomprensiblemente, caigo dormido...
Hay pasillos largos y escombrosos, de paredes secas y desgastadas, abriéndose frente a mí en rectos pero costosos trayectos. A través de las pocas puertas que veo abiertas, puedo captar el frío incómodo del lugar, el nervioso ajetreo, la niebla que impide divisar algo más allá del vaho.
No te empeñes en cambiarme, es inútil. ¿Qué pretendes enseñarme? Todo está inventado y sin embargo nadie es capaz de querer. Me pudriré en mi exilio al igual que tú, al igual que todos.
Interferencias en la Tv. La boca me sabe a chorros de sangre fresca y una voz repetitiva pretende aguar la madrugada. La densa humareda bordea mis dedos en busca de respuestas para preguntas a medio formular, y se ha perdido el orden de los tiempos que corren, abrumadores, casi corruptos, sentimentalmente hablando.
No conseguiréis humillar a mis credenciales, trozos de mierda. Me duele veros cruzaros en mi puto camino con vuestras estúpidas maneras de vestir y de mirar. Siempre seréis clones de la misma escoria, una basura tan indeseable que hasta me da asco aplastar.Debería mataros a todos hoy mismo, haceros pedacitos sin ningún tipo de miramiento.
Y ahora tú, desnuda y bañada en fino y delicioso sudor, contorneándote y entrecerrando los ojos, gimiendo como sólo tú y los ángeles podéis hacer. Quiero oírte hablar, quiero besar esas parrafadas sin sentido alguno que brotan de tu inconsciencia. Déjame hacer destrozos sobre ese velo virginal que te cubre el rostro, oblígame a tragar cada una de las lágrimas que gotean en tu pasado. No, no puedes dejarme sólo ahora...
Podría estar horas así, quieto, sumergido entre las líneas de tu última epístola. Con el desamor por bandolera y un buen puñado de aromas pisoteados por el arranque del año. No es para tanto, y seguramente ahora estés tan lejos que ni siquiera los gritos al unísono de mi indiferencia llegarán a tu remordimiento.
Y así, lento y pausado, acompaño a la noche a apaciguarse, orgulloso de saber que no volveré a verte jamás.
Apenas sé con certeza de qué se me acusa, pero debo de haber causado mucho dolor. Las miradas abatidas por todas partes me lo corroboran. Hay dedos desafiantes señalándome, muecas de disconformidad por mis ruegos, lloros desconsolados allá donde miro.
Debéis estar locos. Y lo peor de todo es que nadie es capaz de resolver mis dudas. No temo al veredicto. Hace tiempo que perdí...
Despierto en mitad de la negra noche. Parece que hoy no amanece nunca.
No debería haberme llevado un souvenir de tu corazón para que me duerma por las noches. Pero ya es tarde.
Es triste darse cuenta de que, realmente, mis únicos errores han sido las ganas que puse para evitarlos.
Incomprensiblemente, caigo dormido...
Hay pasillos largos y escombrosos, de paredes secas y desgastadas, abriéndose frente a mí en rectos pero costosos trayectos. A través de las pocas puertas que veo abiertas, puedo captar el frío incómodo del lugar, el nervioso ajetreo, la niebla que impide divisar algo más allá del vaho.
No te empeñes en cambiarme, es inútil. ¿Qué pretendes enseñarme? Todo está inventado y sin embargo nadie es capaz de querer. Me pudriré en mi exilio al igual que tú, al igual que todos.
Interferencias en la Tv. La boca me sabe a chorros de sangre fresca y una voz repetitiva pretende aguar la madrugada. La densa humareda bordea mis dedos en busca de respuestas para preguntas a medio formular, y se ha perdido el orden de los tiempos que corren, abrumadores, casi corruptos, sentimentalmente hablando.
No conseguiréis humillar a mis credenciales, trozos de mierda. Me duele veros cruzaros en mi puto camino con vuestras estúpidas maneras de vestir y de mirar. Siempre seréis clones de la misma escoria, una basura tan indeseable que hasta me da asco aplastar.Debería mataros a todos hoy mismo, haceros pedacitos sin ningún tipo de miramiento.
Y ahora tú, desnuda y bañada en fino y delicioso sudor, contorneándote y entrecerrando los ojos, gimiendo como sólo tú y los ángeles podéis hacer. Quiero oírte hablar, quiero besar esas parrafadas sin sentido alguno que brotan de tu inconsciencia. Déjame hacer destrozos sobre ese velo virginal que te cubre el rostro, oblígame a tragar cada una de las lágrimas que gotean en tu pasado. No, no puedes dejarme sólo ahora...
Podría estar horas así, quieto, sumergido entre las líneas de tu última epístola. Con el desamor por bandolera y un buen puñado de aromas pisoteados por el arranque del año. No es para tanto, y seguramente ahora estés tan lejos que ni siquiera los gritos al unísono de mi indiferencia llegarán a tu remordimiento.
Y así, lento y pausado, acompaño a la noche a apaciguarse, orgulloso de saber que no volveré a verte jamás.
Apenas sé con certeza de qué se me acusa, pero debo de haber causado mucho dolor. Las miradas abatidas por todas partes me lo corroboran. Hay dedos desafiantes señalándome, muecas de disconformidad por mis ruegos, lloros desconsolados allá donde miro.
Debéis estar locos. Y lo peor de todo es que nadie es capaz de resolver mis dudas. No temo al veredicto. Hace tiempo que perdí...
Despierto en mitad de la negra noche. Parece que hoy no amanece nunca.
No debería haberme llevado un souvenir de tu corazón para que me duerma por las noches. Pero ya es tarde.
Es triste darse cuenta de que, realmente, mis únicos errores han sido las ganas que puse para evitarlos.
Uno más en el club II
Bendita pasividad, bendita monotonía.
Me arranca la piel a trizas el ver cómo te muestras impasible ante mi sonrisa. No puedo llegar a entenderlo del todo, pues sé que me he colado en tus sueños sin piedad alguna, caminando sigiloso por cada recóndito rincón de tu levitar. He atravesado los valles de dudas de los que empiezo ya a dudar y he esquivado las estatuas de ceniza negra de las que tanto me has hablado mientras te hacías la dormida.
Pero se me va toda la fuerza por la boca cuando digo que aún te espero. Nunca han sonado tan poco convincentes unas palabras saliendo de mí, y menos aún si van ligadas a tu destello fugaz pero cruel. Al parecer no ha cambiado nada en todo este tiempo por aquí dentro, mi interior sigue yaciendo yermo ante las muestras de dolor y amor descafeinado, ante el goteo incesante de interrogantes.
Todos los caminos se han unido en un vértice de esperanza que abre nuevas panorámicas. Quizás una nueva forma de entender mi andadura hasta el día de hoy, sin prisas indebidas, sin miedos irracionales brotando al lado de la hiedra, sin promesas de mujer. Sólo las estrellas señalando la senda a seguir, arrastrando por la grava mi cordura y mis principios.
Alguien dijo un día lo bien que se sentía al no sentir, con todo el esplendor de la contradicción. Yo también pertenezco al club, yo también me torno por momentos una especie de máquina incansable, ajena al mundo, a su belleza y a su escoria. Pero siempre hay algo que no descansa como es debido. Algo que se niega a entrar en trances forzados o que se ríe de las milagrosas terapias de algún psicoanalista argentino.¿Y me siento bien cuando no siento nada? Nunca lo sabré.
Y es que ha llegado la hora de partir. Y no me conformaré con menos. No puedo hacerlo. Volaré por la carretera gris y torrada por el sol al acecho de nuevas armonías, de desvíos con los cuales perder de vista este nuevo antiguo camino. Echaré el cerrojo a tu cariño y las persianas a tus ojos. No hace falta que me recuerdes como fui, ni que escribí para ti mientras tratabas de evaporarte de mis manos…
Montañas y cielos azules a mi alrededor. Estoy radiante, con el viento golpeándome los brazos desnudos y el reloj avanzando sin miedo, aunque sea solo por unos instantes. Tan solo esta canción a capela que atraviesa mis sienes trazando figuras al azar en mi más retorcida memoria. Puedo ser un desgraciado y no creerlo, puedo ser perfectamente feliz y no darme ni cuenta. Quizás ahora no debería estar pensando...
Fue una estupidez por mi parte imaginar que al final del camino podrías estar tú...
Siempre olvidamos que lo que pudo ser y no fue es también lo que nunca será.
Me arranca la piel a trizas el ver cómo te muestras impasible ante mi sonrisa. No puedo llegar a entenderlo del todo, pues sé que me he colado en tus sueños sin piedad alguna, caminando sigiloso por cada recóndito rincón de tu levitar. He atravesado los valles de dudas de los que empiezo ya a dudar y he esquivado las estatuas de ceniza negra de las que tanto me has hablado mientras te hacías la dormida.
Pero se me va toda la fuerza por la boca cuando digo que aún te espero. Nunca han sonado tan poco convincentes unas palabras saliendo de mí, y menos aún si van ligadas a tu destello fugaz pero cruel. Al parecer no ha cambiado nada en todo este tiempo por aquí dentro, mi interior sigue yaciendo yermo ante las muestras de dolor y amor descafeinado, ante el goteo incesante de interrogantes.
Todos los caminos se han unido en un vértice de esperanza que abre nuevas panorámicas. Quizás una nueva forma de entender mi andadura hasta el día de hoy, sin prisas indebidas, sin miedos irracionales brotando al lado de la hiedra, sin promesas de mujer. Sólo las estrellas señalando la senda a seguir, arrastrando por la grava mi cordura y mis principios.
Alguien dijo un día lo bien que se sentía al no sentir, con todo el esplendor de la contradicción. Yo también pertenezco al club, yo también me torno por momentos una especie de máquina incansable, ajena al mundo, a su belleza y a su escoria. Pero siempre hay algo que no descansa como es debido. Algo que se niega a entrar en trances forzados o que se ríe de las milagrosas terapias de algún psicoanalista argentino.¿Y me siento bien cuando no siento nada? Nunca lo sabré.
Y es que ha llegado la hora de partir. Y no me conformaré con menos. No puedo hacerlo. Volaré por la carretera gris y torrada por el sol al acecho de nuevas armonías, de desvíos con los cuales perder de vista este nuevo antiguo camino. Echaré el cerrojo a tu cariño y las persianas a tus ojos. No hace falta que me recuerdes como fui, ni que escribí para ti mientras tratabas de evaporarte de mis manos…
Montañas y cielos azules a mi alrededor. Estoy radiante, con el viento golpeándome los brazos desnudos y el reloj avanzando sin miedo, aunque sea solo por unos instantes. Tan solo esta canción a capela que atraviesa mis sienes trazando figuras al azar en mi más retorcida memoria. Puedo ser un desgraciado y no creerlo, puedo ser perfectamente feliz y no darme ni cuenta. Quizás ahora no debería estar pensando...
Fue una estupidez por mi parte imaginar que al final del camino podrías estar tú...
Siempre olvidamos que lo que pudo ser y no fue es también lo que nunca será.
Uno más en el club
Amanece extraño hoy.
Hay flores muertas y estelas de perdedor sobre la cama deshecha. Son quizás lo que queda de ti, o de ti, y quizás de ti también. Un líquido rosa chapoteando en mis horas de desvelo, una llamarada de sonrisa fatal perdiendo el equilibrio entre ideas. La tormenta ha descargado con fuerza sobre la plaza y ha levantado el polvo de la nostalgia. O seguramente la nostalgia de la nostalgia, porque ya no sé dónde han quedado todas aquellas condenas y cadenas, toda esa antigua y conocida predisposición a tocar fondo, a agonizar como los posos del café.
La luz eléctrica que se cuela entre la densa penumbra no me distorsiona el pensamiento, y las ganas de verte son sólo el sonido de las gotas resbalando por la ventana. En mi fantasía, puedo uniros y separaros a mi antojo y empapar vuestros flequillos con la lluvia. Hay demasiados cosas inexplicables a mi alrededor como para detenerme a analizar el por qué ya no existes, ni siquiera en esos pedazos de papel amarillento.
Mi tristeza linda con mi éxtasis, mi ego desemboca en mis ruínas y el recuerdo desnuda al olvido. Es todo tan simple que soy yo el que se complica, una vez más, extrayendo el veneno de los días pasados y sirviéndolo en bandeja, agridulce. Pero lo hago riendo abiertamente, casi con maldad, con ese aire despreocupado con el que anoche te protegí de la gélida brisa marina y de la oscuridad más acogedora...
Me pongo la primera camiseta arrugada que encuentro al paso y salgo de casa con la mirada fija en la humedad que cubre los edificios. Suena una triste melodía en mi mente que me hace apretar los dientes con disimulo, pero no detengo el paso. Por un momento, creo volver a estar desenterrando piedras en el patio del colegio, consumiendo sueños, proyectando y rebobinando ilusiones....
De nuevo, hago como si te escucho, pero no es así. Un paso más y seré libre al fin.
Hay flores muertas y estelas de perdedor sobre la cama deshecha. Son quizás lo que queda de ti, o de ti, y quizás de ti también. Un líquido rosa chapoteando en mis horas de desvelo, una llamarada de sonrisa fatal perdiendo el equilibrio entre ideas. La tormenta ha descargado con fuerza sobre la plaza y ha levantado el polvo de la nostalgia. O seguramente la nostalgia de la nostalgia, porque ya no sé dónde han quedado todas aquellas condenas y cadenas, toda esa antigua y conocida predisposición a tocar fondo, a agonizar como los posos del café.
La luz eléctrica que se cuela entre la densa penumbra no me distorsiona el pensamiento, y las ganas de verte son sólo el sonido de las gotas resbalando por la ventana. En mi fantasía, puedo uniros y separaros a mi antojo y empapar vuestros flequillos con la lluvia. Hay demasiados cosas inexplicables a mi alrededor como para detenerme a analizar el por qué ya no existes, ni siquiera en esos pedazos de papel amarillento.
Mi tristeza linda con mi éxtasis, mi ego desemboca en mis ruínas y el recuerdo desnuda al olvido. Es todo tan simple que soy yo el que se complica, una vez más, extrayendo el veneno de los días pasados y sirviéndolo en bandeja, agridulce. Pero lo hago riendo abiertamente, casi con maldad, con ese aire despreocupado con el que anoche te protegí de la gélida brisa marina y de la oscuridad más acogedora...
Me pongo la primera camiseta arrugada que encuentro al paso y salgo de casa con la mirada fija en la humedad que cubre los edificios. Suena una triste melodía en mi mente que me hace apretar los dientes con disimulo, pero no detengo el paso. Por un momento, creo volver a estar desenterrando piedras en el patio del colegio, consumiendo sueños, proyectando y rebobinando ilusiones....
De nuevo, hago como si te escucho, pero no es así. Un paso más y seré libre al fin.
Sólo tú sabrás leerlo
Conozco tus gestos. A menudo me asustan, pero esta tarde están a punto de desgarrarme sin remedio.
Y es que no puedo soportar ese aire de miedo y de vergüenza con el que bajas la cabeza, ni la fuerza orgullosa que emana de ti para impedirte llorar desconsoladamente. Me produce inquietud ver tus dedos dominados por un incontrolable temblor, tu media sonrisa postiza, tu flequillo cayendo resignado sobre tu frente helada. Lucho a vida o muerte por no imaginarme qué sientes. No podría sobrellevarlo.
Me llegan como fogonazos de guerra todas tus disculpas, todo tu arrepentimiento, tus ganas de perderte en mi pecho. En tu casi inexistente mirada puedo comprobar que te dolió más que a mi recuerdo el no haberme visto sortear tus zapatillas en la oscuridad , el haber puesto a secar un puñado de abrazos junto a tu mustia inseguridad, a tu indescifrable manera de deshojar mi esperanza....
Me duele verte ahí, apoyada sobre tus manos en este moderno vagón, pero reconozco que hay algo en todo esto que te hace irresistible. La duda de no saber si abrirte los brazos de par en par o ,por el contrario, borrar tu risa nerviosa de mi memoria mantiene viva mi atención sobre ti. Pero me mantengo indiferente, frío, egoísta. Es mi turno, y no debería sorprenderte. Siempre has sabido crear escuela con suma maestría.
Así que no tengo otra opción que seguir mirándote y analizando tus movimientos, creando con cuidado la banda sonora de tu adiós. Tú te pierdes y yo me he cansado de este camino. Tú me miras fijamente, yo lo escribo. Tú te escondes con intención, yo no te busco por no encontrarte. Tú no sientes nada, yo no te creo....
Lo cierto es que no te conozco. Bajas del metro en la parada con uno de los nombres más estúpidos de la ciudad y te pierdes entre bloques de ladrillo y hormigón, entre sueños de asfalto y aceros. Continúo mi trayecto hacia la playa, pero ya nada es igual. Podrías no ser nadie, pero también ser todas. El silencio que se ha quedado implantado en mi mente desde que con un suspiro al aire has desaparecido me indica que no voy a dejar de seguirte....
Ojalá supiera contarte nuestra historia como lo harían esas películas que tanto te gustaban, pero es que hoy te he comprendido al fin, hoy he llegado a la cúspide de tu aparente inocencia. Y hoy ya no quiero irrumpir en tu habitación vacía, ya no me apetece ser alguien en tu trágico guión....
No me mires así mientras trato de intimar con la soledad. Después de todo, este final es tan bonito como absurdo.
Y es que no puedo soportar ese aire de miedo y de vergüenza con el que bajas la cabeza, ni la fuerza orgullosa que emana de ti para impedirte llorar desconsoladamente. Me produce inquietud ver tus dedos dominados por un incontrolable temblor, tu media sonrisa postiza, tu flequillo cayendo resignado sobre tu frente helada. Lucho a vida o muerte por no imaginarme qué sientes. No podría sobrellevarlo.
Me llegan como fogonazos de guerra todas tus disculpas, todo tu arrepentimiento, tus ganas de perderte en mi pecho. En tu casi inexistente mirada puedo comprobar que te dolió más que a mi recuerdo el no haberme visto sortear tus zapatillas en la oscuridad , el haber puesto a secar un puñado de abrazos junto a tu mustia inseguridad, a tu indescifrable manera de deshojar mi esperanza....
Me duele verte ahí, apoyada sobre tus manos en este moderno vagón, pero reconozco que hay algo en todo esto que te hace irresistible. La duda de no saber si abrirte los brazos de par en par o ,por el contrario, borrar tu risa nerviosa de mi memoria mantiene viva mi atención sobre ti. Pero me mantengo indiferente, frío, egoísta. Es mi turno, y no debería sorprenderte. Siempre has sabido crear escuela con suma maestría.
Así que no tengo otra opción que seguir mirándote y analizando tus movimientos, creando con cuidado la banda sonora de tu adiós. Tú te pierdes y yo me he cansado de este camino. Tú me miras fijamente, yo lo escribo. Tú te escondes con intención, yo no te busco por no encontrarte. Tú no sientes nada, yo no te creo....
Lo cierto es que no te conozco. Bajas del metro en la parada con uno de los nombres más estúpidos de la ciudad y te pierdes entre bloques de ladrillo y hormigón, entre sueños de asfalto y aceros. Continúo mi trayecto hacia la playa, pero ya nada es igual. Podrías no ser nadie, pero también ser todas. El silencio que se ha quedado implantado en mi mente desde que con un suspiro al aire has desaparecido me indica que no voy a dejar de seguirte....
Ojalá supiera contarte nuestra historia como lo harían esas películas que tanto te gustaban, pero es que hoy te he comprendido al fin, hoy he llegado a la cúspide de tu aparente inocencia. Y hoy ya no quiero irrumpir en tu habitación vacía, ya no me apetece ser alguien en tu trágico guión....
No me mires así mientras trato de intimar con la soledad. Después de todo, este final es tan bonito como absurdo.
Perro de guerra
No puedo dejar de mirar las botas del compañero que avanza solo a unos metros por delante de mi vista, hundiéndose impotentes en el barro traidor y ensuciadas por ese sentimiento tan extraño, mezcla de salvajismo, odio, sumisión y poder de superación que muestran varios de los hombres que suben la montaña. Esta vez, es solo un simulacro estúpido hasta la saciedad, pero estoy seguro que más de uno de éstos pobres diablos desearía estar ahora mismo riendo la tortura de un preso, de un enemigo. Un sentimiento conjunto se eleva de la manada hacia la cada vez más intensa lluvia, queriendo estar a punto de darse de bruces con la misma muerte.
Mientras continúo zarpando el pedregoso camino que lleva hacia quién sabe, me pregunto una y otra vez qué clase de motivación puede haber en toda ésta pesadilla.¿Cuál es la fuerza por la cual el ser humano disfruta con la muerte y la tortura de otro?¿Cómo es la asesina mente que se aleja de su família para estar en primera línea de fuego? No, nadie puede darse por satisfecho afirmando rotundamente que es su trabajo, mientras da otro eterno trago a su copa de whisky.
La misma imágen del niño sobre el césped brillante y soñando se repite una y otra vez....pero esta vez no hay balones, ni flores, ni tímidas niñas de vestido rosa ondeando al viento primaveral, sino fusiles, uniformes, toques de corneta y una represión incomprensible.... ojos claros que a día de hoy no tienen profundidad ni horizonte, hartos de sangre, de violaciones, de pueblos ardiendo....y una bandera orgullosa de toda esta vergüenza ondeando al son de miserables e indiscriminados intereses.
Una vez más la sinrazón ha tumbado a la cordura. Ni la niebla ni el frío me impiden verlo con total nitidez. Está ahí, pasando de mente en mente, de mirada en mirada... casi puede olerse la pólvora incluso sin estar....¿Valentía?¿Disciplina?¿Héroes?......
Una punzada en el brazo que sujeta el fusil me devuelve a la marcha. Y es entonces cuando me doy cuenta de que he perdido al resto de compañeros, y que vago solo, perdido, cansado, sin fuerzas y harto por unos parajes que ,aunque no conozco, me son indiferentes. La decepción no me permite tener miedo, pero sí odiarme con todas mis fuerzas, una vez y otra vez....
Me abro paso entre la niebla, que parece una inmensa sábana que me envuelve por más metros que avance, mientras las gotas chorrean por mi cara destiñendo éstas pinturas que no recuerdo para qué me han hecho ponérmelas...Quiero dejarme caer en cualquier húmeda roca de las que puedo distinguir desde aquí y perderme entre mis sueños, ser otra vez ese niño que jamás hubiese imaginado tanta hipocresía junta...quiero que me trague el temporal, aparecer de nuevo en casa junto a la hoguera escribiendo alguna carta, sonriendo a la hiedra, amontonando colillas y metáforas.....
Pero mi paso no se detiene. Y en mis oídos retruenan canciones que se mezclan con el sonido de la lluvia en el fango....soy como uno de esos imbéciles a los que siempre he criticado. Una máquina más. Estoy programado para llegar a esa maldita tienda de campaña y dejar que muera este martes. No importa lo que piense, ni lo que sienta. Ya se sabe, la perfecta máquina..... y no puede fallar. ¿Seguro?
Una extraña mueca quiere hacer de sonrisa cuando distingo a lo lejos el campamento, debajo de la montaña, como un extraño juego de estrategia. Con la mirada perdida, vuelvo a sentirme como ese lobo, herido pero al fin y al cabo libre, que en su día sembraba de besos al aire una estampa decorada por almendros en flor. Decidido pero sin rumbo, empiezo a descender la ladera, lento, cauteloso, casi como el riachuelo que se ha abierto entre la tierra y que cae, triste y gris, hacia su final.
Paso como un alma en pena por delante del resto de soldados. Unos se calientan junto a los escandalosos y desagradables tubos calefactores, otros se desnudan y escurren sus ropas empapadas, otros comen y beben..... pero yo no quiero nada de ellos. No quiero nada de nadie. Me encamino sin remedio hacia mi tienda, chorreando bajo la cada vez mas inspirada tormenta. Tropiezo, caigo, me levanto....me hundo....me vuelvo a hundir....el sonido de la cremallera medio atascada irrumpe entre los truenos. Estoy dentro, pero aún tengo la bruma haciendo sombra en mi mente.
El ininterrumpido taladro de las gotas sobre la lona de tela que me cubre me envuelve de forma casi mágica, y me hace darme cuenta de que me noto enfermo. El dolor sobre el pecho parece aumentar y un nuevo arranque de tos me irrita la garganta.
Todo esto es una mentira. Una mentira atroz y despiadada. Hundí mi cabeza en la gélida y empapada chaqueta que usaba como almohada y rompí a llorar. Alguien sepultó en ese instante todas mis ilusiones, formadas y atemorizadas en filas militares y entonando himnos que jamás creyeron......
La noche es opaca, densa, fría, húmeda. De golpe los generadores de energía se apagan y las luces de los focos que alumbran el campamento desaparecen. Solo el lejano silbido del viento, algún aullido en la lejanía.... Golpeo una piedra con la bota y me pierdo en la oscuridad, sintiendo la burla del destino, de las sombras de los arbustos meciéndose aquí y allá....
De nuevo la cremallera. No tengo luz, no tengo ganas de tener luz tampoco. Me despojo de los cargadores y los cinturones, y echo mano del poco material de abrigo que me queda disponible. El gorro de lana es una balsa, al igual que el saco de dormir ....pero tendré que conformarme. Hay alcohol, droga y comida fuera. Puedo escuchar las risas de unos, los ronquidos de otros, a los grillos.....el latir de mi corazón que bombea contra las piedras que me clavo me indica que soy uno más, sin distinción.
Estoy absorbido. Soy un asesino más.¿ Y quién me lo iba a decir? Precisamente yo, a quien muchos aún recuerdan trepando a los tejados de la aldea bajo el calor de agosto. Pero ahora soy un perro de guerra más en esta secta que cada vez me parece más vulgar. El frío del metal del fusil que duerme a escasos centímetros de mi tembloroso cuerpo poco tiene que ver con tus manos heladas en invierno......
Mientras continúo zarpando el pedregoso camino que lleva hacia quién sabe, me pregunto una y otra vez qué clase de motivación puede haber en toda ésta pesadilla.¿Cuál es la fuerza por la cual el ser humano disfruta con la muerte y la tortura de otro?¿Cómo es la asesina mente que se aleja de su família para estar en primera línea de fuego? No, nadie puede darse por satisfecho afirmando rotundamente que es su trabajo, mientras da otro eterno trago a su copa de whisky.
La misma imágen del niño sobre el césped brillante y soñando se repite una y otra vez....pero esta vez no hay balones, ni flores, ni tímidas niñas de vestido rosa ondeando al viento primaveral, sino fusiles, uniformes, toques de corneta y una represión incomprensible.... ojos claros que a día de hoy no tienen profundidad ni horizonte, hartos de sangre, de violaciones, de pueblos ardiendo....y una bandera orgullosa de toda esta vergüenza ondeando al son de miserables e indiscriminados intereses.
Una vez más la sinrazón ha tumbado a la cordura. Ni la niebla ni el frío me impiden verlo con total nitidez. Está ahí, pasando de mente en mente, de mirada en mirada... casi puede olerse la pólvora incluso sin estar....¿Valentía?¿Disciplina?¿Héroes?......
Una punzada en el brazo que sujeta el fusil me devuelve a la marcha. Y es entonces cuando me doy cuenta de que he perdido al resto de compañeros, y que vago solo, perdido, cansado, sin fuerzas y harto por unos parajes que ,aunque no conozco, me son indiferentes. La decepción no me permite tener miedo, pero sí odiarme con todas mis fuerzas, una vez y otra vez....
Me abro paso entre la niebla, que parece una inmensa sábana que me envuelve por más metros que avance, mientras las gotas chorrean por mi cara destiñendo éstas pinturas que no recuerdo para qué me han hecho ponérmelas...Quiero dejarme caer en cualquier húmeda roca de las que puedo distinguir desde aquí y perderme entre mis sueños, ser otra vez ese niño que jamás hubiese imaginado tanta hipocresía junta...quiero que me trague el temporal, aparecer de nuevo en casa junto a la hoguera escribiendo alguna carta, sonriendo a la hiedra, amontonando colillas y metáforas.....
Pero mi paso no se detiene. Y en mis oídos retruenan canciones que se mezclan con el sonido de la lluvia en el fango....soy como uno de esos imbéciles a los que siempre he criticado. Una máquina más. Estoy programado para llegar a esa maldita tienda de campaña y dejar que muera este martes. No importa lo que piense, ni lo que sienta. Ya se sabe, la perfecta máquina..... y no puede fallar. ¿Seguro?
Una extraña mueca quiere hacer de sonrisa cuando distingo a lo lejos el campamento, debajo de la montaña, como un extraño juego de estrategia. Con la mirada perdida, vuelvo a sentirme como ese lobo, herido pero al fin y al cabo libre, que en su día sembraba de besos al aire una estampa decorada por almendros en flor. Decidido pero sin rumbo, empiezo a descender la ladera, lento, cauteloso, casi como el riachuelo que se ha abierto entre la tierra y que cae, triste y gris, hacia su final.
Paso como un alma en pena por delante del resto de soldados. Unos se calientan junto a los escandalosos y desagradables tubos calefactores, otros se desnudan y escurren sus ropas empapadas, otros comen y beben..... pero yo no quiero nada de ellos. No quiero nada de nadie. Me encamino sin remedio hacia mi tienda, chorreando bajo la cada vez mas inspirada tormenta. Tropiezo, caigo, me levanto....me hundo....me vuelvo a hundir....el sonido de la cremallera medio atascada irrumpe entre los truenos. Estoy dentro, pero aún tengo la bruma haciendo sombra en mi mente.
El ininterrumpido taladro de las gotas sobre la lona de tela que me cubre me envuelve de forma casi mágica, y me hace darme cuenta de que me noto enfermo. El dolor sobre el pecho parece aumentar y un nuevo arranque de tos me irrita la garganta.
Todo esto es una mentira. Una mentira atroz y despiadada. Hundí mi cabeza en la gélida y empapada chaqueta que usaba como almohada y rompí a llorar. Alguien sepultó en ese instante todas mis ilusiones, formadas y atemorizadas en filas militares y entonando himnos que jamás creyeron......
La noche es opaca, densa, fría, húmeda. De golpe los generadores de energía se apagan y las luces de los focos que alumbran el campamento desaparecen. Solo el lejano silbido del viento, algún aullido en la lejanía.... Golpeo una piedra con la bota y me pierdo en la oscuridad, sintiendo la burla del destino, de las sombras de los arbustos meciéndose aquí y allá....
De nuevo la cremallera. No tengo luz, no tengo ganas de tener luz tampoco. Me despojo de los cargadores y los cinturones, y echo mano del poco material de abrigo que me queda disponible. El gorro de lana es una balsa, al igual que el saco de dormir ....pero tendré que conformarme. Hay alcohol, droga y comida fuera. Puedo escuchar las risas de unos, los ronquidos de otros, a los grillos.....el latir de mi corazón que bombea contra las piedras que me clavo me indica que soy uno más, sin distinción.
Estoy absorbido. Soy un asesino más.¿ Y quién me lo iba a decir? Precisamente yo, a quien muchos aún recuerdan trepando a los tejados de la aldea bajo el calor de agosto. Pero ahora soy un perro de guerra más en esta secta que cada vez me parece más vulgar. El frío del metal del fusil que duerme a escasos centímetros de mi tembloroso cuerpo poco tiene que ver con tus manos heladas en invierno......
Pues claro que lo recuerdo
Creí volver a estar años atrás, en el mismo lugar y la misma hora donde te tuve tan cerca. No me lo esperaba ni por asomo, pero fue como un fogonazo que me descolocó la mirada sin darme tiempo para analizarlo. De un plumazo, en tus ojos entrecerrados podía ver el frío incrustado en los cristales del coche, la humedad calmada haciendo siniestras las farolas y la oscuridad cayendo con todo su peso sobre mi conciencia.
Me quedé paralizado, perplejo ante tanta belleza junta, ante un torbellino de recuerdos y sensaciones que volvió a hacerme dudar sobre lo que quería realmente. Todas tus incógnitas e interrogantes fluían una a una por el manantial de tus labios, tantas y tantas preguntas cosidas y palabras camufladas que se contorneaban en mi memoria, incapaces de hilar algo coherente. De una forma nebulosa y apática, el miedo irracional a no tenerte nunca más regresó a mi como lo había hecho durante aquellos meses de invierno.....
El tiempo había planeado raso sobre nosotros y yo, con todo aquello casi seco, me había hecho a la idea de que también había fumigado sin piedad nuestra historia sin sentido. Pero vi que no era así. Querías decírmelo, pero no sabías cómo. Y yo también necesitaba susurrártelo, de alguna manera u otra. Estoy seguro que fue entonces cuando un sentimiento mutuo se elevó desde nuestra posición y se dejó iluminar por la mortecina luz de la avenida. Fue entonces cuando se reunieron de nuevo todos los artistas para dedicarnos sus canciones y el destino nos abría un camino lleno de hierbajos muertos donde un día dormimos amparados por un amanecer que dolía como un golpe de puñal.
Y quise grabar en mi temblorosa retina cada uno de tus suspiros, el delicado movimiento de tus manos perdiéndose entre la música. Incluso en ese estado de semi- inconsciencia capté que estaba escribiendo unas páginas que debería considerar muy atentamente. Pero simplemente no fui capaz. Había lágrimas que corrían hacia dentro, rumbo a un fuego helado que crepitaba en mi pecho. El aroma de tu cuello, tan familiar como novedoso, se calaba entre el cuero de mi chaqueta y me convencía, una vez más, de que ahí seguía, intacta y frágil como siempre, mi perdición más ansiada.
Rock ochentero de vuelta al barrio. Podría haber pasado horas y horas sin moverme, con este triste brazo en el volante y el otro tímidamente agarrado al asiento, solamente viendo pasar los edificios y contemplando como las gotas se acumulan en el cristal. Me estás hablando al oído. Me dices con voz forzada que no te importo ni la más mínima de las mierdas, que todos esos detalles estúpidos no significan nada para ti, y que, de hecho, te ha bastado subir los primeros dos escalones de tu portal para olvidarlo y deshacerte de mi abrazo sin contemplaciones....
Asiento en silencio. No te creo. Por más que le doy vueltas, no logro entenderlo. Soy incapaz de mirar aunque sea de reojo a tu interior más superficial, siempre tan impotente al no poder escucharte....
Pero mi mano no roza tu rodilla, sino ese trozo de tela desgastada y gris que cubre el tapizado del vehículo. Hace rato que te dejé. Enciendo el último cigarrillo de la noche y recuerdo esa última sonrisa opaca tras los ventanales de tu finca.....
Tengo la amarga sensación de haber visto morir agonizante a una época de un tiro a quemarropa.
¿Realmente he creído alguna vez en esto?
Me echaría a la basura ahora mismo. Pero estoy tan cansado.....
Me quedé paralizado, perplejo ante tanta belleza junta, ante un torbellino de recuerdos y sensaciones que volvió a hacerme dudar sobre lo que quería realmente. Todas tus incógnitas e interrogantes fluían una a una por el manantial de tus labios, tantas y tantas preguntas cosidas y palabras camufladas que se contorneaban en mi memoria, incapaces de hilar algo coherente. De una forma nebulosa y apática, el miedo irracional a no tenerte nunca más regresó a mi como lo había hecho durante aquellos meses de invierno.....
El tiempo había planeado raso sobre nosotros y yo, con todo aquello casi seco, me había hecho a la idea de que también había fumigado sin piedad nuestra historia sin sentido. Pero vi que no era así. Querías decírmelo, pero no sabías cómo. Y yo también necesitaba susurrártelo, de alguna manera u otra. Estoy seguro que fue entonces cuando un sentimiento mutuo se elevó desde nuestra posición y se dejó iluminar por la mortecina luz de la avenida. Fue entonces cuando se reunieron de nuevo todos los artistas para dedicarnos sus canciones y el destino nos abría un camino lleno de hierbajos muertos donde un día dormimos amparados por un amanecer que dolía como un golpe de puñal.
Y quise grabar en mi temblorosa retina cada uno de tus suspiros, el delicado movimiento de tus manos perdiéndose entre la música. Incluso en ese estado de semi- inconsciencia capté que estaba escribiendo unas páginas que debería considerar muy atentamente. Pero simplemente no fui capaz. Había lágrimas que corrían hacia dentro, rumbo a un fuego helado que crepitaba en mi pecho. El aroma de tu cuello, tan familiar como novedoso, se calaba entre el cuero de mi chaqueta y me convencía, una vez más, de que ahí seguía, intacta y frágil como siempre, mi perdición más ansiada.
Rock ochentero de vuelta al barrio. Podría haber pasado horas y horas sin moverme, con este triste brazo en el volante y el otro tímidamente agarrado al asiento, solamente viendo pasar los edificios y contemplando como las gotas se acumulan en el cristal. Me estás hablando al oído. Me dices con voz forzada que no te importo ni la más mínima de las mierdas, que todos esos detalles estúpidos no significan nada para ti, y que, de hecho, te ha bastado subir los primeros dos escalones de tu portal para olvidarlo y deshacerte de mi abrazo sin contemplaciones....
Asiento en silencio. No te creo. Por más que le doy vueltas, no logro entenderlo. Soy incapaz de mirar aunque sea de reojo a tu interior más superficial, siempre tan impotente al no poder escucharte....
Pero mi mano no roza tu rodilla, sino ese trozo de tela desgastada y gris que cubre el tapizado del vehículo. Hace rato que te dejé. Enciendo el último cigarrillo de la noche y recuerdo esa última sonrisa opaca tras los ventanales de tu finca.....
Tengo la amarga sensación de haber visto morir agonizante a una época de un tiro a quemarropa.
¿Realmente he creído alguna vez en esto?
Me echaría a la basura ahora mismo. Pero estoy tan cansado.....
Hoy (El estado)
Hoy es un día de esos que jamás echaré de menos, ciertamente. Y es que no me acostumbro a no sentir, a éste estado de insensibilidad y pasividad que se apodera de mis actos e ideas, construyendo muros de cemento y silencio tapiando así mi recuerdo y toda su onda expansiva.
Hoy creo que nada de lo que se me ofrece es digno de atención, y acumulo imágenes y palabras que una a una llegan a mi sin apenas pararme a descifrarlas. Simplemente, se evaporan junto al humo del tabaco con el que dibujo mi desidia en la pared. Podría pensar en qué hacer a partir de ahora para hacer mi vida especial, pero estoy demasiado débil para pensar. No tengo la capacidad que quisiera para obrar en mi estado de ánimo y estoy sólo rodeado de detalles que no me importan lo más mínimo. Parecen meras caricaturas baratas de lo que un día fueron, sarcásticas, pintadas en dos tristes tonos y a punto de recibir una despiadada sepultura.
Bajo una mirada helada se secan como pellejos los sentimientos más infranqueables, incluso esos que habían firmado un pacto con el tiempo y ocupaban tronos privilegiados en mis sueños. Saliendo de un coma y entrando en otro todavía más profundo, vistiéndome de gala para sumergirme en otro pozo sin fondo y harto de contemplar al vicio amanecer a mi lado, fuerzo los pensamientos y los atraigo hacia mi, en un ritual que acaba haciéndome besar el suelo, una vez más. Y es mi cabeza la que rueda al final, es mi ilusión la que se pierde entre las fauces del desistimiento para poco después hincarme el puñal en el pecho con fuerza.
Trato de convencerme de que aún quedan aventuras para mi. De que no todas las salidas que veo en esta sucia autopista me llevan al mismo lugar. Pero es imposible en éste estado. Quisiera llorar, reír, echar de menos, creer en algo o en todo, pero sólo consigo una mueca extraña que me hace despertar de un nuevo trance. Las mismas ganas que tengo de dormir y no despertar en años las tengo en la misma proporción de escapar y embarcarme en una nueva historia, hacer añicos el protocolo y darle la vuelta a la tortilla. Y es lo que desea este estado de ánimo, este coágulo de emociones marchitas: Querer volver a soñar.
Hoy creo que nada de lo que se me ofrece es digno de atención, y acumulo imágenes y palabras que una a una llegan a mi sin apenas pararme a descifrarlas. Simplemente, se evaporan junto al humo del tabaco con el que dibujo mi desidia en la pared. Podría pensar en qué hacer a partir de ahora para hacer mi vida especial, pero estoy demasiado débil para pensar. No tengo la capacidad que quisiera para obrar en mi estado de ánimo y estoy sólo rodeado de detalles que no me importan lo más mínimo. Parecen meras caricaturas baratas de lo que un día fueron, sarcásticas, pintadas en dos tristes tonos y a punto de recibir una despiadada sepultura.
Bajo una mirada helada se secan como pellejos los sentimientos más infranqueables, incluso esos que habían firmado un pacto con el tiempo y ocupaban tronos privilegiados en mis sueños. Saliendo de un coma y entrando en otro todavía más profundo, vistiéndome de gala para sumergirme en otro pozo sin fondo y harto de contemplar al vicio amanecer a mi lado, fuerzo los pensamientos y los atraigo hacia mi, en un ritual que acaba haciéndome besar el suelo, una vez más. Y es mi cabeza la que rueda al final, es mi ilusión la que se pierde entre las fauces del desistimiento para poco después hincarme el puñal en el pecho con fuerza.
Trato de convencerme de que aún quedan aventuras para mi. De que no todas las salidas que veo en esta sucia autopista me llevan al mismo lugar. Pero es imposible en éste estado. Quisiera llorar, reír, echar de menos, creer en algo o en todo, pero sólo consigo una mueca extraña que me hace despertar de un nuevo trance. Las mismas ganas que tengo de dormir y no despertar en años las tengo en la misma proporción de escapar y embarcarme en una nueva historia, hacer añicos el protocolo y darle la vuelta a la tortilla. Y es lo que desea este estado de ánimo, este coágulo de emociones marchitas: Querer volver a soñar.
Comunicando....
Podría escuchar una y otra vez ésta banda sonora, de arriba abajo y de abajo a arriba, y no conseguiría atraer a mi mente el más mínimo interés por todo lo que aparentemente nos rodea. Infiltrado en una sociedad opaca, polvorienta, borrascosa, delego en las amarillentas hojas de mi desesperación plumazos de rabia y cansancio, de abatimiento y resignación. La noche tiene la inquietante silueta de la sonrisa de un payaso. Repleta de enfermos muslos abiertos de par en par a la conveniencia, de montones de fardos de billetes masticados por la ignorancia, el interés y por todo lo que ya está escrito.
Por lo visto no hay nadie que pueda echarnos un cable, que nos abra puertas y nos enseñe qué hay más allá de las callejuelas sucias a las que nuestra vista tiene alcance. Nadie nos hace creer en el diálogo, en el amor, en el bienestar interior, en las mañanas de verano. Caminaremos solos el resto de nuestros días, tratando de comprender con la mayor precisión toda la bazofia que nos echan de comer hora tras hora en televisores y radios, creyendo en la ruborizada sonrisa de la ramera de turno que se interesa en limpiar sus mocos con nuestros corazones, haciendo propios problemas ajenos que, seguramente, no existieron jamás. El futuro es el despiadado ataque de una manada de lobos en plena nevada.
Gente opinando aquí y allá, posturas absurdas en un mundo no menos absurdo, que nadie adopta por convicción sino por aburrimiento. Hay quien se cree que perteneciendo a cierto movimiento radical es alguien. Hay quien piensa que sólo y desamparado encontrará el orgasmo interior. Hay quien lo deja en manos de la cocaína. Todos unidos por un mismo lazo, por un mismo fin: creer que son alguien especial.
Y es por eso por lo que en una noche cómo la que nos concierne no hay caminos políticamente correctos para recorrer. La sociedad cae aplastada bajo la maza de la vulgaridad y la monotonía machacante. Nosotros buscamos algo nuevo, algo que nos aleje un poco más de nuestras vidas por defecto, de nuestras penosas recaídas. Algo nuevo que reinvente ilusiones, que componga nuevas canciones y cree vida, al lado paralelo de todo lo que hasta ahora conocemos. Que nos haga prender nuestros deseos más recónditos, que llene cada silencio con explosiones de aire puro.
Pero todo eso aquí no está. Nadie está preparado para ello. No está en las calles, ni en los barrios nocturnos abarrotados. Tampoco está en las discotecas, ni entre los hielos del Ron, ni en el rimel alegre de las universitarias. No lo encuentras en los libros ni en Internet. Buscas y buscas, pero no hay manera. Al final es otra vez lo mismo de siempre. Desistimiento, tumbarte sobre la cama deshecha, apurar el cigarrillo y cargarte de una nueva oleada de violencia de la que el día a día nos está haciendo presos.La moneda ya está en el aire.
Por lo visto no hay nadie que pueda echarnos un cable, que nos abra puertas y nos enseñe qué hay más allá de las callejuelas sucias a las que nuestra vista tiene alcance. Nadie nos hace creer en el diálogo, en el amor, en el bienestar interior, en las mañanas de verano. Caminaremos solos el resto de nuestros días, tratando de comprender con la mayor precisión toda la bazofia que nos echan de comer hora tras hora en televisores y radios, creyendo en la ruborizada sonrisa de la ramera de turno que se interesa en limpiar sus mocos con nuestros corazones, haciendo propios problemas ajenos que, seguramente, no existieron jamás. El futuro es el despiadado ataque de una manada de lobos en plena nevada.
Gente opinando aquí y allá, posturas absurdas en un mundo no menos absurdo, que nadie adopta por convicción sino por aburrimiento. Hay quien se cree que perteneciendo a cierto movimiento radical es alguien. Hay quien piensa que sólo y desamparado encontrará el orgasmo interior. Hay quien lo deja en manos de la cocaína. Todos unidos por un mismo lazo, por un mismo fin: creer que son alguien especial.
Y es por eso por lo que en una noche cómo la que nos concierne no hay caminos políticamente correctos para recorrer. La sociedad cae aplastada bajo la maza de la vulgaridad y la monotonía machacante. Nosotros buscamos algo nuevo, algo que nos aleje un poco más de nuestras vidas por defecto, de nuestras penosas recaídas. Algo nuevo que reinvente ilusiones, que componga nuevas canciones y cree vida, al lado paralelo de todo lo que hasta ahora conocemos. Que nos haga prender nuestros deseos más recónditos, que llene cada silencio con explosiones de aire puro.
Pero todo eso aquí no está. Nadie está preparado para ello. No está en las calles, ni en los barrios nocturnos abarrotados. Tampoco está en las discotecas, ni entre los hielos del Ron, ni en el rimel alegre de las universitarias. No lo encuentras en los libros ni en Internet. Buscas y buscas, pero no hay manera. Al final es otra vez lo mismo de siempre. Desistimiento, tumbarte sobre la cama deshecha, apurar el cigarrillo y cargarte de una nueva oleada de violencia de la que el día a día nos está haciendo presos.La moneda ya está en el aire.
Bastardo!
El color de la tarde perdiendo fuerza, el ruido rutinario de la carretera y alguna triste canción acústica de fondo me sorprenden pensando en ti casi sin quererlo. No lo entiendo muy bien, pero tampoco me esfuerzo mucho en desmenuzar todo lo que voy sintiendo, melancólico y lleno a la vez. Lo único que se es que estás ahí, en todos y cada uno de los horizontes que voy allanando, sonriente e inquieta, hablándome detrás de tu café.
Quizás debería sentirme culpable y estúpido en una situación como esta, y , en cierta manera, así es. Pero no me armo de valor para dejarte dormida como te mereces en algún callejón rural de mi mente, para mantenerte alejada de éste enjambre de emociones en el que hoy nadas desnuda sin pararte a pensar por qué lo haces. Me gusta recordarte, me serena y además no lo puedo evitar. Voy agotando los kilómetros sumido en tu extraño hechizo, en ese poder especial que tienes al bajar la mirada, en el brillo de tu pelo cuando lo observo sin que te des la mínima cuenta de ello.
Hoy he soñado contigo, pero había censura. Tenía que conformarme también con observar tu interior y tu pasado desde el balcón de tu mirada, pero era feliz así. Al igual que lo soy en la vida consciente de tener la oportunidad de rozarte la mano o de dedicarte alguna de mis sonrisas nerviosas mientras el tiempo se va. Es así como debe ser, y todo lo demás sobra. No jugamos en la misma liga ,aunque tu magia me envuelva cuando menos lo espero, aunque crea volver a mi infancia cuando el viento me hace el favor de traerme un retal de tu aroma.
Y pienso en cuando te conocí. Estoy seguro de que si me hubiesen dicho entonces que ibas a ser la silueta sobre la que gira el invierno, habría reído hasta atragantarme. Porque se que no procede sentir así, por mucho que éstas melodías se empeñen en demostrarme lo contrario. Pero en mi confusión irreal no hay árboles pelados ni días de asfalto. Solo tú, perdida entre las hojas de una historia absurda y sin sentido, que en días como este me esfuerzo en escribir.
Ya hace un cuarto de hora que he llegado y el coche ya está casi tan frío como mis manos. Al fin pestañeo, y siento un gran alivio. El humo invade gran parte de mi vistas y la noche se torna cada vez más noche. Qué insensato imaginarme abrazado a tu espalda y anclado en tus piernas de por vida, que cruel haber deseado dormir hundido en tu cuello. Y tú ajena a todo esto, pensando el cielo sabe qué......
Por favor, no me lo tengas en cuenta.
Quizás debería sentirme culpable y estúpido en una situación como esta, y , en cierta manera, así es. Pero no me armo de valor para dejarte dormida como te mereces en algún callejón rural de mi mente, para mantenerte alejada de éste enjambre de emociones en el que hoy nadas desnuda sin pararte a pensar por qué lo haces. Me gusta recordarte, me serena y además no lo puedo evitar. Voy agotando los kilómetros sumido en tu extraño hechizo, en ese poder especial que tienes al bajar la mirada, en el brillo de tu pelo cuando lo observo sin que te des la mínima cuenta de ello.
Hoy he soñado contigo, pero había censura. Tenía que conformarme también con observar tu interior y tu pasado desde el balcón de tu mirada, pero era feliz así. Al igual que lo soy en la vida consciente de tener la oportunidad de rozarte la mano o de dedicarte alguna de mis sonrisas nerviosas mientras el tiempo se va. Es así como debe ser, y todo lo demás sobra. No jugamos en la misma liga ,aunque tu magia me envuelva cuando menos lo espero, aunque crea volver a mi infancia cuando el viento me hace el favor de traerme un retal de tu aroma.
Y pienso en cuando te conocí. Estoy seguro de que si me hubiesen dicho entonces que ibas a ser la silueta sobre la que gira el invierno, habría reído hasta atragantarme. Porque se que no procede sentir así, por mucho que éstas melodías se empeñen en demostrarme lo contrario. Pero en mi confusión irreal no hay árboles pelados ni días de asfalto. Solo tú, perdida entre las hojas de una historia absurda y sin sentido, que en días como este me esfuerzo en escribir.
Ya hace un cuarto de hora que he llegado y el coche ya está casi tan frío como mis manos. Al fin pestañeo, y siento un gran alivio. El humo invade gran parte de mi vistas y la noche se torna cada vez más noche. Qué insensato imaginarme abrazado a tu espalda y anclado en tus piernas de por vida, que cruel haber deseado dormir hundido en tu cuello. Y tú ajena a todo esto, pensando el cielo sabe qué......
Por favor, no me lo tengas en cuenta.
El estanque
Estoy temblando, pero al mismo tiempo recibiendo duras oleadas de calor enfermizo procedentes de mi espalda. No lo entiendo. Es casi tan irreal como no tenerte danzando en mi mente ahora mismo....
No puedo concentrarme en nada, la mirada se me pierde entre nebulosas y violentas colisiones de ideas, tan forzadas, ambiguas y desgastadas que carecen de principio y de fin. Por momentos, me da la sensación de que todos estos desvíos ya me los conozco de sobras, y que lo único que espera al otro lado de la alambrada es un maldito desierto de huesos y cardos. Puedo verlo....
La inspiración es devorada por el temor a abandonar este mezquino estado de sopor, y los escasos instantes de claridad son sofocados de inmediato por el bloqueo del hielo.Pánico a adentrarme en las sombras del mañana, obsesión e impotencia por derribar el muro de lo que fue el ayer. No sé dónde me meto, agonizo de estar parado y me sangra el sentimiento si avanzo. Mi trinchera es la peor trampa.
Absurdo, desesperado, desconcertado. Cada hora que pasa es tan sólo un montón más de mierda acumulada, más trabajo para una mente ya de por sí desbordada. El estanque está lleno a rebosar y empiezo a desear el final, tan alentador como inevitable. Y es que no he aprendido nada. No he sabido sacar alimento de todos esos sueños incinerados, de toda esa gente perdida en el tiempo. Todo es una enorme pira de dudas y ruegos estúpidos.
Y alrededor una sociedad banal y opaca, todos diciendo nada, todos aportando nada. Querencias que ahora son sólo creencias, un desmadrado y triste desfile de hijos de puta disfrazados de profetas modernos, de sabios de última generación, de zorras indecisas. Se me echa encima la paciencia, y este dolor intenso de sienes que me hace cerrar los ojos con fuerza me recuerda que esos pasos que pretendo retomar están tan borrados ya como aquel suspiro luminoso de buena mañana....
Voy a ganarle la mano a la desidia con alevosía, pero eso no hará que me sienta mejor. Tampoco sé a ciencia cierta si lo merezco, realmente.
No puedo concentrarme en nada, la mirada se me pierde entre nebulosas y violentas colisiones de ideas, tan forzadas, ambiguas y desgastadas que carecen de principio y de fin. Por momentos, me da la sensación de que todos estos desvíos ya me los conozco de sobras, y que lo único que espera al otro lado de la alambrada es un maldito desierto de huesos y cardos. Puedo verlo....
La inspiración es devorada por el temor a abandonar este mezquino estado de sopor, y los escasos instantes de claridad son sofocados de inmediato por el bloqueo del hielo.Pánico a adentrarme en las sombras del mañana, obsesión e impotencia por derribar el muro de lo que fue el ayer. No sé dónde me meto, agonizo de estar parado y me sangra el sentimiento si avanzo. Mi trinchera es la peor trampa.
Absurdo, desesperado, desconcertado. Cada hora que pasa es tan sólo un montón más de mierda acumulada, más trabajo para una mente ya de por sí desbordada. El estanque está lleno a rebosar y empiezo a desear el final, tan alentador como inevitable. Y es que no he aprendido nada. No he sabido sacar alimento de todos esos sueños incinerados, de toda esa gente perdida en el tiempo. Todo es una enorme pira de dudas y ruegos estúpidos.
Y alrededor una sociedad banal y opaca, todos diciendo nada, todos aportando nada. Querencias que ahora son sólo creencias, un desmadrado y triste desfile de hijos de puta disfrazados de profetas modernos, de sabios de última generación, de zorras indecisas. Se me echa encima la paciencia, y este dolor intenso de sienes que me hace cerrar los ojos con fuerza me recuerda que esos pasos que pretendo retomar están tan borrados ya como aquel suspiro luminoso de buena mañana....
Voy a ganarle la mano a la desidia con alevosía, pero eso no hará que me sienta mejor. Tampoco sé a ciencia cierta si lo merezco, realmente.
La velada de los mil besos profundos
Sentado física y psicológicamente no muy lejos de la puerta de entrada, absorbido por la suave pero pesada brisa de verano y por los sueños que nadan en este oscuro café que humea sobre el periódico, caigo en la cuenta de la reverencia que el destino me ha brindado. Me encuentro especialmente embriagado por esta cálida y cercana música soul que escupen los altavoces, por el sonido ya amado de la calle floreciendo a la tarde. Hay algo oculto que me da vida en todo esto, y no se muy bien de qué se trata. Pero los detalles... ¿Cómo puede haber tanta luminosidad en unos simples cristales, en esa máquina de tabaco, en la escarcha de esa ruidosa nevera?
Serena y tímida transición la que hoy me ocupa. Puedo veros a todos reunidos, bromeando y discutiendo, vaciando vasos y haciendo añicos el papel que cubre la mesa. He visto extasiado como caía la acogedora noche bajo estos conmovedores acordes, vislumbrando los tonos rojizos y pardos que el cielo va tomando por encima de la urbe, acompañando con un sumiso siseo imperceptible el vaivén de las ramas de unos árboles que ahora parecen distintos. Todo parece cobrar vida propia, todo parece querer unirse a este baile de emociones de lágrima fácil. Pero no encuentro palabras. Pese a todas las crueldades y excesos, los besos de la vida me llegan en oleadas, rompiendo con avidez contra mi calma.
Hace unas horas que nos hemos cruzado aquí mismo, escudados en el odioso protocolo y en la entrañable timidez. He podido leer mucho más en ti de lo que imaginas. Y he decidido no olvidarte. Sin quererlo, he dibujado tus facciones en una triste comanda cuadriculada y te he ofrecido mi historia, abierta de par en par, para que ocupes el lugar que quieras. Por un momento, deseo que vuelvas a cruzar la calle, informal, dócil, con ese aire de duda con el que me has clavado tu sonrisa, con la única intención de volver a sentirlo. Sonrío con resignación mientras noto el aire morder mi rostro. Posiblemente no te vuelva a ver más, pero aún así, me has hecho tanto bien…
Vuelo entre sentimientos abstractos hacia la mañana, rasa y traslúcida como mi ánimo, abriéndose paso de nuevo en mitad de la pena teñida. Podría estar delirando dentro de este túnel reflexivo y casi autodestructivo. Pero no, tan sólo busco esbozar con la mayor exactitud posible un equilibrio que se que no volverá. Al menos de esta manera. Hay algo que tira de mi pidiéndome que no siga, que rompa en mil pedazos toda ilusión creada y que vuelva a las mazmorras....pero mi copa está medio llena, mis ojos ya no callan verdades como puños y, además, el bullicio me recuerda que ahora toca trabajar. Es imposible dejar de cautivarse con todo cuando es tu nueva vida la que te ampara.....
Ataviado con mi sonrisa más clara y brillante, me dispongo a encender una a una todas las velas que adornan las mesas de los enamorados, fiel, abnegado, sintiendo como propio el fuego y el calor que creo. Y muy dentro de mí también afloran al fin las llamas que he ido apagando con soplidos gélidos durante todo este tiempo atrás....
Última vela. ¿La prenderé por aquellos besos desahuciados? ¿Por los cientos de escritos que se secan en el armario? ¿O quizás por una mirada extendiéndose, obscena, por el fino hielo de mi pecho?No. Ésta va por ti., que ríes en mi mente haciendo imposible esta tarde de verano y que con un breve gesto de asentimiento me das esa fuerza inconmensurable. Con el orgullo indescriptible de estar envuelto en tu constante recuerdo, con la certeza de que nuestra conversación aún no ha terminado, y con la rabia sosegada que emerge por no poder brindarte estas letras, acciono el mechero para verte centellear para siempre en el reflejo de la luz que ya alumbra la estancia.............
Y la lluvia no curará esto......
Serena y tímida transición la que hoy me ocupa. Puedo veros a todos reunidos, bromeando y discutiendo, vaciando vasos y haciendo añicos el papel que cubre la mesa. He visto extasiado como caía la acogedora noche bajo estos conmovedores acordes, vislumbrando los tonos rojizos y pardos que el cielo va tomando por encima de la urbe, acompañando con un sumiso siseo imperceptible el vaivén de las ramas de unos árboles que ahora parecen distintos. Todo parece cobrar vida propia, todo parece querer unirse a este baile de emociones de lágrima fácil. Pero no encuentro palabras. Pese a todas las crueldades y excesos, los besos de la vida me llegan en oleadas, rompiendo con avidez contra mi calma.
Hace unas horas que nos hemos cruzado aquí mismo, escudados en el odioso protocolo y en la entrañable timidez. He podido leer mucho más en ti de lo que imaginas. Y he decidido no olvidarte. Sin quererlo, he dibujado tus facciones en una triste comanda cuadriculada y te he ofrecido mi historia, abierta de par en par, para que ocupes el lugar que quieras. Por un momento, deseo que vuelvas a cruzar la calle, informal, dócil, con ese aire de duda con el que me has clavado tu sonrisa, con la única intención de volver a sentirlo. Sonrío con resignación mientras noto el aire morder mi rostro. Posiblemente no te vuelva a ver más, pero aún así, me has hecho tanto bien…
Vuelo entre sentimientos abstractos hacia la mañana, rasa y traslúcida como mi ánimo, abriéndose paso de nuevo en mitad de la pena teñida. Podría estar delirando dentro de este túnel reflexivo y casi autodestructivo. Pero no, tan sólo busco esbozar con la mayor exactitud posible un equilibrio que se que no volverá. Al menos de esta manera. Hay algo que tira de mi pidiéndome que no siga, que rompa en mil pedazos toda ilusión creada y que vuelva a las mazmorras....pero mi copa está medio llena, mis ojos ya no callan verdades como puños y, además, el bullicio me recuerda que ahora toca trabajar. Es imposible dejar de cautivarse con todo cuando es tu nueva vida la que te ampara.....
Ataviado con mi sonrisa más clara y brillante, me dispongo a encender una a una todas las velas que adornan las mesas de los enamorados, fiel, abnegado, sintiendo como propio el fuego y el calor que creo. Y muy dentro de mí también afloran al fin las llamas que he ido apagando con soplidos gélidos durante todo este tiempo atrás....
Última vela. ¿La prenderé por aquellos besos desahuciados? ¿Por los cientos de escritos que se secan en el armario? ¿O quizás por una mirada extendiéndose, obscena, por el fino hielo de mi pecho?No. Ésta va por ti., que ríes en mi mente haciendo imposible esta tarde de verano y que con un breve gesto de asentimiento me das esa fuerza inconmensurable. Con el orgullo indescriptible de estar envuelto en tu constante recuerdo, con la certeza de que nuestra conversación aún no ha terminado, y con la rabia sosegada que emerge por no poder brindarte estas letras, acciono el mechero para verte centellear para siempre en el reflejo de la luz que ya alumbra la estancia.............
Y la lluvia no curará esto......
Eclipse emocional
Hay veces en las que te ves obligado a traicionar a tus más mezquinos presentimientos, a tus convicciones mejor labradas. Tarea extremadamente complicada, sobre todo cuando se trata de buscar algo bajo el alud de nieve sucia y falsa en el que te has visto sepultado. Bien, pues, terminemos con todo esto cuanto antes.
Es mucho tiempo arrastrando retales viejos, historias inacabadas e ilusiones improvisadas que tienen como misión acercarme un poco más a la locura. Ya no debo necesitarlas, por mucho que en ocasiones las eche de menos como el río a las hojas secas. Por mucho que revolotee sobre mí la sombría caricia del miedo, dispuesto a convencerme de que es lo único que queda vivo y por lo único que amanezco cuando duermen las estrellas. El recuerdo siempre será el recuerdo. Pero sólo eso.Y esta vez, su maldito sollozo decadente no conseguirá someterme a los azotes de la añoranza por mucho más de unos minutos.....
Y para lograrlo no me temblará el pulso cuando apague con un triste beso tus indirectas directas, tu risa casi infantil tras las ortigas, tu asquerosa pero ética manera de demostrarme lo poco que he escrito en tu vida. Tampoco me lo pensaré dos veces a la hora de hacer trizas estos montones de palabras descendentes con sonido relajado, ni de echar el pestillo a tus ojos vidriosos de cemento traidor. Todo reposará como realmente se merece junto a la alacena.
¡Cómo nos utiliza el destino a veces, usándonos como siervos peones de ajedrez, creando desconcertantes estrategias a su antojo y poniendo en jaque a la verdadera naturaleza de la vida! Dios y el mundo no creen en mí, y yo en ellos menos todavía. Pura pasta artificial preparada a conciencia por los sabios de la conveniencia. Desde luego, esa no es mi historia, y nunca lo será. A día de hoy no sobran ni las fuerzas ni los ánimos precisamente, pero no estoy dispuesto a seguir partiéndome la crisma una y otra vez contra el mismo clímax que, por otra parte, ya hace mucho que se confundió con la niebla.
Y ahora espero ansioso el momento en el que todo vuelva a renacer, o al menos cobre color, vida, movimiento. Y por supuesto belleza. Y en esta nueva hilera de versos confusos no está tu jodida promiscuidad, ni tu ego desvirgado, ni siquiera la silueta de tus pechos firmes bañados por aquel rayo de crepúsculo. No, tú tampoco, por más que llores pétalos venenosos en algún gris suburbio de mi olvido. Yo mismo esparciré esas cenizas con una gran canción y una sonrisa en mi cara.
Necesito esas bocanadas de aire con sabor a novedad. Esa debe ser la meta en cuanto dejen de sonar las campanas de un tiempo pasado en esta vulgar noche de fallas. Estoy seguro de que funcionará. Cambiaré las putas promesas esculpidas en forma de dardo tranquilizante por una nueva pluma y un camino por recorrer, radiante bajo su luminoso y exclusivo horizonte. No hay droga que consiga hacerte borrosa, ni bebida que te diseque para siempre. Pero tampoco me hacen falta. Ahora mismo, olvidarte será casi tan sencillo como volverte a ver en sueños.....
¿Cerrando círculos? Hay veces en las que me asusta lo cruel que puedo llegar a ser. Pero no queda otra alternativa. Hay algo que nos engaña y nos inculca que es mejor así. Tutearé al cansancio y a la desidia, partiré hacia nuevos rumbos importándome nada lo que me esté reservando el mañana, ebrio de sentimientos.....Estoy cada vez más cerca de creer que me encanta perder, aún con las mejores cartas.
Es mucho tiempo arrastrando retales viejos, historias inacabadas e ilusiones improvisadas que tienen como misión acercarme un poco más a la locura. Ya no debo necesitarlas, por mucho que en ocasiones las eche de menos como el río a las hojas secas. Por mucho que revolotee sobre mí la sombría caricia del miedo, dispuesto a convencerme de que es lo único que queda vivo y por lo único que amanezco cuando duermen las estrellas. El recuerdo siempre será el recuerdo. Pero sólo eso.Y esta vez, su maldito sollozo decadente no conseguirá someterme a los azotes de la añoranza por mucho más de unos minutos.....
Y para lograrlo no me temblará el pulso cuando apague con un triste beso tus indirectas directas, tu risa casi infantil tras las ortigas, tu asquerosa pero ética manera de demostrarme lo poco que he escrito en tu vida. Tampoco me lo pensaré dos veces a la hora de hacer trizas estos montones de palabras descendentes con sonido relajado, ni de echar el pestillo a tus ojos vidriosos de cemento traidor. Todo reposará como realmente se merece junto a la alacena.
¡Cómo nos utiliza el destino a veces, usándonos como siervos peones de ajedrez, creando desconcertantes estrategias a su antojo y poniendo en jaque a la verdadera naturaleza de la vida! Dios y el mundo no creen en mí, y yo en ellos menos todavía. Pura pasta artificial preparada a conciencia por los sabios de la conveniencia. Desde luego, esa no es mi historia, y nunca lo será. A día de hoy no sobran ni las fuerzas ni los ánimos precisamente, pero no estoy dispuesto a seguir partiéndome la crisma una y otra vez contra el mismo clímax que, por otra parte, ya hace mucho que se confundió con la niebla.
Y ahora espero ansioso el momento en el que todo vuelva a renacer, o al menos cobre color, vida, movimiento. Y por supuesto belleza. Y en esta nueva hilera de versos confusos no está tu jodida promiscuidad, ni tu ego desvirgado, ni siquiera la silueta de tus pechos firmes bañados por aquel rayo de crepúsculo. No, tú tampoco, por más que llores pétalos venenosos en algún gris suburbio de mi olvido. Yo mismo esparciré esas cenizas con una gran canción y una sonrisa en mi cara.
Necesito esas bocanadas de aire con sabor a novedad. Esa debe ser la meta en cuanto dejen de sonar las campanas de un tiempo pasado en esta vulgar noche de fallas. Estoy seguro de que funcionará. Cambiaré las putas promesas esculpidas en forma de dardo tranquilizante por una nueva pluma y un camino por recorrer, radiante bajo su luminoso y exclusivo horizonte. No hay droga que consiga hacerte borrosa, ni bebida que te diseque para siempre. Pero tampoco me hacen falta. Ahora mismo, olvidarte será casi tan sencillo como volverte a ver en sueños.....
¿Cerrando círculos? Hay veces en las que me asusta lo cruel que puedo llegar a ser. Pero no queda otra alternativa. Hay algo que nos engaña y nos inculca que es mejor así. Tutearé al cansancio y a la desidia, partiré hacia nuevos rumbos importándome nada lo que me esté reservando el mañana, ebrio de sentimientos.....Estoy cada vez más cerca de creer que me encanta perder, aún con las mejores cartas.
Se acerca el momento
Se acerca el momento.Se puede percibir con solo guiñar un ojo a los rastrojos de hojas secas que peinan el asfalto.Se acerca el momento, y de su mano el miedo.Miedo a darme cuenta de que todavía sigues prendiendo mi pecho,devorando mis ideas sin piedad y decorando cada uno de mis horizontes.Cuándo la gran ciudad se viste de noche,tú recorres sus callejuelas con paso tímido,sonriendo debajo de cada farola,hablándome del otoño y del color de la lluvia.
El tiempo vuela una vez más como un ave rapaz en busca de su presa,al acecho siempre de cualquier movimiento que haga.Aquí hoy todo es distinto:apenas puedo deshilar mis recuerdos y,a menudo,se confunde y se empapa el pensamiento.En las frías mañanas sueño con regresar a aquellas tardes de antaño,en las que bien poco importaba el traidor minutero,en las que la fragancia se palpaba en un simple pero sincero manojo de cartas desnudas y plegarias de medianoche.Entonces,tu mirada secaba de un plumazo la tétrica y gris gota fría que eclipsaba nuestras vidas.El color verde de camuflaje,el disparo seco de un fusil y los toques de corneta me sacan del trance,y te pierdo una vez más,angelical,desvaneciéndote tras las nebulosas de alguno de esos cielos cristalinos donde solías dormir.
En algún momento algo parecido a la ilusión volvió a descarrilar cerca de mi siniestro,una visión fugaz de una dimensión en la que estuve.Una nueva era ha comenzado,y de mis cenizas ríos de fuerza han manado.Aunque ya no hunda mi rostro en tu pijama helado,aunque las vistas de un viejo cuartel sean lo único que alcance desde aquí.
Pronto regresará el momento,y el sol suave a acunar las calles.El reflejo del mar en mis ojos y los dibujos que forman las gaviotas en el azul radiante me recordaran que ya no hay más lágrimas con sentido ni versos con tinta,que la luna no amparará ningún lamento y que podemos estar todos orgullosos de que mañana volverá a amanecer.Seguiré la estela de la esperanza aunque me lleve por valles sin aire para respirar,avivando el fuego del presentimiento floreado,atracando tus sueños y creciendo por dentro.
Besaré al momento en la frente cuando despierte,porque no debo saber olvidar.De todas formas,celebremos que una ilusión puede ser eterna.Y una historia también.
El tiempo vuela una vez más como un ave rapaz en busca de su presa,al acecho siempre de cualquier movimiento que haga.Aquí hoy todo es distinto:apenas puedo deshilar mis recuerdos y,a menudo,se confunde y se empapa el pensamiento.En las frías mañanas sueño con regresar a aquellas tardes de antaño,en las que bien poco importaba el traidor minutero,en las que la fragancia se palpaba en un simple pero sincero manojo de cartas desnudas y plegarias de medianoche.Entonces,tu mirada secaba de un plumazo la tétrica y gris gota fría que eclipsaba nuestras vidas.El color verde de camuflaje,el disparo seco de un fusil y los toques de corneta me sacan del trance,y te pierdo una vez más,angelical,desvaneciéndote tras las nebulosas de alguno de esos cielos cristalinos donde solías dormir.
En algún momento algo parecido a la ilusión volvió a descarrilar cerca de mi siniestro,una visión fugaz de una dimensión en la que estuve.Una nueva era ha comenzado,y de mis cenizas ríos de fuerza han manado.Aunque ya no hunda mi rostro en tu pijama helado,aunque las vistas de un viejo cuartel sean lo único que alcance desde aquí.
Pronto regresará el momento,y el sol suave a acunar las calles.El reflejo del mar en mis ojos y los dibujos que forman las gaviotas en el azul radiante me recordaran que ya no hay más lágrimas con sentido ni versos con tinta,que la luna no amparará ningún lamento y que podemos estar todos orgullosos de que mañana volverá a amanecer.Seguiré la estela de la esperanza aunque me lleve por valles sin aire para respirar,avivando el fuego del presentimiento floreado,atracando tus sueños y creciendo por dentro.
Besaré al momento en la frente cuando despierte,porque no debo saber olvidar.De todas formas,celebremos que una ilusión puede ser eterna.Y una historia también.
Have a cigar!
No podemos seguir contemplando la hoguera crepitar y las gotas de lluvia repicar en la repisa del recuerdo. No podemos seguir creyéndonos que serán las avenidas y los bulevares los que nos siembren el camino con migas de pan. Echemos al fuego el sentimiento y la pureza,la belleza y la poesía,la razón y el arrebato. Aquí suenan demasiadas máquinas grisáceas y sucias.Fin de trayecto.
Más palabras.....
Desde mi prisma actual apenas diviso nada por lo que pujar.Lo interesante ha mutado de golpe a trivial y las estrellas explotan,centelleantes,en un cielo apagado y opaco.Suenan los himnos de la melancolía y la añoranza,los acordes del desamor,los gritos del silencio.Lentamente el coro entona los cantos que se expanden por mi mente,a sabiendas de todos los errores,a sabiendas de la escasa pureza actual.
Ya no fuerzo a las ideas.Una a una van infectándose y secándose,conscientes de su insignificante papel.Soledad sosegada pero desesperada,con sus mortecinos rayos de sol que recuerdan lo que un día alumbraron.Con sus paredes en ruinas y sus despojos perdidos,sus celdas grises y sus montones de arena.
Se murió un alma gris.Pero dentro de su muerte continúa pensando,continúa llorando.El desengaño ha calado hondo en cada rincón de la taberna,y el sonido de un lápiz fusionándose con el papel evoca las imágenes que quedaron encerradas para siempre en afiladas baldosas de hielo y cristal.Es la locura quien negocia fogosamente con la entereza,sembrando abanicos de billetes sobre la cama donde se abre de piernas la tristeza.
El horizonte afirma que la ciudad empieza a tener colores propios,pero debo de estar perdiéndome algo.Astillas puntiagudas forman coronas enteras que desgarran mi corazón bajo una noche cualquiera del comienzo de un verano cualquiera.La belleza trata de autodefinirse,pero está muda.Y yo ciego.
Apenas varía mi gesto cuando flota sobre la amargura el espíritu inquieto que poseo.Yo hago y deshago los capítulos de mi vida.No debería temerle a este desamparo.Incluso hay quien lo describe como lección.Pero ya está todo aprendido y reciclado.El tren ya no para aquí.
Busco a galope mi fuerza interior por las inmediaciones del pasado mas espinoso.Será pesado y costoso el camino,y seguramente será mi cabeza la que ruede al final.Pero tengo que volver a oler la lluvia,a abrazar a la brisa de agosto,a besar a la noche.
Y asi perder las horas como una limpia rosa pierde sus pétalos.Mezclando los segmentos de tiempo que consigo atraer a mi memoria y contemplando los resultados con gesto irónico.Un baño de grava ahoga mi interior y levanta una nube de escoria que nubla mi vista,inventando sueños de lana para abrigarme del gélido desvelo.
Toneladas de preguntas cruzan la plaza junto a las bolsas de plástico arrastradas por el viento...........El tiempo se me escurre como un pez entre las manos......
.........Pero ayer Septiembre me susurraba al oído que algo ha cambiado.Ayer vi emerger de entre los faroles antiguos del pueblo aquella fuerza,con su inigualable estilo arrollador,capaz de mover colinas y juntar pensamientos y emociones sin piedad.Vi como las antiguas leyendas cobraban nuevos colores,imposibles de distinguir desde la posición de la vulgaridad.Vi al dolor agonizar al fin,vi triunfar al amor,y vi como la conveniencia era ejecutada.Lo real y lo irreal eran tan solo utopías descansando junto al portal, y miles de pequeñas lámparas rosadas iluminaban mi pecho,ansioso por tomar rumbo.
Anoche vi mezclarse a todos los momentos pasados para dar forma al día de hoy,en un acto asombroso..Tuve muy claro cada matiz deshilado por mi mente,y le gané la partida al miedo sin demasiadas complicaciones.Pude ver lo que quiero ser,lo que quiero sentir y lo que quiero hacer.Nítidamente.La luna escribía poesía en el desván cuando la dejé,al tiempo que la ilusión se apagaba lentamente en su particular farol de aceite.
Entendí perfectamente el mensaje que Septiembre me lanzó al aire.Supe que los satélites que velan la noche ayer me contaban que no tardarías en aparecer,para al fin quemar bosques marchitos y sin sentido y asir la mano del Otoño de nuevo con fuerza............
Ya no fuerzo a las ideas.Una a una van infectándose y secándose,conscientes de su insignificante papel.Soledad sosegada pero desesperada,con sus mortecinos rayos de sol que recuerdan lo que un día alumbraron.Con sus paredes en ruinas y sus despojos perdidos,sus celdas grises y sus montones de arena.
Se murió un alma gris.Pero dentro de su muerte continúa pensando,continúa llorando.El desengaño ha calado hondo en cada rincón de la taberna,y el sonido de un lápiz fusionándose con el papel evoca las imágenes que quedaron encerradas para siempre en afiladas baldosas de hielo y cristal.Es la locura quien negocia fogosamente con la entereza,sembrando abanicos de billetes sobre la cama donde se abre de piernas la tristeza.
El horizonte afirma que la ciudad empieza a tener colores propios,pero debo de estar perdiéndome algo.Astillas puntiagudas forman coronas enteras que desgarran mi corazón bajo una noche cualquiera del comienzo de un verano cualquiera.La belleza trata de autodefinirse,pero está muda.Y yo ciego.
Apenas varía mi gesto cuando flota sobre la amargura el espíritu inquieto que poseo.Yo hago y deshago los capítulos de mi vida.No debería temerle a este desamparo.Incluso hay quien lo describe como lección.Pero ya está todo aprendido y reciclado.El tren ya no para aquí.
Busco a galope mi fuerza interior por las inmediaciones del pasado mas espinoso.Será pesado y costoso el camino,y seguramente será mi cabeza la que ruede al final.Pero tengo que volver a oler la lluvia,a abrazar a la brisa de agosto,a besar a la noche.
Y asi perder las horas como una limpia rosa pierde sus pétalos.Mezclando los segmentos de tiempo que consigo atraer a mi memoria y contemplando los resultados con gesto irónico.Un baño de grava ahoga mi interior y levanta una nube de escoria que nubla mi vista,inventando sueños de lana para abrigarme del gélido desvelo.
Toneladas de preguntas cruzan la plaza junto a las bolsas de plástico arrastradas por el viento...........El tiempo se me escurre como un pez entre las manos......
.........Pero ayer Septiembre me susurraba al oído que algo ha cambiado.Ayer vi emerger de entre los faroles antiguos del pueblo aquella fuerza,con su inigualable estilo arrollador,capaz de mover colinas y juntar pensamientos y emociones sin piedad.Vi como las antiguas leyendas cobraban nuevos colores,imposibles de distinguir desde la posición de la vulgaridad.Vi al dolor agonizar al fin,vi triunfar al amor,y vi como la conveniencia era ejecutada.Lo real y lo irreal eran tan solo utopías descansando junto al portal, y miles de pequeñas lámparas rosadas iluminaban mi pecho,ansioso por tomar rumbo.
Anoche vi mezclarse a todos los momentos pasados para dar forma al día de hoy,en un acto asombroso..Tuve muy claro cada matiz deshilado por mi mente,y le gané la partida al miedo sin demasiadas complicaciones.Pude ver lo que quiero ser,lo que quiero sentir y lo que quiero hacer.Nítidamente.La luna escribía poesía en el desván cuando la dejé,al tiempo que la ilusión se apagaba lentamente en su particular farol de aceite.
Entendí perfectamente el mensaje que Septiembre me lanzó al aire.Supe que los satélites que velan la noche ayer me contaban que no tardarías en aparecer,para al fin quemar bosques marchitos y sin sentido y asir la mano del Otoño de nuevo con fuerza............
La ciudad de noche
¿Es que nadie recuerda el interior de aquellos tiempos?¿Nadie tiene en cuenta las calles inmaculadas,el gris atardecer o el desamparado camino a seguir?Jamás me perdonaré si no llego a describir que ocurrió,si no encuentro el ambiente en mis palabras.El gran pescado nunca será devuelto al río.¿Nadie puede ayudarme?
No es tan ilógica tal obsesión si pensamos que existió un día polvoriento,ambiguo y decadente,en el que el único corriente de aire provenía de un pasado tan lejano ya como perdido.No había más.Me harté de corretear por desiertos de huesos y pantanos de arena y me enterré junto a mi dolor y a mi esperanza muy lejos del inicio de mi viaje,de cualquier abrazo,de cualquier suspiro. Y cuando todo era ya llover sobre mojado....llover sobre mojado......
Ahora el recuerdo está amenazado por el tiempo. Parásitos hambrientos dejan su ira sobre él,y cada minuto que pasa solo sirve para alejarse más aún de todo lo amado.
La avenida se abre a su ligero paso,y apenas presta atención al sonido de los árboles .De vuelta y sin remedio,se dice.Mientras camina decidido,piensa en todo aquello con fuerza.Ignora que hechos o detalles deben sucederse en armonía para dar media vuelta y alejarse de la dimensión nublada en la que se ve naufragado desde hace mucho.Ignora tambien el por qué está de nuevo tambaleándose apoyado en la esquina, el por qué se abrió camino a zarpazos hacia la superficie cuando su sueño era tan....irreal.su cordura pierde terreno y una vez más regresa la vieja canción.De su corazón caen trozos de hielo sucio,y ahora está demasaido débil para recordar.¿Y su viejo reloj?.......
Esta noche se acurruca al final del paseo,sin importarle lo que de él pueda pensar la luna.Las voces del pasado echan licor a su copa y a cada una de sus heridas,y con manos temblorosas teje una manta con los hilos deshechos de su alma para protegerse de la humedad.Aún así,no se siente desgraciado.No,no cuando la ciudad misma pierde el rumbo y la luz a la vez,cuando el cielo se estrella contra la tierra allá a lo lejos....su fuerza desahuciada se eleva con el viento y las hojas secas por encima de la estación............
No es tan ilógica tal obsesión si pensamos que existió un día polvoriento,ambiguo y decadente,en el que el único corriente de aire provenía de un pasado tan lejano ya como perdido.No había más.Me harté de corretear por desiertos de huesos y pantanos de arena y me enterré junto a mi dolor y a mi esperanza muy lejos del inicio de mi viaje,de cualquier abrazo,de cualquier suspiro. Y cuando todo era ya llover sobre mojado....llover sobre mojado......
Ahora el recuerdo está amenazado por el tiempo. Parásitos hambrientos dejan su ira sobre él,y cada minuto que pasa solo sirve para alejarse más aún de todo lo amado.
La avenida se abre a su ligero paso,y apenas presta atención al sonido de los árboles .De vuelta y sin remedio,se dice.Mientras camina decidido,piensa en todo aquello con fuerza.Ignora que hechos o detalles deben sucederse en armonía para dar media vuelta y alejarse de la dimensión nublada en la que se ve naufragado desde hace mucho.Ignora tambien el por qué está de nuevo tambaleándose apoyado en la esquina, el por qué se abrió camino a zarpazos hacia la superficie cuando su sueño era tan....irreal.su cordura pierde terreno y una vez más regresa la vieja canción.De su corazón caen trozos de hielo sucio,y ahora está demasaido débil para recordar.¿Y su viejo reloj?.......
Esta noche se acurruca al final del paseo,sin importarle lo que de él pueda pensar la luna.Las voces del pasado echan licor a su copa y a cada una de sus heridas,y con manos temblorosas teje una manta con los hilos deshechos de su alma para protegerse de la humedad.Aún así,no se siente desgraciado.No,no cuando la ciudad misma pierde el rumbo y la luz a la vez,cuando el cielo se estrella contra la tierra allá a lo lejos....su fuerza desahuciada se eleva con el viento y las hojas secas por encima de la estación............
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